Chapter 9 - El secreto de Margaret

El vídeo confirmó que Eleanor y Shaw seguían juntos, pero también mostró una grieta entre ellos. Shaw parecía nervioso. Mi madre hablaba con la seguridad de quien todavía creía dirigir la situación.
La policía analizó el reflejo de una ventana y el sonido de campanas. El lugar podía estar cerca de una iglesia o una escuela. No bastaba para localizarlo.
Isabella llegó esa tarde. Era una mujer pequeña, de cabello oscuro y postura rígida. Al verme, estudió mi rostro durante varios segundos.
—Tienes la expresión de Thomas —dijo.
—¿Conoció a mi padre?
—Él intentó ayudarme.
Isabella había escapado de Saint Agnes después de oír a una enfermera decir que su hija había muerto. Entró en la sala de registros y encontró una orden de traslado firmada por Eleanor. Thomas la sorprendió allí. En lugar de entregarla, la escondió en su coche y la llevó a una estación de autobuses.
—Prometió recuperar a mi bebé —dijo—. Después dejó de llamar. Meses más tarde supe que había muerto.
Eleanor y Shaw le hicieron creer durante años que Megan había sido enviada al extranjero. Isabella cambió de nombre porque recibía cartas amenazantes cada vez que acudía a la policía.
—¿Por qué Margaret? —preguntó Clara—. ¿Por qué todas las niñas terminan convertidas en ella?
Isabella cerró los ojos.
Margaret fue la primera hija de Eleanor. Nació con una afección cardíaca y murió a los tres días. Shaw, entonces residente, había ignorado señales de alarma durante el parto. Para evitar una investigación, alteró el historial. Eleanor descubrió la falsificación. En lugar de denunciarlo, lo convirtió en su aliado.
—Ella decía que el mundo le debía una hija —explicó Isabella—. Primero buscó otra bebé que se pareciera a Margaret. Después empezó a pensar que podía crear una familia perfecta eligiendo madres, nombres y hogares.
La red no se limitaba a un deseo emocional. Había dinero. Nora encontró un fideicomiso creado por mi abuela paterna. La mayor parte de la fortuna familiar pasaría al primer hijo biológico de Adrian Blake. Mientras ese hijo fuera menor, sus padres administrarían los fondos. Si ambos eran declarados incapaces, el tutor legal asumiría el control.
Eleanor figuraba como ejecutora provisional en una versión antigua.
—Por eso necesitaba que Clara pareciera enferma y que Adrian pareciera negligente —dijo Nora—. Con la custodia temporal de Lucía, podía intentar controlar un patrimonio de casi dieciocho millones de dólares.
Yo ni siquiera sabía que el fideicomiso existía. Thomas había modificado los documentos antes de morir, pero la nueva versión nunca fue registrada. Eleanor conservó la copia antigua y ocultó las comunicaciones de los abogados.
La obsesión por Margaret y el dinero se habían unido en el mismo plan.
El análisis del servidor reveló otro detalle. Eleanor había creado un calendario titulado “Despertar”. Comenzaba con mi viaje, continuaba con el aislamiento de Clara y terminaba cuarenta días después del nacimiento.
La última entrada decía: “Presentación pública de Margaret. Adrian comprenderá su verdadero lugar.”
—No quería esconder a Lucía para siempre —dijo Clara—. Quería mostrársela al mundo como si hubiera sido suya.
Nora asintió.
—Y utilizarte como ejemplo de madre peligrosa para justificarlo.
Ortiz recibió entonces una llamada del servicio de vigilancia. Eleanor debía permanecer en una casa alquilada mientras esperaba la siguiente audiencia. Su pulsera electrónica había dejado de emitir señal.
Los agentes encontraron el dispositivo cortado dentro de una caja de música. La casa estaba vacía. Sobre la mesa había una carta que sugería que Eleanor pensaba quitarse la vida, pero no había huellas recientes junto al río indicado.
—Es una distracción —dijo Isabella—. Nunca se haría daño. Se considera la única persona capaz de salvar a todos.
En el dormitorio había una fotografía de Margaret dentro de un marco dorado. Detrás, la policía encontró una llave de seguridad bancaria. El depósito contenía pasaportes, dinero, grabaciones y una copia del informe de autopsia de Thomas.
Varias páginas estaban marcadas. La concentración de un medicamento cardíaco aparecía por encima de lo normal, pero el médico forense lo había atribuido al tratamiento de emergencia.
Shaw había firmado como consultor.
—¿Están diciendo que mi padre fue asesinado? —pregunté.
Ortiz eligió sus palabras con cuidado.
—Decimos que existen razones para reabrir la investigación.
Dentro de la caja también había un sobre dirigido a mí. Contenía dos fotografías: una de Eleanor con Shaw cuando eran jóvenes y otra de Thomas sosteniéndome en brazos.
En la parte posterior, mi madre había escrito:
“Un hombre te dio su apellido. El otro te dio su sangre. Pronto tendrás que elegir a qué familia perteneces.”
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Aquella noche, mientras Clara dormía junto a Lucía, recibí una llamada de un número desconocido.
—Hola, hijo —dijo Calvin Shaw—. Ha llegado el momento de que conozcas a tu verdadero padre.