Chapter 5 - Dos pulseras con el mismo nombre

La otra bebé había nacido la noche anterior en una clínica privada a cuarenta kilómetros. Su madre era una joven llamada Tessa Morgan, sin domicilio estable y sin familiares conocidos. El parto ocurrió en secreto, fuera del sistema público, bajo la supervisión de Calvin Shaw.
Según Megan, Eleanor planeaba trasladar a la niña al hospital utilizando documentos falsos. Durante un supuesto cambio de sala, intercambiarían las pulseras y sacarían a Lucía como si fuera la bebé de Tessa. Después presentarían la desaparición como un error hospitalario.
—¿Qué pasaría con la otra niña? —preguntó Clara.
Megan bajó la mirada.
—No lo sé.
La respuesta fue peor que cualquier explicación.
Ortiz ordenó localizar de inmediato a Tessa y a su hija. La dirección registrada correspondía a una casa abandonada. El teléfono estaba apagado. Mientras la policía investigaba, Lucía permaneció bajo vigilancia constante. Nadie podía entrar sin identificación doble. Clara se negaba a separarse de la unidad neonatal, aunque apenas podía mantenerse sentada.
—Necesitas descansar —le dije.
—Descansé mientras tu madre planeaba quitarme a mi hija.
No respondí. Cada intento de ayudar podía parecer otra forma de control. Me limité a quedarme cerca, llevarle agua y respetar el espacio que pedía.
Nora presentó una solicitud urgente para impedir que Eleanor tuviera cualquier contacto con la bebé. Adjuntó fotografías del sótano, análisis de sangre y el testimonio preliminar de Megan.
El abogado de mi madre respondió con rapidez. Afirmó que la enfermera había sido presionada por la policía y que Clara inventaba una conspiración para ocultar su enfermedad mental. También presentó varios vídeos.
Los vimos en una sala privada.
En el primero, Clara gritaba a Eleanor en la cocina.
—¡No volverás a tocar mi comida!
En el segundo, arrojaba un vaso contra la pared. En el tercero, intentaba abrir la puerta principal mientras mi madre le bloqueaba el paso.
Sin contexto, parecía alterada.
—Quitaron todo lo anterior —dijo Clara—. En la cocina acababa de encontrar una pastilla sin disolver en la sopa. El vaso se rompió cuando Eleanor me agarró. Y en la puerta intentaba escapar.
Nora detuvo el vídeo.
—Las grabaciones originales incluirían los minutos previos.
—La tableta desapareció —dije.
—Pero quizá los archivos se guardaron en otro lugar.
Recordé la cámara del sótano. Era un modelo conectado a internet. Si Eleanor quería observar desde su apartamento, necesitaba almacenamiento remoto.
Llamamos a la empresa fabricante. La cuenta estaba registrada a nombre de una sociedad llamada Margaret Family Care, la misma que había transferido dinero a Megan. Con una orden judicial, la policía obtuvo acceso al servidor.
Había cientos de horas de grabaciones.
La primera mostraba a Eleanor entrando en nuestra cocina con un frasco pequeño. Trituraba dos comprimidos, los mezclaba en la sopa y después colocaba el plato frente a Clara.
Otra grabación mostraba a Shaw sujetando a mi esposa mientras mi madre le administraba una inyección.
En una tercera, Eleanor hablaba directamente a la cámara.
—Cuando Margaret sea mayor, entenderá que hice todo esto para salvarla.
Clara salió de la habitación antes de que terminara el vídeo. La encontré en el pasillo, apoyada contra la pared.
—No puedo respirar.
Llamé a una enfermera, pero Clara levantó la mano.
—No quiero que me toquen.
Me quedé a un metro de distancia.
—Estoy aquí.
—Tú también estabas en todos esos mensajes —dijo—. Cada vez que ella afirmaba que habías autorizado algo, yo recordaba que no me creíste antes de marcharte.
No podía defenderme.
—Tienes razón.
—Eso no arregla nada.
—Lo sé.
—No sé si volveré a confiar en ti.
—Lo sé.
Las lágrimas aparecieron en sus ojos.
—Deja de decir que lo sabes.
—No sé qué decir.
—Entonces no digas nada.
Me senté en el suelo del pasillo. Clara permaneció de pie durante unos segundos y después se sentó frente a mí. Entre nosotros había una distancia pequeña y enorme.
—Quiero que nuestra hija crezca sin miedo —dijo.
—Yo también.
—Eso significa que Eleanor nunca podrá volver a formar parte de su vida.
—Estoy de acuerdo.
—No basta con estar de acuerdo hoy. Necesito saber que no cambiarás cuando llore, cuando diga que está enferma o cuando te recuerde todo lo que hizo por ti.
Miré mis manos. Durante años, mi madre había convertido cada límite en una traición. Yo cedía porque era más fácil que soportar su culpa. Clara había pagado el precio de mi cobardía.
—No volveré a elegir su comodidad por encima de vuestra seguridad.
—Prometer es fácil.
—Entonces no te pediré que me creas. Lo demostraré.
Un agente apareció al final del pasillo.
—Señor Blake, hemos encontrado a Tessa Morgan.
Nos pusimos de pie.
—¿Está viva? —preguntó Clara.
—Sí. Ella y la bebé están en una vivienda propiedad de Calvin Shaw.
—¿Las tenían retenidas?
El agente dudó.
—Tessa afirma que aceptó participar.
—¿Participar en qué?
—En entregar a su hija a Eleanor a cambio de cien mil dólares.
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Antes de que pudiéramos reaccionar, las alarmas de la unidad neonatal comenzaron a sonar. Una enfermera salió corriendo.
—La incubadora de Lucía está vacía.