Chapter 3 - La mujer dormida en el ala oeste

La mansión estaba rodeada por periodistas cuando Claire regresó por el túnel de servicio. En las noticias, Grant afirmaba que su esposa había sufrido una crisis y había desaparecido con un desconocido que se hacía pasar por su padre.
—Es rápido —susurró Maya—. Ya convirtió la agresión en una historia sobre su salud mental.
Elias desactivó dos sensores.
—La opinión pública es el primer tribunal de los Holloway.
Entraron por la lavandería. Claire conocía cada pasillo, pero la casa parecía distinta ahora que sabía cuántas puertas habían sido diseñadas para encerrarla.
Vivian Holloway ocupaba una suite en el ala oeste. Grant decía que su madre sufría una enfermedad neurodegenerativa. Dos enfermeros privados vigilaban la puerta.
Maya activó la alarma de humo en la cocina. Mientras los empleados corrían, Claire y Elias entraron en la habitación.
Vivian estaba despierta, mirando el techo. Tenía el rostro pálido y una vía intravenosa en el brazo.
—Vivian —dijo Claire.
La mujer giró la cabeza lentamente.
—Claire…
—Vamos a sacarla.
Vivian negó.
—Armario primero.
Detrás de un retrato de Conrad había una pequeña cerradura. La llave de Maya abrió un compartimento con varias grabaciones, documentos médicos y una fotografía de Grant cuando era adolescente junto a Evelyn Bennett.
Claire tomó la imagen.
—Mi madre.
Vivian habló con dificultad.
—Evelyn quiso salvarlo. Conrad ya lo utilizaba para transportar dinero. Grant prometió ayudarla. La noche del accidente, llamó a su padre y le dijo dónde estaría.
—¿Por qué?
—Conrad amenazó con matarme.
Claire miró a Vivian.
—¿Grant traicionó a mi madre para salvarla a usted?
—Eso creyó. Después descubrió que obedecer no detenía la violencia. Solo la convertía en una costumbre.
Elias revisó los documentos.
—Estos análisis muestran que Vivian recibe dosis tóxicas de sedantes.
—Conrad empezó —dijo ella—. Grant continuó cuando intenté confesar.
Un ruido sonó en el corredor.
Grant entró con un arma.
—Sabía que volverías.
Claire se puso delante de Vivian.
—Baja eso.
—Te llevaste algo mío.
—¿Tu esposa o tus acciones?
Grant tenía el labio partido por algún enfrentamiento reciente. Sus ojos estaban llenos de una mezcla de ira y cansancio.
—No entiendes lo que está en juego.
—Entiendo que me drogaste.
—Era la única forma de impedir que firmaras contratos sin saber lo que hacías.
Claire soltó una risa seca.
—Me drogaste para protegerme de mis propias firmas.
—Conrad necesita tu acceso biométrico. Si cree que cooperas, te mantendrá viva.
—Planeabas tirarme por las escaleras.
Grant miró a Maya.
—¿Grabaste eso?
—Sí —respondió ella.
Grant apuntó hacia Maya. Elias se movió, pero Claire levantó una mano.
—Mírame, Grant. Si disparas, terminarás de demostrar quién eres.
—Ya sabes quién soy.
—No. Sé lo que hiciste. Todavía estoy intentando comprender por qué elegiste hacerlo.
Vivian arrancó la vía de su brazo.
—Porque es débil.
Grant se volvió hacia su madre.
—No hables.
—Tu padre te golpeó y tú juraste que nunca serías como él. Después descubriste que era más fácil imitarlo que enfrentarlo.
La mano de Grant tembló.
Claire dio un paso.
—Entrégame el arma.
—Conrad tiene a alguien.
—¿A quién?
Grant sacó el teléfono y mostró una transmisión. Alexander estaba atado a una silla en un almacén. Sloane permanecía detrás de él con una pistola.
Claire sintió que el aire se volvía pesado.
—¿Cómo lo encontraron?
—Elias tiene un rastreador —dijo Grant.
Claire miró al hombre que había entrado con ella.
Elias palideció.
—Eso es imposible.
Grant sonrió con amargura.
—Tu hermana sigue viva, Elias. Conrad lleva años utilizándola para controlarte.
Elias se tocó el cuello. Encontró una pequeña cápsula cosida dentro de la chaqueta.
—No sabía que estaba ahí.
—Nadie sabe todo —dijo Grant—. Ese es el sistema.
En la pantalla, Sloane acercó el arma a Alexander.
—Trae a Claire y el libro del armario —ordenó—. Una hora. Después el hombre muerto volverá a morir.
La transmisión terminó.
Claire recogió los documentos.
—Vamos a entregarlos.
Elias negó.
—Son las únicas pruebas.
—Maya ya las está copiando.
Grant bajó el arma.
—Conrad no dejará salir a nadie.
—Entonces ayúdanos.
—¿Después de esta noche crees que puedes confiar en mí?
Claire lo miró directamente.
—No. Pero quizá puedas hacer una cosa correcta sin exigir que borre todas las equivocadas.
Vivian tomó la mano de su hijo.
—Grant, deja de salvarte convirtiéndote en tu padre.
Él cerró los ojos.
Cuando volvió a abrirlos, entregó el arma a Claire.
—El almacén tiene una entrada subterránea. Yo puedo llevarlos.
Claire guardó el arma.
—Primero sacaremos a Vivian.
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—No hay tiempo.
—Durante años todos decidieron qué mujeres podían ser sacrificadas por falta de tiempo. Esa regla termina ahora.
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