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Chapter 2 - El padre que vivía bajo otro nombre

Alexander llevó a Claire a una casa segura en Brooklyn, instalada sobre una antigua imprenta. Maya ya estaba allí. Había escapado por la cocina después de enviar una copia de las cámaras internas a un servidor privado.

Claire no supo si abrazar a su padre o golpearlo. Terminó haciendo ambas cosas.

—Seis años —dijo, golpeándole el pecho—. Te enterré. Hablé frente a una caja vacía. Me casé sin ti.

Alexander recibió cada golpe.

—Lo sé.

—No, no lo sabes. Me dejaste sola con hombres que querían utilizarme.

—Si hubiera regresado antes, te habrían matado.

Claire se apartó.

—Siempre dicen que mentir fue la única forma de protegerme.

Un médico independiente examinó sus heridas. No había fracturas, pero el hombro necesitaba reposo. Un análisis rápido detectó sedantes en su sangre.

Maya colocó sobre la mesa un pequeño frasco.

—Encontré esto en el armario del señor Grant. Las pastillas de la señora Claire estaban mezcladas con otras.

Alexander observó la etiqueta.

—Haloperidol en dosis pequeñas. Puede causar confusión, movimientos involuntarios y episodios que parezcan crisis nerviosas.

Claire cerró los ojos.

—Estaba construyendo un expediente para declararme incapaz.

—Mañana se cumplen cinco años de matrimonio —dijo Alexander—. Según el acuerdo de fusión, tus acciones con derecho a voto pasan a una administración conjunta si eres declarada incapaz o si firmas una delegación voluntaria.

—Grant dijo que firmaría documentos.

—Necesita tu firma antes del mediodía.

Claire miró a su padre.

—Explícame por qué estás vivo.

Alexander se sentó frente a una pared cubierta de mapas y fotografías. Había imágenes de Grant, su padre Conrad Holloway, Sloane y varios miembros del consejo.

—La explosión del yate fue un intento de asesinato. Yo estaba investigando transferencias de dinero relacionadas con una red de contratos públicos. Conrad Holloway y tu tío Vincent Bennett desviaban fondos a través de empresas fantasma.

—El tío Vincent murió el año pasado.

—No. Cambió de identidad.

Claire soltó una risa sin humor.

—¿Hay alguien en esta familia que esté realmente muerto?

Alexander continuó:

—Sobreviví porque un pescador me encontró antes de que el yate se hundiera. Un agente federal llamado Elias Stone me ayudó a desaparecer. Necesitábamos que Conrad y Vincent creyeran que habían ganado.

La puerta se abrió y un hombre alto, de ojos oscuros, entró con varias carpetas. Claire lo reconoció.

—Elias.

Habían crecido juntos. Él fue su primer amor y la última persona a quien vio antes de aceptar casarse con Grant. Después desapareció de Nueva York sin explicación.

—Hola, Claire.

Ella se puso de pie.

—Tú también sabías que mi padre estaba vivo.

—Sí.

Claire le dio una bofetada.

Elias no se defendió.

—Me lo merecía.

—No fue por desaparecer. Fue por dejarme casarme con Grant.

—Intenté advertirte. Tu teléfono estaba intervenido. Cuando me acerqué, Conrad amenazó a mi hermana.

—Otra mentira para protegerme.

—No. Una cobardía que todavía lamento.

Alexander intervino.

—Elias ha reunido pruebas durante años. Pero necesitamos el libro mayor original de Bennett-Holloway. Está cifrado con tu identificación biométrica.

—¿Por eso Grant se casó conmigo?

—En parte.

Claire se quedó quieta.

—¿En parte?

Alexander intercambió una mirada con Elias.

—Grant conocía a tu madre antes de que ella muriera.

La madre de Claire, Evelyn, había fallecido en un accidente automovilístico cuando Claire tenía quince años.

—¿Qué tiene que ver mamá?

—Evelyn descubrió la primera versión de la red financiera. Grant tenía diecinueve años. Trabajaba como asistente de Conrad. Tu madre quiso convencerlo de testificar.

—¿Y lo hizo?

—No. La traicionó.

Claire sintió frío.

—¿Grant participó en su accidente?

—No tenemos la prueba definitiva. Por eso seguí muerto.

Maya conectó una memoria a la computadora.

—La cámara de la fiesta grabó esto.

En el video, Sloane hablaba con Grant minutos antes de la agresión.

—Si la golpeas delante de todos, parecerá que perdiste el control —decía Sloane.

—Necesitamos que reaccione —respondió Grant—. El médico declarará que atacó primero. Después firmará sedada.

—¿Y si no firma?

—La caída por las escaleras será una tragedia de aniversario.

Claire sintió náuseas.

Alexander cerró el portátil.

—Mañana no irás a la empresa.

—Sí iré.

—Es demasiado peligroso.

—Me escondieron seis años de verdad. Me drogaron en mi propia casa. Intentaron convertirme en una viuda mental mientras mi esposo posaba para las revistas. No voy a volver a esconderme.

Elias se acercó.

—Podemos preparar una entrada segura.

Claire lo miró.

—No necesito que me rescaten. Necesito que me ayuden a recuperar las pruebas.

Alexander asintió lentamente.

—Entonces empezaremos por alguien dentro de la mansión.

Maya sacó de su bolsillo una llave plateada.

—La señora Holloway me la dio hace dos semanas.

—¿La madre de Grant? —preguntó Claire.

—Sí. Me dijo que, si él volvía a lastimarla, abriera el armario detrás del retrato de la biblioteca.

—¿Volvía?

Maya bajó la mirada.

—La señora Vivian no está enferma como todos creen. Su hijo la mantiene sedada igual que a usted.

Claire recordó a su suegra en una silla de ruedas, casi incapaz de hablar durante las cenas familiares.

Alexander se levantó.

—Entonces esta noche regresaremos a la mansión.

Claire sostuvo la llave.

—No para recuperar joyas.

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—¿Para qué?

—Para despertar a la primera mujer a la que Grant intentó silenciar.

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