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Capítulo 5 - El teléfono rojoSophie explicó que, antes de desaparecer, había recibido un pequeño teléfono rojo como regalo de su abuela.

Michael se lo había quitado cuando la encerró.

Pero la niña logró recuperarlo durante uno de los momentos en los que él entró para dejarle comida.

—Lo escondí debajo del colchón —dijo Sophie—. Intenté llamar a mamá, pero no tenía señal.

Elena regresó a la habitación secreta.

Debajo del colchón encontró el teléfono.

La batería estaba agotada, pero los especialistas forenses lograron recuperar varios archivos.

Sophie había grabado algunos de los momentos en que Michael entraba.

En el primer audio, se escuchaba la voz del hombre.

—Tu madre no quiere verte. Dice que arruinaste nuestra familia.

—Eso no es verdad —respondía Sophie.

—Lo entenderás cuando seas mayor.

En otra grabación, Michael hablaba por teléfono con una mujer.

—Laura ya no distingue los sueños de la realidad —decía—. Unas semanas más y firmará todo lo que necesitemos.

Elena identificó a la mujer.

Era Rebecca Stone, directora financiera de una fundación médica administrada por Michael.

La investigación reveló que millones de dólares habían desaparecido de aquella organización.

Sophie había visto a Michael entregando documentos y dinero a Rebecca. La niña amenazó con contárselo a su madre.

Por eso Michael decidió hacerla desaparecer.

No podía matarla sin despertar sospechas.

En cambio, la encerró y construyó una historia en la que la niña había escapado debido a la supuesta inestabilidad de Laura.

Su plan era mantenerla oculta hasta que pudiera trasladarla fuera del país.

La noche en que Elena llegó, Michael ya había preparado documentos falsos con una nueva identidad para Sophie.

Michael fue acusado formalmente de secuestro, abuso infantil, fraude, administración ilegal de medicamentos y agresión a una oficial.

Sin embargo, su abogado consiguió que quedara temporalmente en libertad bajo una fianza millonaria.

Tal como había prometido, salió al día siguiente.

Los periodistas lo esperaban frente al tribunal.

—Soy un padre inocente —declaró—. Mi esposa necesita tratamiento y una policía ambiciosa ha utilizado a mi hija para llamar la atención.

La opinión pública comenzó a dividirse.

Algunos creían las pruebas.

Otros confiaban más en el famoso cirujano.

Aquella noche, Elena recibió una llamada de Laura.

Su voz temblaba.

—Michael está frente a la casa.

—No abra la puerta.

—Dice que solo quiere hablar con Sophie.

Elena tomó las llaves de su patrulla.

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—Aléjese de las ventanas. Estoy en camino.

Entonces escuchó un cristal romperse al otro lado de la línea.

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