Capítulo 3 - La casa a oscurasLa oscuridad cubrió el pasillo.

Sophie gritó.
Elena encendió la linterna de su uniforme.
Michael había desaparecido.
—Cierre la puerta de la habitación y quédese con Sophie —ordenó a Laura—. No salga hasta que yo vuelva.
—¿Y usted?
—Voy a encontrar a su esposo.
Elena avanzó por el corredor.
Conocía aquel tipo de apagón. No era una falla accidental. Alguien había desconectado el interruptor principal.
Escuchó pasos en la planta baja.
Descendió con el arma preparada.
—Michael Hayes, salga con las manos visibles.
No hubo respuesta.
Al llegar a la cocina, Elena encontró la puerta del garaje abierta.
El automóvil de Michael seguía allí.
Entonces escuchó un ruido detrás de ella.
Se giró justo cuando Michael intentó golpearla con un pesado candelabro.
Elena bloqueó el ataque con el brazo. El golpe la hizo retroceder, pero logró sujetarle la muñeca.
Michael era más fuerte de lo que parecía.
La empujó contra la mesa.
—No entiende lo que está haciendo —dijo él.
Elena le dio un rodillazo en el abdomen.
Michael soltó el candelabro.
Ella giró su brazo y lo inmovilizó contra el suelo.
—Entiendo que una niña estuvo encerrada durante meses.
—No puede demostrar que fui yo.
—Acaba de atacar a una oficial de policía.
Michael soltó una pequeña risa.
—Mi abogado dirá que entré en pánico al encontrar a una desconocida armada dentro de mi casa.
Elena le colocó las esposas.
—Entonces espero que su abogado sea muy bueno.
Cuando llegaron los refuerzos, Michael ya había recuperado su expresión respetable.
—Mi esposa necesita ayuda psiquiátrica —dijo a los agentes—. Ella construyó esa habitación durante una crisis.
Laura apareció en lo alto de las escaleras, abrazando a Sophie.
—¡Mientes!
Michael la miró con una calma aterradora.
—Cariño, no sabes lo que estás diciendo.
Sophie enterró el rostro en el pecho de su madre.
Elena comprendió entonces que el verdadero poder de Michael no era su dinero ni su reputación.
Era su capacidad para hacer que todos dudaran de Laura.
Antes de subir al coche policial, Michael miró a Elena.
—Mañana estaré libre.
—Tal vez.
—Y cuando eso ocurra, demostraré que usted traumatizó a una niña enferma y acosó a una familia respetable.
Elena se acercó.
—Su hija no está enferma.
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Después señaló la habitación oculta.
—Y las paredes siempre guardan algo.
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