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Capítulo 2 - La mujer del vestido doradoEleanor permaneció inconsciente durante las primeras dos horas.

Los médicos confirmaron que había inhalado agua y sufrido una arritmia. La muñeca derecha presentaba una fractura pequeña, y los análisis encontraron una cantidad inusualmente alta de sedante en su sangre.

—¿Un sedante? —preguntó Adrian.

La doctora Maya Patel revisó los resultados.

—Zolpidem. Una dosis superior a la recetada normalmente.

—Mi madre no toma eso.

—Aparece en su historial.

—¿Quién lo añadió?

—El doctor Julian Cross.

Adrian sintió que las palabras de Celeste regresaban.

El doctor Cross piensa otra cosa.

Llamó inmediatamente al médico.

Julian respondió con una voz tranquila.

—Eleanor ha sufrido insomnio y episodios de agitación.

—¿Desde cuándo?

—Durante las últimas semanas.

—¿Por qué no me informó?

—Su madre pidió confidencialidad.

Adrian miró a Eleanor a través del cristal.

—Ella afirma que no está perdiendo la memoria.

—Las personas con deterioro cognitivo rara vez reconocen sus síntomas.

—Esta noche alguien intentó obligarla a firmar un acuerdo.

Hubo una pausa.

—¿Quién le dijo eso?

—Ella.

—Adrian, debe considerar que puede estar interpretando incorrectamente una discusión.

—Celeste utilizó casi las mismas palabras.

—Porque ambos hemos visto señales preocupantes.

Adrian terminó la llamada.

Naomi Hart, abogada de la familia Mercer, llegó al hospital poco después. Había trabajado con Eleanor durante más de veinte años y nunca ocultaba su opinión.

—Victor convocó una reunión extraordinaria del consejo para las siete de la mañana —informó.

—La votación estaba prevista para las diez.

—La adelantó alegando que la salud de Eleanor crea incertidumbre.

—Quiere aprobar la fusión mientras ella está inconsciente.

Naomi revisó el documento recuperado de la piscina.

—Esta no es la versión enviada a nuestro despacho.

—¿Qué cambió?

—La nueva cláusula permite a Vaughn Capital vender doce residencias dentro de los primeros seis meses.

—Esas propiedades albergan a más de dos mil personas.

—También transfieren el control de la fundación médica a un comité dirigido por Victor.

Adrian cerró la carpeta.

—No habrá fusión.

—Necesitamos más votos. Eleanor controla el veintiocho por ciento. Tú tienes el diecinueve. Victor y sus aliados suman cuarenta y uno.

—El resto del consejo no permitirá esto.

—El resto del consejo cree que las residencias tienen demasiados gastos y poco rendimiento.

Marcus Reed, jefe de seguridad, llegó con una computadora.

—Las cámaras exteriores funcionaban —dijo—. Las de la piscina fueron desactivadas a las ocho y seis.

—¿Quién lo hizo?

Marcus mostró el registro.

Usuario: Adrian Mercer.

—Yo estaba conduciendo.

—Alguien utilizó su cuenta desde el teléfono conectado al sistema de la casa.

Adrian pensó en Celeste.

Ella conocía algunas de sus contraseñas, pero no la del sistema de seguridad.

—¿Desde qué dispositivo?

—El servidor muestra su teléfono personal.

Adrian sacó el aparato.

Había permanecido con él toda la tarde.

Marcus examinó la identificación digital.

—No fue su teléfono. Clonaron el certificado.

—¿Puede recuperarse el video anterior?

—Los siete minutos entre la llegada de Celeste y su caída al agua fueron eliminados del servidor local.

—¿Y la nube?

—La copia automática fue desactivada hace dos semanas.

Naomi miró a Adrian.

—Esto estaba preparado.

La policía llegó para tomar declaración.

Celeste había presentado su propia versión: Eleanor la atacó, intentó quitarle la carpeta y cayó a la piscina durante el forcejeo. Celeste afirmó que temió acercarse porque Eleanor continuaba insultándola y tratando de arrastrarla al agua.

—¿Tiene lesiones? —preguntó Adrian.

El detective respondió:

—Un arañazo en el brazo.

—Mi madre tiene una fractura y sedantes en la sangre.

—Investigaremos ambas versiones.

—Yo vi su zapato sobre las manos de Eleanor.

—¿La vio empujarla?

Adrian tuvo que admitirlo.

—No.

La puerta se abrió.

Celeste apareció acompañada por Victor y un abogado.

Ya no llevaba el vestido dorado. Vestía ropa negra y tenía un vendaje pequeño sobre el brazo.

—Quiero ver a Eleanor —dijo.

—No —respondió Adrian.

—Necesito decirle que lo siento.

—¿Por empujarla o por no dejarla salir?

—Por discutir con ella.

Victor intervino:

—Todos estamos conmocionados. No debemos convertir un accidente en una guerra familiar.

—Tu hija intentó conseguir una firma mientras mi madre estaba dentro del agua.

—Celeste asegura que Eleanor llevó el documento a la piscina.

—¿Por qué?

—Su madre ha tenido un comportamiento extraño.

Adrian se acercó.

—Tú pagas al doctor Cross.

Victor no pareció sorprendido.

—Vaughn Capital financia el programa de atención médica de la empresa.

—No pregunté por el programa.

—Julian recibe pagos como consultor, igual que muchos especialistas.

Celeste miró a Adrian.

—Encontré el anillo.

Él no respondió.

—No quiero que esta noche destruya todo lo que somos.

—Tú lo destruiste.

—Tu madre nunca me aceptó.

—Te invitó a vivir en su casa.

—Porque quería vigilarme.

—Y tenía razón.

Celeste comenzó a llorar.

—No puedes pensar que intenté matarla.

—Pensabas que, si mantenías sus manos bajo tu zapato, terminaría firmando.

—Solo intentaba impedir que me arañara.

Adrian sintió la tentación de creer una parte.

No porque su historia fuera convincente.

Porque aceptar la verdad significaba reconocer que había compartido tres años con alguien capaz de observar a una mujer debilitada dentro del agua y utilizar su miedo.

La alarma del monitor de Eleanor comenzó a sonar.

Los médicos entraron corriendo.

Adrian fue hacia la puerta, pero una enfermera lo detuvo.

—Su ritmo cardíaco ha caído.

La doctora Patel ordenó revisar el suero.

Encontró una pequeña perforación en la bolsa intravenosa.

—¿Qué significa? —preguntó Adrian.

—Alguien pudo haber añadido una sustancia.

El hospital cerró la planta.

Marcus pidió revisar las cámaras.

Una figura vestida como enfermera había entrado diez minutos antes. Su rostro estaba cubierto por una mascarilla y utilizó una identificación perteneciente a una empleada que no trabajaba aquella noche.

Celeste retrocedió.

—¿Crees que fui yo?

—No estabas sola —respondió Adrian.

Victor llamó inmediatamente a su abogado.

Naomi se acercó a Adrian.

—Ya no intentan conseguir únicamente la firma.

—Quieren que muera antes de la votación.

—Si Eleanor muere, sus acciones pasan temporalmente al fideicomiso familiar.

—Yo soy el administrador.

Naomi negó.

—No después de la modificación firmada hace tres meses.

—¿Qué modificación?

—El documento designa a Celeste como administradora conjunta después del matrimonio.

Adrian la miró.

—Nunca firmé eso.

—La firma digital es tuya.

El anillo todavía estaba dentro de la casa.

La boda no había ocurrido.

Pero Victor y Celeste ya habían preparado documentos como si el matrimonio fuera inevitable.

Y si podían demostrar que Adrian actuaba de manera violenta o irracional, quizá ni siquiera necesitarían esperar a la ceremonia.

La doctora Patel salió.

—La hemos estabilizado.

Adrian respiró.

—¿Qué había en el suero?

—Un medicamento capaz de reducir la frecuencia cardíaca.

Victor miró a Celeste.

La expresión entre ambos duró menos de un segundo.

Pero Adrian la vio.

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No era sorpresa.

Era miedo a que alguien hubiera actuado antes de tiempo.

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