Chapter 4 - La casa del lago

La casa del lago pertenecía a la familia Sterling desde hacía casi ochenta años.
Se encontraba en New Hampshire, rodeada de pinos y agua helada. Daniel había llevado a Sofía allí una sola vez, durante el primer verano de su matrimonio.
Recordaba una construcción de madera, fotografías antiguas y un corredor que Margaret mantenía siempre cerrado.
Sofía no informó a Julia del destino exacto. Solo dijo que necesitaba recuperar documentos. Leo permaneció con ella bajo la protección de una orden médica independiente y dos cámaras instaladas por Julia.
Sofía alquiló un automóvil con dinero en efectivo que conservaba en una cuenta personal olvidada por los Sterling.
Llegó a la casa antes del amanecer.
La puerta principal tenía una cerradura electrónica. Probó la fecha de nacimiento de Julian.
Acceso denegado.
Probó la de Olivia.
La puerta se abrió.
Dentro no había calefacción. Los muebles estaban cubiertos por sábanas y el aire olía a madera húmeda.
Sofía encendió una linterna.
“La primera habitación donde aprendimos que la verdad podía estar detrás de una pared”.
Buscó dormitorios infantiles.
En el segundo piso encontró una habitación pintada de azul. Había dos camas, una estantería y marcas de altura con los nombres de Daniel y Julian.
Olivia dormía en otra zona de la casa, así que aquella debía ser la habitación compartida por los hermanos.
Sofía examinó las paredes.
Golpeó cada sección con los nudillos hasta encontrar un sonido hueco detrás de la estantería.
Movió los libros.
Una pequeña tabla tenía grabadas tres iniciales:
J. D. O.
Julian, Daniel y Olivia.
Presionó la letra central.
La pared se abrió.
Dentro había una caja metálica, una cámara antigua y varios cuadernos.
Sofía encontró el original de la carta. También había análisis de laboratorio, grabaciones de Kerr y contratos firmados por Margaret.
Los documentos demostraban que el Centro Kerr conservaba material genético de cientos de pacientes después de finalizar los tratamientos.
Algunas muestras pertenecían a empleados de Sterling Medical, políticos y donantes ricos.
Julian había descubierto un programa secreto llamado Proyecto Herencia.
Su objetivo era producir embriones relacionados con familias poderosas para controlar futuros fideicomisos, disputas sucesorias y patrimonios.
Leo no era un accidente.
Era un heredero fabricado.
Sofía encendió la cámara.
Julian apareció sentado en aquella misma habitación.
—Mi nombre es Julian Sterling. Si alguien encuentra esta grabación, significa que no logré detener a mi madre.
Explicó que Margaret utilizó el proyecto durante años. En algunos casos, las mujeres creían recibir embriones creados con el material de sus esposos. En realidad, Kerr sustituía al donante cuando una combinación genética podía producir un heredero más valioso.
—Mi madre cree que las familias son empresas —continuó Julian—. Para ella, los hijos son contratos capaces de respirar.
Sofía sintió náuseas.
—He ordenado destruir todas mis muestras. Si Kerr desobedece y nace un niño, su madre deberá recibir el control legal de mis acciones. No porque la sangre la convierta en propietaria, sino porque ella será la única persona cuyo cuerpo también fue utilizado sin consentimiento.
Julian miró directamente a la cámara.
—Daniel, si estás viendo esto, no hagas lo que siempre haces. No esperes que nuestra madre se vuelva menos peligrosa cuando consiga lo que quiere.
La grabación terminaba con una lista de tres personas que podían confirmar los delitos.
Una era Olivia.
Otra era una embrióloga llamada doctora Priya Malek.
La tercera era el piloto del helicóptero de Julian.
El hombre oficialmente muerto junto a él.
Sofía fotografió todos los documentos y comenzó a enviarlos a Julia.
La conexión falló.
El sistema de la casa se apagó.
Alguien había cortado la electricidad.
Sofía guardó la carta original bajo su ropa y tomó la caja.
Escuchó un automóvil detenerse fuera.
Daniel entró solo.
—Sofía.
Ella sostuvo una barra de hierro.
—No te acerques.
—Mi madre sabe que estás aquí.
—¿La trajiste?
—No.
—Te resulta difícil comprender que ya no existe ninguna razón para confiar en ti.
Daniel levantó las manos.
—Olivia me envió un mensaje antes de que la llevaran.
—¿Dónde está?
—En una clínica privada.
—¿Margaret la encerró?
—Afirma que Olivia sufrió una crisis nerviosa.
—La enfermedad favorita de vuestra familia aparece siempre cuando una mujer conoce demasiado.
Daniel vio la caja.
—Encontraste los archivos.
—Julian te habló directamente.
—Sí.
—Y aun así permitiste que Kerr utilizara su material.
—No sabía que Sofía…
—No pronuncies mi nombre para hacer que una mentira parezca íntima.
Daniel recibió el golpe en silencio.
—Descubrí que Leo era hijo de Julian durante el sexto mes —dijo—. Mi madre me mostró la prueba y afirmó que habías aceptado utilizar un donante.
—¿Y me preguntaste?
—Quería hacerlo.
—Esa frase no significa nada.
—Tenía miedo de que perdieras al bebé por el estrés.
—Elegiste que diera a luz dentro de una mentira.
—Sí.
Por primera vez, Daniel no buscó una excusa.
—¿Por qué apareciste ahora?
—Para sacaros antes de que llegue seguridad.
—Leo no está aquí.
Daniel pareció aliviado.
—Bien.
—¿Qué planea Margaret?
—Solicitará la custodia completa mañana. Después trasladará a Leo a una residencia médica durante la disputa.
—Lo secuestrará legalmente.
—Sí.
—¿Vas a testificar contra ella?
Daniel miró los archivos.
—Si lo hago, Sterling Medical caerá.
—No he preguntado por la compañía.
—Miles de empleados dependen de ella.
—Y cientos de mujeres fueron utilizadas por su clínica.
—Lo sé.
—Entonces elige.
Daniel caminó hacia la ventana.
Dos vehículos aparecieron entre los árboles.
—Ya es tarde.
Sofía tomó la caja.
—Existe un túnel bajo la cocina —dijo Daniel—. Julian y yo lo utilizábamos para llegar al lago.
—¿Cómo sé que no me entregarás al final?
—No lo sabes.
—Al menos una respuesta honesta.
Bajaron al sótano. Daniel abrió una antigua puerta detrás de una estantería de vinos.
Antes de entrar, Sofía le entregó la cámara de Julian.
—Escúchalo.
—Ya lo vi.
—No. Escúchalo ahora sabiendo que tu silencio ayudó a convertir su miedo en realidad.
Los guardias rompieron la puerta principal.
Daniel tomó la caja metálica.
—Vamos.
El túnel terminaba junto a un cobertizo para embarcaciones. Había una lancha pequeña con combustible.
Mientras Daniel arrancaba el motor, los hombres aparecieron en la orilla.
Uno levantó un arma.
Disparó.
La bala atravesó el parabrisas.
Daniel empujó a Sofía al suelo y aceleró sobre el agua.
Otra bala golpeó su hombro.
Sofía presionó la herida.
—¿Por qué llevan armas si tu madre solo quiere hablar?
Daniel apretó los dientes.
—Porque la caja contiene pruebas del asesinato de Julian.
Sofía lo miró.
—¿Sabías que lo asesinaron?
—Encontré el informe mecánico original ayer.
—¿Quién ordenó sabotear el helicóptero?
Daniel dirigió la lancha hacia la orilla opuesta.
—Mi padre.
Sofía recordaba a Edward Sterling como un hombre tranquilo, casi invisible, que murió dos años antes de que ella conociera a Daniel.
—¿Margaret lo sabía?
—Ella autorizó el pago.
La lancha alcanzó la otra orilla.
Daniel apenas podía mantenerse consciente.
Antes de caer, entregó a Sofía una llave.
—Caja 417. Banco Federal de Boston.
—¿Qué contiene?
—La prueba que Julian no encontró.
—¿Cuál?
Daniel perdió el equilibrio.
Sofía lo sostuvo.
—Daniel.
May you like
Él abrió los ojos con dificultad.
—Leo no fue el primer niño creado por Proyecto Herencia.