Capítulo 1 - La llamada de medianocheLa oficial Elena Carter llevaba casi diez horas patrullando las tranquilas calles de Cedar Falls, un pequeño pueblo del estado de Massachusetts.

A sus treinta y cuatro años, Elena era conocida por mantener la calma incluso en las situaciones más peligrosas. Tenía el cabello castaño oscuro siempre recogido en un moño firme, ojos grises y una expresión seria que hacía que la mayoría de los sospechosos dejaran de mentir antes de que ella pronunciara una sola palabra.
Aquella noche parecía tranquila.
Hasta que, a las dos y diecisiete de la madrugada, la radio de su patrulla cobró vida.
—Unidad doce, posible intrusión en una residencia de Maple Street. La propietaria informa de ruidos dentro de la habitación de su hija desaparecida.
Elena tomó el comunicador.
—Unidad doce en camino.
La casa pertenecía a Laura Hayes, una mujer rubia de treinta y nueve años que vivía con su esposo, el conocido cirujano Dr. Michael Hayes.
Según los registros policiales, la hija de Laura, Sophie, había desaparecido seis meses antes.
El caso había aparecido en todos los periódicos locales. Michael aseguró que la niña probablemente había escapado durante una crisis emocional. También declaró que su esposa sufría ansiedad severa y que no podía recordar con claridad lo ocurrido aquella noche.
Cuando Elena llegó, encontró la puerta principal abierta.
Laura apareció en el pasillo con una bata gris y los pies descalzos. Tenía el rostro pálido y las manos temblorosas.
—Gracias a Dios —dijo—. Escuché algo detrás de la pared.
—¿Hay alguien más en la casa?
—Mi esposo está trabajando en el hospital.
Elena recorrió el pasillo lentamente.
—¿Dónde escuchó el ruido?
Laura señaló una puerta blanca al final del corredor.
—En la antigua habitación de Sophie.
La habitación parecía normal: una cama vacía, algunos juguetes, fotografías familiares y un armario cerrado.
Elena revisó cada rincón.
No encontró a nadie.
—Quizá fue una tubería —sugirió.
Entonces escuchó tres golpes.
Suaves.
Deliberados.
Provenían del interior del armario.
Elena desenfundó su arma y abrió las puertas.
Solo encontró vestidos infantiles y cajas de cartón.
Pero detrás de la ropa había una pequeña manija metálica.
—¿Qué es esto? —preguntó.
Laura retrocedió.
—Nunca la había visto.
Elena tiró de la manija.
Una sección de la pared se abrió lentamente.
Detrás había una habitación estrecha iluminada por estrellas y lunas proyectadas sobre el techo.
En una esquina se encontraba una niña rubia, vestida con un pijama rosa.
Tenía las rodillas pegadas al pecho y lágrimas secas en las mejillas.
Elena reconoció su rostro inmediatamente.
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Era Sophie Hayes.
La niña desaparecida desde hacía seis meses.
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