Chapter 3 - El hermano muerto

Durante las horas siguientes, Sofía leyó el informe hasta memorizar cada código.
El laboratorio había identificado una relación de primer grado entre Daniel y el donante masculino. La muestra de referencia perteneciente a Julian Sterling se encontraba registrada bajo un número interno de Sterling Medical.
Julia buscó los documentos públicos sobre su muerte.
Julian tenía treinta y cuatro años cuando el helicóptero privado en el que viajaba cayó sobre una zona montañosa de Maine. El piloto también murió. Según la investigación, una falla mecánica provocó el accidente.
Julian no estaba casado y no tenía hijos reconocidos.
Sin embargo, había sido presidente de Sterling Medical y poseía el treinta y ocho por ciento de las acciones familiares. Después de su muerte, las acciones pasaron temporalmente a un fideicomiso.
—¿Quién controla ese fideicomiso? —preguntó Sofía.
Julia leyó la cláusula pública.
—Margaret, hasta que aparezca un descendiente biológico de Julian.
Sofía sintió que todas las piezas se acercaban.
—Leo es ese descendiente.
—Si el análisis se confirma, sí.
—Por eso quieren quedarse con él.
—Margaret continuaría como tutora de las acciones durante la minoría de edad.
—Controlaría la compañía durante dieciocho años.
Julia señaló otra cláusula.
—Hay algo más. Cuando el heredero cumpla seis meses, el fideicomiso debe transferirle formalmente los derechos. Antes de esa fecha, cualquier disputa de filiación puede permitir que el consejo nombre un tutor corporativo.
Leo tenía cuatro meses.
Margaret no necesitaba criar al niño.
Solo necesitaba conseguir la custodia legal antes de que cumpliera seis meses.
Sofía llamó a Daniel.
Él respondió inmediatamente.
—¿Dónde estás?
—¿De quién es Leo?
Hubo silencio.
—Sofía…
—No vuelvas a pronunciar mi nombre como si fueras la persona herida.
—Necesitamos hablar en privado.
—¿Sabías que utilizaron el material de Julian?
Daniel respiró con dificultad.
—Descubrí parte de la verdad durante el embarazo.
—¿Qué parte?
—Mi madre dijo que hubo un error de etiquetado.
—Un error que convierte a Leo en dueño del treinta y ocho por ciento de Sterling Medical.
—No sabía nada del fideicomiso hasta ayer.
—Mentiste durante la cena.
—El informe afirma que no soy el padre.
—Pero sabías que era hijo de Julian.
—Lo sospechaba.
Sofía cerró los ojos.
Daniel había acariciado su vientre. Había asistido a las ecografías. Había elegido el nombre de Leo. Durante meses había sabido que el material genético podía pertenecer a su hermano muerto.
Y no dijo nada.
—¿Por qué permaneciste en silencio?
—Porque no quería perderte.
—Me perdiste cada día que decidiste no hablar.
—Mi madre dijo que la clínica corregiría los registros después del nacimiento.
—¿Cómo se corrige utilizar el esperma de un hombre muerto sin consentimiento?
—No sé exactamente qué ocurrió.
—Entonces dime dónde almacenaban las muestras de Julian.
Daniel dudó.
—En el Centro Kerr.
—¿El doctor que afirmó que Leo estaba enfermo anoche?
—Samuel Kerr dirigía el programa de fertilidad.
—También firmó la autorización falsa.
Daniel bajó la voz.
—No confíes en Kerr.
—Llegas un poco tarde con las advertencias.
—Escúchame. Julian estaba investigando ensayos médicos ilegales antes del accidente.
—¿Qué ensayos?
—Tratamientos de fertilidad y selección embrionaria. Creía que mi madre y Kerr utilizaban material genético sin permiso.
—¿Y murió antes de denunciarlo?
—Sí.
—¿Crees que fue un accidente?
Daniel no respondió.
Sofía comprendió que él también había sospechado durante años.
—Tienes documentos —dijo.
—No.
—Conozco tu silencio, Daniel. No suena igual cuando no sabes algo. Suena así cuando estás protegiendo algo.
—Encontré una caja de Julian después de su muerte.
—¿Dónde está?
—Mi madre la tiene.
—¿Se la entregaste?
—Me amenazó.
Sofía soltó una risa amarga.
—Tu madre siempre te amenaza y tú siempre encuentra a otra persona para pagar el precio.
—Dijo que destruiría tu carrera y utilizaría tu historial médico.
—Lo hizo de todos modos.
—No sabía que llegaría tan lejos.
—La frase oficial de los hombres que permiten cada desastre.
Daniel intentó pedirle que se reuniera con él, pero Sofía cortó la llamada.
Julia había rastreado la memoria USB. El dispositivo contenía un archivo borrado que pudo recuperar parcialmente.
Era un vídeo grabado por una cámara de seguridad.
Julian aparecía entrando en el laboratorio Kerr tres semanas antes del accidente. Llevaba una carpeta negra. Se reunió con una mujer que permanecía de espaldas.
La grabación no tenía sonido.
Al final, la mujer giró parcialmente.
Sofía la reconoció.
Olivia Sterling.
La hermana menor de Daniel.
La única persona en la cena que había llorado cuando Margaret presentó el informe.
Sofía llamó a Olivia.
No respondió.
Envió un mensaje:
Tengo el vídeo de Julian en la clínica. Sé que estabas con él.
La respuesta llegó un minuto después.
No hables por teléfono. Estación Sur. Andén 8. Una hora. Ven sola.
Julia se opuso.
—Puede ser una trampa.
—Entonces necesito saber qué clase de trampa.
—Tienes una audiencia de custodia en menos de dos días.
—Y Margaret ya tiene cuatro testigos, una clínica, un juez y documentos preparados. Necesito algo que no pueda comprar.
Sofía dejó a Leo con Julia y se dirigió a la estación.
Olivia esperaba cerca de una máquina expendedora, con una gorra oscura y un abrigo largo.
—¿Dónde está el bebé? —preguntó.
—Seguro.
Olivia pareció aliviada.
—La memoria era tuya.
—Sí.
—¿Por qué no me diste el informe completo durante la cena?
—Porque mi madre habría sabido que fui yo.
—Ya lo sabe.
—No todavía.
Olivia condujo a Sofía hacia un tren vacío estacionado para mantenimiento. Entraron en el último vagón.
—Julian descubrió que el Centro Kerr llevaba años utilizando muestras de pacientes sin autorización —explicó—. No solo para tratamientos de fertilidad. Seleccionaban embriones según ciertas enfermedades hereditarias.
—Eso sigue sin explicar a Leo.
—Julian dejó una muestra antes de una operación. Después ordenó destruirla.
—Kerr no obedeció.
—Mi madre tampoco.
Olivia abrió su bolso y sacó una carta.
La letra pertenecía a Julian.
Si algo me ocurre, ningún hijo creado con mi material debe quedar bajo el control de Margaret Sterling. Mis acciones pasarán a un fondo independiente administrado por la madre del niño.
Sofía leyó nuevamente la última frase.
No por Margaret.
No por el consejo.
La madre.
Ella.
—¿Esta carta tiene validez legal?
—Fue firmada ante dos testigos y registrada con un abogado externo.
—¿Dónde está el original?
—Julian lo escondió.
—¿Dónde?
Olivia negó.
—Solo dejó una pista: “La primera habitación donde aprendimos que la verdad podía estar detrás de una pared”.
Sofía no conocía la infancia de los hermanos Sterling.
—¿Por qué no se lo contaste a Daniel?
—Se lo conté.
Sofía quedó inmóvil.
—¿Cuándo?
—Tres meses antes del nacimiento de Leo.
Daniel no solo sospechaba.
Sabía que Julian había intentado impedir que Margaret controlara a cualquier descendiente suyo.
—¿Qué hizo Daniel?
Olivia comenzó a llorar.
—Dijo que necesitaba tiempo.
—Tuvo siete meses.
—Mi madre le mostró pruebas de que nuestro padre había cometido fraude. Si Julian recuperaba las acciones mediante Leo, el consejo investigaría las cuentas antiguas y Daniel podía terminar acusado.
—Así que eligió proteger su apellido.
—Sí.
Un ruido llegó desde el otro extremo del vagón.
Olivia palideció.
Dos hombres entraron por la puerta.
—Nos encontraron.
Uno de ellos llevaba una credencial de seguridad de Sterling.
—Señora Navarro —dijo—, la familia está preocupada por su estado.
Sofía retrocedió.
—¿También vais a evaluar mi salud mental en una estación?
El segundo hombre cerró la puerta.
—Viene con nosotros.
Olivia se colocó delante de Sofía.
—Corre.
—No te dejaré.
—Yo sé lo que buscan.
Olivia lanzó la carta hacia la puerta opuesta. Uno de los hombres corrió tras ella.
Sofía golpeó al otro con el extintor fijado a la pared. Olivia activó la apertura de emergencia.
Ambas saltaron al andén.
Corrieron entre los pasajeros mientras los hombres las perseguían.
Antes de separarse, Olivia agarró el brazo de Sofía.
—Encuentra la habitación detrás de la pared.
—¿Dónde?
—En la casa del lago.
Un guardia apareció entre ellas.
Olivia empujó a Sofía hacia el tren que estaba a punto de cerrar sus puertas.
—¡Ve!
Sofía entró.
Las puertas se cerraron.
Desde la ventanilla vio a los hombres sujetar a Olivia.
La cuñada no intentó escapar.
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Solo movió los labios.
Protege a Leo.