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Capítulo 2: El sobre marrón

Álvaro intentó guardar el sobre dentro de su chaqueta.

Puse una mano sobre él antes de que pudiera hacerlo.

—Déjalo sobre la mesa.

—Son documentos de la compañía.

—Entonces no tendrás problema en enseñármelos.

Beatriz soltó una risa nerviosa.

—No arruines la cena con tus sospechas.

—Todavía no he dicho que sospeche de nadie.

El silencio que siguió respondió por ella.

Abrí el sobre.

Dentro había un documento titulado:

PROTOCOLO DE CONTINUIDAD EJECUTIVA POR INCAPACIDAD

Según el texto, si un médico determinaba que yo no podía dirigir Montero Tecnología, mis derechos de voto serían transferidos temporalmente a un comité formado por Beatriz y Álvaro.

La palabra “temporalmente” aparecía muchas veces.

Pero una cláusula escondida en la página dieciocho convertía la transferencia en irrevocable después de noventa días.

Mi supuesta firma ya aparecía en las primeras páginas.

—Yo nunca firmé esto.

Álvaro permaneció en silencio.

Beatriz se inclinó hacia mí.

—Lo hablamos después de tu desmayo en Barcelona.

—Tuve una bajada de presión.

—Los médicos dijeron que podía repetirse.

—Ningún médico me declaró incapaz.

Ella miró el documento.

—Es una medida de protección.

—¿Por qué está falsificada mi firma?

Lucía tiró suavemente de mi manga.

—La señora puso algo en su vaso.

Miré mi copa.

El agua parecía normal.

—¿Cuándo?

—Cuando usted estaba hablando con el señor de pelo blanco.

Recordé que me había alejado de la mesa para saludar al ministro de Industria.

Beatriz había permanecido sola cerca de mi asiento.

El jefe de seguridad se acercó.

Se llamaba Sergio León, un antiguo oficial de la Guardia Civil.

—Señor Montero.

—Nadie sale del salón.

Beatriz se levantó.

—No puedes retener a trescientas personas por lo que dice una niña.

—No lo hago por lo que dice Lucía.

Le entregué la copa a Sergio.

—Haz que la analicen.

Álvaro empujó la silla hacia atrás.

—Esto se está volviendo absurdo.

—Siéntate.

—No eres policía.

—No.

Lo miré directamente.

—Pero soy el hombre cuya firma aparece en un documento que tú estabas escondiendo debajo de la mesa.

Antes de que pudiera responder, una camarera llegó corriendo.

—Señor Montero, hemos encontrado a Elena Ruiz.

Lucía se levantó de un salto.

—¿Mamá?

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La camarera parecía aterrada.

—Está encerrada en uno de los almacenes de servicio.

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