Capítulo 5 - La sangre que no formaba una familiaAdrian sintió náuseas.

Celeste era hija de Victor Vaughn.
Si Eleanor decía la verdad, ambos compartían padre.
—¿Celeste lo sabe?
—No creo —respondió Eleanor.
—¿No crees?
—Victor prometió mantenerlo oculto.
—¿Por qué aceptaste?
Eleanor explicó que conoció a Victor antes de casarse con Daniel. Eran jóvenes, ambiciosos y trabajaban dentro del mismo grupo inmobiliario.
La relación terminó cuando Eleanor descubrió que Victor desviaba dinero de clientes.
Poco después supo que estaba embarazada.
—Daniel ya era mi amigo —dijo—. Conocía la verdad y decidió criar al niño conmigo.
—¿Victor renunció a mí?
—Dijo que no quería ser padre. Años después, cuando Mercer Living comenzó a crecer, intentó regresar.
—¿Daniel lo impidió?
—Sí.
Adrian caminó hacia la ventana.
Durante toda su vida creyó que heredó de Daniel la forma de trabajar, la paciencia y el amor por los edificios.
Ahora sabía que ninguna de esas cosas necesitaba sangre.
—¿Victor amenazó con revelar mi identidad?
—Muchas veces.
—Por eso mantuviste su inversión dentro de la empresa.
Eleanor asintió.
—Daniel creía que era mejor mantenerlo cerca y vigilado.
—Y terminó muerto.
—Sí.
Adrian miró la carta.
Daniel había escrito:
Victor puede afirmar algún día que la sangre le concede derechos sobre ti. No lo creas. Un padre no es quien utiliza tu existencia como una llave.
La frase devolvió algo de estabilidad.
—Necesitamos una prueba de ADN —dijo Naomi.
—No para decidir quién fue mi padre.
—Para demostrar el motivo de Victor y determinar la relación con Celeste.
Adrian entregó una muestra.
La policía obtuvo ADN de Victor de un vaso confiscado durante el registro de su despacho. Celeste se negó inicialmente, pero un juez autorizó utilizar una muestra médica anterior.
Los resultados llegaron al día siguiente.
Victor Vaughn era padre biológico de Adrian con una probabilidad superior al 99,9 %.
Celeste no era hija biológica de Victor.
Su madre había mantenido una relación con otro hombre y Victor la adoptó legalmente después de casarse.
Adrian y Celeste no compartían sangre.
El alivio fue inmediato y vergonzoso.
No cambiaba la traición.
Pero eliminaba una verdad que habría convertido sus recuerdos íntimos en algo insoportable.
Naomi revisó los documentos.
—Victor sabía que Celeste no era su hija biológica. La utilizó para acercarse a ti sin riesgo de parentesco.
—¿Ella sabía quién era yo?
—Eso debemos averiguar.
Celeste pidió una reunión.
Adrian aceptó únicamente dentro de una sala de interrogatorios y con abogados presentes.
Ella parecía no haber dormido.
—Victor me contó la verdad sobre ti anoche —dijo.
—¿Cuándo la supiste por primera vez?
—Juro que fue anoche.
—No confío en juramentos.
—Mira mis mensajes. Nunca habló de eso.
—Conocías el acuerdo, las firmas falsas y el diagnóstico de mi madre.
Celeste bajó la mirada.
—Sí.
—¿Sabías que tu padre mató a Daniel?
—No.
—¿Sabías que intentaría matar a Eleanor?
—No.
—La dejaste dentro de la piscina.
—La empujé.
La confesión llenó la sala.
Adrian sintió que el pecho se endurecía.
—Dilo otra vez.
—La empujé.
Celeste comenzó a llorar.
—Discutimos. Me dijo que nunca permitiría la boda. Intentó quitarme el contrato y la empujé.
—Después no la ayudaste.
—Victor me había dicho que, si Eleanor moría antes de la fusión, sus acciones quedarían bloqueadas y tú aceptarías el acuerdo para salvar la empresa.
—Entonces pensaste en dejarla morir.
—Pensé que podía salir.
—La viste intentarlo.
—Sí.
—Colocaste el zapato sobre sus manos.
Celeste cerró los ojos.
—Sí.
No había una manipulación paterna capaz de borrar aquellos movimientos.
—¿Quién modificó el suero?
—No lo sé.
—¿Quién secuestró a Rosa?
—Victor ordenó a Aegis que la encontrara.
—¿Está viva?
—La última vez que pregunté, sí.
—¿Dónde?
Celeste negó.
—Victor cambia de lugar cada pocas horas.
Adrian se levantó.
—No has venido para ayudar.
—Puedo encontrarla.
—¿A cambio de qué?
—Protección.
—De la cárcel o de Victor?
—De ambos.
Naomi intervino:
—No podemos prometer inmunidad.
—Entonces Victor matará a Rosa y destruirá los archivos.
Celeste mostró un teléfono oculto.
Contenía mensajes con su padre.
En uno, Victor escribía:
La anciana debió morir en el agua. Ahora debemos corregir tus errores.
Otro mencionaba un lugar llamado Harbor House.
Marcus encontró una propiedad costera registrada mediante una empresa de Aegis.
La policía preparó el operativo.
—Puede ser una trampa —dijo Adrian.
Celeste lo miró.
—Todo lo que Victor hace es una trampa. La única diferencia es si sabes dónde están los cables.
Adrian no fue al lugar.
Había aprendido.
Esperó en el hospital mientras Marcus acompañaba a los agentes.
Harbor House estaba vacía.
Sin embargo, en el sótano encontraron una silla, medicamentos y sangre de Rosa.
Sobre la pared había un mensaje:
Un hijo siempre termina buscando la aprobación de su verdadero padre.
Victor no quería únicamente la empresa.
Quería obligar a Adrian a reconocerlo.
El teléfono de Celeste recibió una llamada.
Victor habló sin saludar.
—Trae a Adrian al antiguo hotel Mercer antes de medianoche.
—¿Y Rosa?
—Respira mientras él obedezca.
Adrian tomó el teléfono.
—No eres mi padre.
Victor rio.
—Daniel te enseñó a decir eso.
—Daniel me enseñó que una familia no es una amenaza.
—Entonces ven a salvar a la mujer que protegió su secreto.
La llamada terminó.
Adrian miró a Celeste.
La mujer del vestido dorado ya no tenía poder, joyas ni una historia romántica que utilizar.
Solo conservaba una decisión.
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Podía continuar obedeciendo a Victor.
O podía ayudar a destruir al hombre que había convertido a ambos en instrumentos de la misma guerra.
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