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Capítulo 2 - La niña detrás de la paredElena guardó su arma y se arrodilló lentamente.

—Hola, Sophie. Me llamo Elena. Soy policía.

La niña no respondió.

Sus grandes ojos azules se movieron desde Elena hasta Laura.

Cuando vio a su madre, comenzó a temblar.

—Mamá…

Laura intentó entrar, pero Elena levantó una mano.

—Espere.

No sabía si Laura era una víctima, una sospechosa o ambas cosas.

La habitación oculta medía menos de tres metros cuadrados. Había un colchón fino, una botella de agua, algunas galletas y un pequeño cubo cubierto con una toalla.

No había ventanas.

La puerta solo podía abrirse desde el exterior.

Elena sintió que la rabia le quemaba el pecho, pero mantuvo la voz tranquila.

—¿Estás herida?

Sophie negó con la cabeza.

—¿Quién te encerró aquí?

La niña miró nuevamente a su madre.

—Él dijo que mamá quería olvidarme.

Laura dejó escapar un sollozo.

—No. Nunca quise olvidarte.

—¿Quién te dijo eso? —preguntó Elena.

Antes de que Sophie pudiera contestar, escucharon un automóvil detenerse frente a la casa.

Laura se volvió hacia la ventana.

—Michael.

La puerta principal se cerró de golpe.

—¡Laura! —gritó una voz masculina—. ¿Dónde estás?

Elena se levantó.

El doctor Michael Hayes apareció en el pasillo vestido con pantalones oscuros y una camisa blanca. Era un hombre alto, de cabello rubio ceniza y rostro cuidadosamente afeitado.

Su expresión cambió cuando vio la puerta secreta abierta.

Solo fue un instante.

Después volvió a mostrar preocupación.

—Oficial, ¿qué está haciendo en mi casa?

—Encontramos a su hija.

Michael fingió sorpresa.

—¿Sophie?

Se acercó, pero la niña gritó.

—¡No lo dejes entrar!

Elena se colocó entre ambos.

—Mantenga las manos donde pueda verlas.

Michael se detuvo.

—Mi esposa está enferma. Seguramente ella escondió a la niña durante uno de sus episodios.

Laura negó desesperadamente.

—Yo no sabía que esa habitación existía.

—Laura —dijo Michael con una voz suave—, has estado confundida desde que Sophie desapareció.

—¡No estoy confundida!

Elena observó al hombre.

Demasiado tranquilo.

Demasiado preparado.

—Señor Hayes, necesito que se aleje de la habitación.

Michael sonrió levemente.

—Creo que debería llamar a su superior antes de cometer un error que pueda destruir su carrera.

Elena sacó las esposas.

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—Creo que usted debería dejar de preocuparse por mi carrera.

En ese momento, todas las luces de la casa se apagaron.

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