Chapter 13 - Una madre contra otra

El secuestro de Ava cambió la investigación. Hasta entonces, Eleanor había perseguido a Lucía porque la consideraba parte de su familia y llave del fideicomiso. Llevarse a la hija de Tessa demostraba que su obsesión ya no distinguía entre identidad y sustitución.
Tessa golpeó la puerta de la habitación hasta lastimarse las manos.
—Yo la puse en su camino —repetía—. Le vendí la oportunidad de acercarse.
Clara pidió hablar con ella. Se sentaron juntas bajo vigilancia, dos madres unidas por decisiones muy diferentes y el mismo miedo.
—La culpa no traerá a Ava —dijo Clara—. Lo que sabes sí puede hacerlo.
Tessa recordó que Eleanor había mostrado interés en la antigua mansión de los Blake. La propiedad llevaba años vacía, pero conservaba una habitación infantil preparada para Margaret. Thomas quiso venderla; Eleanor se negó.
La policía rodeó la casa sin acercarse demasiado. Las cámaras térmicas detectaron dos personas dentro: una adulta y un cuerpo pequeño. Eleanor envió un vídeo. Sostenía a Ava envuelta en una manta blanca.
—Esta niña está bien —dijo—. Permanecerá así si Clara trae a Lucía y Adrian entrega el fideicomiso. Sin policías. Sin trucos.
Nora explicó que el documento no tenía valor práctico, pero Eleanor lo necesitaba como símbolo de control. Clara decidió participar en una operación con un muñeco envuelto como bebé. Yo me opuse.
—Ha intentado matarte.
—Y ahora tiene a la hija de Tessa. No voy a esconderme mientras otra mujer paga por protegerme.
—Puede reconocer que no es Lucía.
—Entonces tendremos segundos. Asegurémonos de usarlos bien.
Ortiz diseñó el plan. Clara llevaría el muñeco y una carpeta. Un equipo entraría por el antiguo túnel de servicio indicado en los planos de Thomas. Megan recordaba el código de una puerta lateral. Tessa permanecería en el centro de mando, aunque suplicó acompañarnos.
—Ava necesita que estés preparada para recibirla —le dijo Isabella—. No que te conviertas en otra rehén.
La mansión olía a polvo y flores secas. Eleanor esperaba en la habitación infantil. Había encendido lámparas, colocado juguetes y vestido a Ava con una prenda bordada con el nombre Margaret.
—Déjala en la cuna —ordenó a Clara.
Clara sostuvo el bulto contra el pecho.
—Primero dame a Ava.
—No te corresponde poner condiciones. Fracasaste como madre antes de que naciera tu hija.
—La mantuve viva mientras tú la envenenabas.
El rostro de Eleanor se endureció.
—Yo corregía tus debilidades.
—No. Intentabas convertir a una niña real en el recuerdo de otra.
Eleanor miró a Ava.
—Margaret no era un recuerdo. Era mi hija. Me la quitaron médicos incompetentes, un marido cobarde y un mundo que esperaba que continuara como si nada.
—Sufriste una pérdida terrible —dijo Clara—. Pero cada bebé que robaste también tenía una madre.
—No sabían cuidarlas.
—Eso mismo dijiste de mí porque no podías soportar que Lucía me eligiera con su voz, su olor y su corazón.
Eleanor avanzó un paso.
—Pon a la niña en la cuna.
Clara dejó la carpeta sobre una mesa, pero no soltó el bulto. Yo esperaba detrás de la puerta lateral junto a Ortiz. Cada músculo me pedía entrar. El detective levantó una mano: todavía no.
Ava comenzó a llorar.
Tessa escuchó el sonido a través del transmisor y dijo desde el centro de mando:
—Cántenle “Luna pequeña”. Es la única canción que la calma.
Clara empezó a cantar. Ava redujo el llanto. Eleanor la miró sorprendida.
—No te conoce.
—No tiene que conocerme para que yo responda cuando necesita ayuda.
La frase abrió algo en el rostro de mi madre. Durante un segundo pareció cansada, casi anciana. Después vio un movimiento en la cortina y comprendió que la policía estaba cerca.
Tomó una jeringa de la mesa y retrocedió hacia la cuna.
—Si entran, nadie se lleva a Margaret.
Clara dejó caer el muñeco. Eleanor miró el bulto vacío y gritó. Ortiz dio la señal. Entramos.
Mi madre intentó cerrar la puerta, pero Clara ya había llegado a la cuna. Tomó a Ava mientras yo bloqueaba a Eleanor. No la golpeé. Sujeté su muñeca hasta que la jeringa cayó.
—Suéltame, Adrian. Soy tu madre.
—Y ella es una niña. Esta vez elijo proteger a la niña.
Los agentes la esposaron. Eleanor siguió gritando mi nombre hasta que la sacaron de la casa.
Tessa recibió a Ava en la ambulancia. La bebé estaba sedada ligeramente, pero estable. Cuando abrió los ojos, su madre apoyó la frente contra la suya.
—No volveré a entregarte por ninguna cantidad —susurró.
Clara permaneció a unos metros, temblando. Me acerqué sin tocarla.
—¿Estás herida?
—No.
—Lucía está segura.
—Lo sé.
Por fin me permitió abrazarla. Duró apenas unos segundos, pero no fue un gesto de miedo. Fue una decisión.
Mientras la policía registraba la mansión, encontraron documentos escondidos bajo el suelo de la habitación infantil. Incluían una lista de pagos y una carta de Shaw dirigida a Eleanor.
“Si Adrian descubre que Thomas no fue el único hombre al que eliminaste, nos abandonará a ambos.”
Había otro nombre junto al de Thomas.
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Margaret Blake.
La muerte de la primera hija de Eleanor quizá tampoco había ocurrido como ella contaba.