Chapter 6 - La clínica bajo tierra

La primera Clínica Sterling había cerrado doce años antes después de un supuesto incendio eléctrico.
El edificio se encontraba en una zona industrial cerca del puerto. Las ventanas estaban cubiertas con paneles y el cartel principal había perdido varias letras.
Sofía entró por una puerta lateral abierta.
El vestíbulo estaba oscuro, pero el ascensor funcionaba.
Sobre el panel no aparecía ningún nivel subterráneo. Sin embargo, al acercar la memoria de Julian a un lector, surgió un botón marcado con una letra:
H.
Herencia.
El ascensor descendió.
Las puertas se abrieron frente a un laboratorio iluminado.
Había congeladores, incubadoras y filas de archivadores. En el centro, Evan continuaba atado a la silla.
Kerr esperaba junto a él.
Tenía sesenta años, cabello blanco y una expresión amable que habría resultado tranquilizadora en cualquier consulta médica.
—Deje la caja sobre la mesa.
Sofía levantó la unidad.
—Primero libera a Evan.
—Cuando confirme que los archivos son auténticos.
—Puedes copiarlos y matarnos.
—No soy un asesino.
—Julian murió por investigar tu proyecto.
—La familia Sterling ordenó el sabotaje.
—Tú te aseguraste de que el helicóptero cayera.
Kerr no negó la acusación.
—Julian quería publicar datos que habrían destruido décadas de investigación.
—Niños creados sin consentimiento no son investigación.
—Son vidas que no habrían existido sin nosotros.
Evan miró al médico.
—¿Usted me creó?
—Ayudé a que nacieras.
—¿Quién es mi madre?
Kerr guardó silencio.
—Dímelo.
—Una voluntaria.
—¿Sabe que existo?
—Murió durante el parto.
Evan cerró los ojos.
—¿Cómo se llamaba?
—No es importante.
Sofía colocó la unidad sobre la mesa.
—Para ti, ningún nombre es importante porque los convertiste en números.
Kerr conectó el dispositivo.
Mientras revisaba los archivos, Sofía estudió la habitación. Había cámaras en cuatro esquinas, una salida detrás de los congeladores y un sistema de ventilación junto al techo.
—¿Qué identificador colocaste dentro de Leo?
—Una secuencia genética que funciona como clave.
—¿Puede dañarlo?
—No.
—No confío en tus respuestas.
—El niño está sano.
—No gracias a ti.
Kerr encontró la carpeta de clientes.
—Faltan páginas.
—Libera a Evan.
El médico hizo una señal a un guardia oculto detrás del cristal. El hombre desató al adolescente, pero mantuvo un arma apuntándole.
—Ahora las páginas restantes.
Sofía tomó el dispositivo.
—Quiero salir con él.
—No hasta abrir la reserva.
—Leo no está aquí.
—Llegará.
Sofía sintió miedo.
—¿Qué hiciste?
Una pantalla se encendió.
Mostraba el apartamento de Julia.
Dos agentes de protección infantil estaban en la puerta. Presentaban una nueva orden para trasladar a Leo.
—No puedes obtener otra orden después de la decisión de esta tarde.
—Yo no la obtuve.
Margaret apareció en la pantalla, entrando detrás de los agentes.
La matriarca había utilizado otra jurisdicción y un informe médico nuevo.
Julia discutía con ellos mientras sostenía al bebé.
—Margaret te traerá a Leo —dijo Kerr—. Ella cree que la ayudaré a controlar el fideicomiso.
—¿Y qué quieres realmente?
—La reserva contiene nombres de clientes capaces de destruir gobiernos. Con esa información, Proyecto Herencia dejará de depender de los Sterling.
—Quieres venderlo por tu cuenta.
—Quiero proteger mi trabajo.
Un disparo resonó en el corredor.
Daniel apareció con el hombro vendado y un arma en la mano.
—Aléjate de ella.
Kerr parecía casi divertido.
—El hijo obediente finalmente ha llegado.
Daniel apuntó hacia el guardia.
—Libera a Evan.
—Ya está libre. Puede marcharse cuando quiera.
Evan no se movió.
—Quiero saber quién soy.
Daniel lo miró.
El parecido era evidente.
—Eres nuestro hermano.
—No soy nada vuestro.
—Tienes razón —dijo Daniel—. Compartir sangre no nos da derecho sobre ti.
La respuesta sorprendió a Sofía.
Kerr tomó el arma del guardia y apuntó hacia Evan.
—La conversación familiar puede esperar.
Daniel avanzó.
—Si disparas, nunca obtendrás a Leo.
—Margaret ya lo trae.
La puerta del ascensor se abrió.
Margaret entró sola.
No llevaba al bebé.
—La orden fracasó —dijo—. Julia envió los archivos a un fiscal antes de que llegaran.
Kerr perdió la serenidad.
—Necesitamos al niño.
—No lo tendrás.
—Tú creaste este proyecto.
—Y ahora comprendo que permitirte continuar fue un error.
Sofía soltó una risa amarga.
—¿Ahora?
Margaret la miró.
—No espero que me agradezcas nada.
—Eso sería difícil después de que intentaras robarme a mi hijo.
—Quería controlar las acciones, no hacerle daño.
—Para un niño, ser criado como una llave también es daño.
Kerr levantó el arma.
—Todos estáis confundiendo la moral con la propiedad.
Evan se abalanzó sobre él.
El disparo golpeó uno de los congeladores.
Daniel derribó al guardia. Margaret activó una alarma. Las puertas de seguridad comenzaron a cerrarse.
Sofía tomó la caja y corrió hacia Evan.
Kerr recuperó el arma.
Apuntó hacia Sofía.
Daniel se interpuso.
La bala atravesó su costado.
Sofía gritó.
Kerr escapó por la salida detrás de los congeladores.
El laboratorio empezó a llenarse de humo frío. El disparo había dañado un depósito de nitrógeno.
—Tenemos que salir —dijo Margaret.
Daniel cayó.
Sofía presionó la herida.
—No cierres los ojos.
—No merezco que te quedes.
—No lo hago por ti. Lo hago porque no permitiré que Leo crezca preguntándose si pude salvarte.
Evan ayudó a levantarlo.
Llegaron al ascensor segundos antes de que el laboratorio quedara sellado.
En el vestíbulo, la policía rodeó el edificio. Julia había enviado la ubicación de Sofía junto con los archivos.
Mientras los paramédicos atendían a Daniel, Evan observó a Margaret.
—¿Conocías a mi madre?
—Sí.
—¿Cómo se llamaba?
La matriarca tardó en responder.
—Ana Cole.
—¿Murió durante el parto?
—No.
Evan quedó inmóvil.
—Kerr mintió.
—Ella intentó llevarte lejos de la clínica. Mi esposo ordenó declararla inestable.
—¿Dónde está?
Margaret bajó la mirada.
—En una institución psiquiátrica financiada por Sterling Medical.
Sofía sintió una nueva oleada de repulsión.
Evan no gritó.
No lloró.
Solo dijo:
—Llévame con ella.
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Margaret asintió.
Por primera vez, la matriarca obedeció sin intentar negociar.