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Capítulo 7: El juicio

El juicio comenzó quince meses más tarde.

Beatriz y Álvaro intentaron culparse mutuamente.

Ella afirmó que había sido manipulada por un hombre ambicioso.

Él aseguró que Beatriz había planeado todo porque quería quedarse con mi fortuna.

Sus mensajes demostraron que ambos mentían.

Uno de los textos enviados por Beatriz decía:

Javier confía en mí porque cree que el amor no necesita supervisión.

Álvaro respondió:

Entonces usa esa confianza antes de que aprenda a dudar.

El doctor Valdés aceptó cooperar.

Confesó que había recibido doscientos mil euros por falsificar los informes médicos.

También admitió que recomendó el sedante y explicó cuánto tiempo permanecería detectable en mi sangre.

Cuando Elena testificó, el abogado de Beatriz intentó desacreditarla.

—Usted era camarera, ¿correcto?

—Sí.

—No tenía formación médica ni financiera.

—Trabajé seis años en administración.

—Pero aquella noche estaba sirviendo mesas.

Elena lo miró con calma.

—Trabajar como camarera no me impedía reconocer mi propio idioma cuando hablaban de drogar a un hombre.

Varias personas en la sala sonrieron.

El abogado cambió de dirección.

—¿Esperaba recibir dinero del señor Montero?

—No.

—¿No recibió ayuda después del incidente?

—La fundación pagó el tratamiento de mi hija antes de que yo conociera personalmente al señor Montero.

—Entonces su familia ya se había beneficiado de su riqueza.

Elena se inclinó hacia el micrófono.

—Mi hija recibió una operación.

Miró directamente a Beatriz.

—Eso no compró mi silencio.

Cuando llegó mi turno, el abogado de Álvaro preguntó por qué había confiado tanto en él.

—Porque era mi amigo.

—¿Y en Beatriz?

—Porque iba a casarme con ella.

—Entonces su juicio sobre las personas no siempre es correcto.

—No.

La respuesta lo sorprendió.

Continué:

—Mi error de juicio no convierte los documentos falsos en legales ni elimina el sedante de mi copa.

No necesitaba parecer perfecto para que las pruebas fueran verdaderas.

Beatriz, Álvaro y el doctor Valdés fueron condenados por conspiración, falsificación, fraude, administración de sustancias sin consentimiento y tentativa de apropiación empresarial.

Beatriz fue llevada fuera de la sala sin mirarme.

Álvaro sí lo hizo.

—Construimos esa empresa juntos —dijo.

—Y decidiste que eso te daba derecho a robarla.

—Tú siempre ibas a tener más.

Finalmente comprendí lo que lo había movido.

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No necesitaba estar desesperado.

Solo necesitaba creer que mi éxito era una injusticia contra él.

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