Capítulo 8 - El juicio del doctor perfectoEl juicio comenzó diez meses después.

Michael entró en la sala con un traje azul oscuro y una expresión serena.
Su defensa intentó culpar a Rebecca de todo.
También aseguró que la habitación secreta había sido construida para proteger a Sophie durante supuestos episodios violentos de Laura.
El abogado de Michael se acercó a Laura.
—Señora Hayes, ¿admite que tomaba medicamentos psiquiátricos?
—Mi esposo me los administraba sin explicarme sus efectos.
—¿Sufrió pérdidas de memoria?
—Sí.
El abogado sonrió.
—Entonces no puede afirmar con certeza que no encerró a su hija.
Laura lo miró directamente.
—No necesito confiar únicamente en mi memoria.
La fiscalía reprodujo los audios del teléfono rojo.
La voz de Michael llenó la sala.
—Tu madre nunca te encontrará.
Después mostraron las grabaciones financieras, los informes falsificados y el video escondido en la estrella.
El rostro de Michael perdió por primera vez su tranquilidad.
Finalmente, Sophie entró acompañada por una especialista infantil.
El juez permitió que declarara mediante una pantalla para que no tuviera que mirar directamente a su padre.
—¿Quién te llevó a la habitación? —preguntó la fiscal.
—Mi papá.
—¿Qué te dijo?
—Que mamá no me quería y que todos creerían que ella estaba loca.
—¿Le creíste?
Sophie guardó silencio durante unos segundos.
—Al principio sí.
Laura cerró los ojos.
—Pero después recordé que mamá siempre dejaba la luz del pasillo encendida porque yo tenía miedo a la oscuridad. Supe que no me habría dejado allí.
La fiscal mostró una fotografía de las estrellas proyectadas en el techo.
—¿Por qué escondiste la tarjeta entre las estrellas?
—Porque papá nunca miraba hacia arriba.
Michael bajó la cabeza.
El jurado tardó tres horas en alcanzar un veredicto.
Culpable de todos los cargos.
El juez lo condenó a cuarenta y dos años de prisión.
Rebecca recibió dieciséis años.
Diane perdió su licencia y fue condenada por falsificación, fraude y conspiración.
Cuando los agentes se llevaron a Michael, él miró a Laura.
—Me necesitas.
Ella negó con calma.
—La mujer que te necesitaba solo existía porque tú la mantuviste drogada y asustada.
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Después tomó la mano de Sophie.
—Nosotras ya somos libres.