Chapter 4 - El almacén de los nombres borrados

La ambulancia privada de Vivian salió por la puerta norte mientras Grant guiaba a Claire, Elias y Maya hacia los muelles. Alexander seguía cautivo. Noah Price, un exmarine que trabajaba para Alexander, coordinaba a distancia con agentes federales, pero no podían intervenir sin confirmar la ubicación.
Grant condujo en silencio.
Claire observó su perfil.
—¿Desde cuándo estás con Sloane?
—Tres años.
La respuesta dolió aunque ya no la sorprendía.
—¿La amas?
—Creí que sí. Después entendí que ambos estábamos huyendo de la misma persona.
—No conviertas tu aventura en una tragedia romántica.
—No lo intento.
Maya habló desde atrás.
—La señora Sloane no huye. Disfruta hacer daño.
Grant miró el espejo.
—Sloane creció en uno de los hogares financiados por Conrad. Él pagó su educación y le enseñó que la gratitud era obediencia.
—Eso explica su miedo —dijo Claire—. No su crueldad.
El almacén 17 parecía abandonado. Grant abrió una compuerta oculta junto al río. El túnel conducía a una cámara subterránea llena de archivadores.
Maya leyó algunas etiquetas.
—Son nombres de niños.
Elias abrió un cajón. Había certificados de nacimiento, expedientes médicos y fotografías.
—No es solo dinero —dijo—. Han estado cambiando identidades.
Grant asintió.
—Conrad utilizaba fundaciones infantiles para mover herederos, testigos y niños de familias endeudadas. Algunos fueron entregados a parejas ricas. Otros se convirtieron en instrumentos de presión.
Claire sintió náuseas.
—¿Mi empresa financió esto?
—La división de bienestar familiar cubría los pagos.
—Yo firmé esos presupuestos.
—Sin ver los anexos reales.
—Eso no cambia que no hice preguntas.
Encontraron una puerta metálica. Al otro lado, Alexander estaba atado a una silla. Sloane lo vigilaba junto a Conrad Holloway, un hombre de setenta años con cabello blanco y postura impecable.
Conrad sonrió al ver a Claire.
—La heredera finalmente llegó.
Claire mostró la carpeta.
—Libera a mi padre.
—Primero tu mano sobre el lector.
En una mesa había un dispositivo biométrico conectado a una computadora. La pantalla mostraba una transferencia de acciones y el acceso a un servidor cifrado.
Alexander tenía sangre en la ceja.
—No lo hagas.
Conrad golpeó su silla.
—Tú ya tomaste demasiadas decisiones por ella.
Grant se colocó junto a Claire.
—Padre, esto termina hoy.
—¿De verdad? —Conrad rio—. Después de cinco años usando a tu esposa, ahora quieres convertirte en héroe.
Sloane apuntó a Grant.
—No te muevas.
Claire vio que Maya había activado una pequeña cámara en el botón de su abrigo.
—¿Por qué necesitaban que me casara con Grant? —preguntó Claire, ganando tiempo.
Conrad se acercó.
—Porque Alexander protegió el servidor con la línea genética Bennett. Solo tú puedes abrirlo.
—¿Qué contiene?
—Las cuentas, las identidades y las pruebas que podrían destruir a cientos de personas importantes.
—También podría liberar a cientos de víctimas.
—Las víctimas no gobiernan países.
Alexander levantó la cabeza.
—Esa frase estará preciosa en el juicio.
Conrad miró alrededor. Maya había enviado la transmisión. Sloane disparó hacia ella. Grant la empujó y la bala golpeó un archivador.
Elias se abalanzó sobre Sloane. Claire corrió hacia su padre. Conrad activó una alarma y las puertas comenzaron a cerrarse.
—¡El lector! —gritó Alexander—. Pon la mano y elige “protocolo Aurora”.
Claire apoyó la palma. La computadora reconoció su identidad.
Dos opciones aparecieron: “Transferir control” y “Liberar archivos”.
Conrad la sujetó por el cabello.
—Transfiere.
Claire presionó “Liberar archivos”.
Miles de documentos comenzaron a enviarse a medios, fiscales y organizaciones internacionales.
Conrad la arrojó contra la mesa. Grant lo golpeó. Padre e hijo cayeron al suelo.
Sloane consiguió liberarse de Elias y tomó a Maya como rehén.
—Detén la transmisión.
—No puedo —respondió Claire.
—Entonces alguien morirá.
Maya permaneció sorprendentemente tranquila.
—Señora Sloane, la cámara sigue transmitiendo.
Sloane miró el botón y vaciló. Elias aprovechó para quitarle el arma.
Sirenas resonaron afuera.
Conrad escapó por una salida lateral. Grant quiso perseguirlo, pero Claire señaló a Alexander.
—Primero lo liberamos.
Grant cortó las cuerdas.
Alexander se levantó con dificultad y miró al hombre que había golpeado a su hija.
—Tendré tiempo para odiarte después.
—No espero otra cosa —dijo Grant.
Los agentes entraron. Sloane fue arrestada, pero Conrad había desaparecido.
Noah informó que la transmisión había expuesto la red. Sin embargo, alguien dentro del sistema federal estaba borrando archivos más rápido de lo que podían descargarse.
Elias revisó los registros.
—El usuario tiene autorización del fiscal general adjunto.
Alexander se quedó inmóvil.
—Vincent.
Claire recordó a su tío supuestamente muerto.
—¿Vincent trabaja en el gobierno?
—Con otro nombre —dijo Alexander—. Él no era socio de Conrad.
—¿Entonces qué era?
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Alexander miró las filas de expedientes infantiles.
—El hombre que creó todo esto.
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