peak

Chapter 8 - La reserva de los herederos

Sofía no recordó cómo llegó al estacionamiento.

Solo recordaba la cuna vacía, la ventana rota y la manta de Leo sobre el suelo.

Las cámaras mostraron a un hombre vestido como técnico de electricidad entrando durante el apagón. Llevaba una caja de herramientas lo bastante grande para ocultar al bebé.

El vehículo utilizado apareció abandonado cerca del puerto.

Kerr llamó treinta minutos después.

—Traiga la memoria de Julian al antiguo edificio Sterling.

—Quiero escuchar a Leo.

Se oyó un llanto.

Sofía cerró los ojos.

—Si le haces daño, no existe ningún lugar donde puedas esconderte.

—No quiero dañarlo. Necesito su sangre.

—Dijiste que debía tomarse del corazón.

—Era una forma de asegurar su cooperación.

—Te entregaré los archivos.

—También necesito a Evan.

—No.

—Su perfil genético es la primera mitad de la reserva.

Sofía comprendió.

El archivo no se abría únicamente con Leo.

Necesitaba a los dos niños principales del proyecto: el primero y el último heredero.

Kerr había diseñado la reserva para protegerse de Margaret. Evan representaba la línea de Edward. Leo, la de Julian.

—Evan no irá.

—Entonces Leo será sometido a una extracción más peligrosa.

La llamada terminó.

Sofía informó a Sloan, la fiscal encargada del caso. Prepararon un equipo, pero Kerr había pedido entrar sin seguimiento electrónico.

Evan escuchó la conversación.

—Voy contigo.

—No.

—Soy la otra llave.

—Precisamente.

—He pasado diecisiete años viviendo dentro de una historia que otros escribieron. No voy a esconderme mientras utiliza a otro niño de la misma manera.

Ana tomó la mano de su hijo.

—Puedes elegir ir.

Sofía la miró.

—Podría morir.

—También puede morir si pasa el resto de su vida creyendo que solo sobrevivió porque otra persona pagó el precio.

Evan preparó un pequeño transmisor no electrónico: una cápsula química en el zapato que dejaría un rastro detectable mediante luz especial.

Llegaron al antiguo edificio central de Sterling Medical al anochecer.

El rascacielos estaba oficialmente vacío por reformas.

Kerr los condujo mediante instrucciones telefónicas hasta un ascensor privado.

El nivel subterráneo contenía la reserva.

Leo estaba dentro de una incubadora portátil. Tenía una vía en el brazo, pero respiraba.

Sofía corrió hacia él.

Un guardia bloqueó el camino.

Kerr permanecía frente a una puerta de acero.

Richard Sterling estaba a su lado.

—Siempre sospeché que tú eras el socio —dijo Sofía.

Richard ajustó su corbata.

—Margaret convirtió un proyecto científico en una obsesión familiar. Nosotros podemos utilizarlo a escala global.

—Vendiendo niños a familias ricas.

—Ofreciendo continuidad genética.

—Sin consentimiento.

—El consentimiento es una estructura legal adaptable.

Evan miró la incubadora.

—Déjalo ir.

Kerr señaló dos lectores.

—Coloque la mano.

Evan obedeció.

La primera luz se volvió verde.

Kerr tomó una muestra de Leo y la introdujo en el segundo lector.

La puerta se abrió.

Dentro había servidores aislados y miles de registros.

No solo nombres de clientes.

Había vídeos, contratos y muestras genéticas de presidentes, jueces, empresarios y miembros de familias reales.

Richard sonrió.

—Esto vale más que Sterling Medical.

Sofía sostuvo a Leo cuando el guardia se lo entregó.

—Ya tienes lo que querías.

—Necesitamos eliminar la copia de Julian —dijo Kerr.

Sofía levantó la memoria.

—Libera a Evan.

Richard tomó el dispositivo.

—Ahora ambos permanecerán aquí hasta que confirmemos que no existen duplicados.

—Las copias ya están fuera.

Richard dejó de sonreír.

—Mientes.

—Julia recibió todo antes de que viniera.

Kerr miró las cámaras.

—Entonces tendremos que negociar.

—No. Ya no.

Evan golpeó el lector de emergencia con la cápsula de su zapato. El compuesto reaccionó y liberó humo amarillo.

Las alarmas se activaron.

Sloan había preparado la sustancia para que los sensores del edificio interpretaran una fuga química.

Las puertas de seguridad se abrieron automáticamente.

Los agentes federales entraron por los niveles superiores.

Richard tomó a Evan como rehén.

Kerr corrió hacia los servidores.

—¡Si no puedo llevármelos, nadie los tendrá!

Activó el protocolo de destrucción.

Sofía cubrió a Leo y se escondió detrás de una consola.

Evan golpeó a Richard con la cabeza. El abogado perdió el equilibrio. Sloan apareció y disparó contra su brazo.

Kerr continuaba eliminando archivos.

Sofía vio un botón protegido por cristal:

PUBLICACIÓN EXTERNA.

—¿Qué hace? —preguntó.

Evan leyó la pantalla.

—Envía todo a los propietarios de las muestras.

—También expondría a niños inocentes.

—Podemos seleccionar los registros corporativos.

Trabajaron juntos.

Evan conocía los códigos aprendidos en la residencia financiada por Sterling. Sofía comprendía la arquitectura de seguridad.

En menos de un minuto separaron las identidades infantiles de los contratos criminales.

Kerr se abalanzó sobre ellos.

Daniel apareció desde el corredor.

Todavía llevaba vendajes.

Golpeó al médico antes de que alcanzara a Sofía.

Ambos cayeron contra el suelo.

Kerr tomó un bisturí.

Daniel atrapó su muñeca.

—Mi hermano murió por tu proyecto.

—Tu hermano murió porque vuestra familia era demasiado cobarde para permitir que hablara.

Daniel golpeó a Kerr.

Los agentes los separaron.

Sofía pulsó:

PUBLICAR.

Los contratos salieron hacia fiscalías, medios y autoridades internacionales.

Kerr gritó.

Richard fue esposado.

Daniel se acercó a Leo, pero no intentó tocarlo.

—¿Está bien?

—Sobrevivirá.

—Gracias a Dios.

Sofía lo miró.

—No utilices su supervivencia para sentirte perdonado.

Daniel asintió.

—No lo haré.

La reserva quedó bajo control federal.

Parecía que todo había terminado.

Entonces Evan encontró un último archivo oculto.

Llevaba el nombre de Daniel Sterling.

El documento indicaba que Daniel también había sido creado mediante Proyecto Herencia.

Margaret no era su madre biológica.

May you like

Y el hombre cuyo material se utilizó no era Edward Sterling.

Era Samuel Kerr.

Related Stories

Other posts