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EL NIÑO QUE NADIE ESCUCHABA / Chapter 14 / 20

Chapter 14 - Los nombres que Victor quiso ahogar

La sala de control estaba suspendida sobre seis turbinas.

Debajo, el agua golpeaba con una fuerza capaz de hacer vibrar el suelo. Viejos monitores mostraban la presión, la temperatura y la velocidad de los generadores.

En el centro había una terminal moderna conectada a un servidor aislado.

Marisol estaba atada frente a ella.

Tenía cincuenta y seis años, cabello oscuro con mechones blancos y un rostro mucho más delgado que en la fotografía. Cuando vio a Julia, comenzó a llorar.

—Lo siento.

Julia se detuvo a varios metros.

—No sé qué decirte.

—No tienes que decir nada.

Victor caminó alrededor de ambas.

—Qué decepcionante. Esperaba una reunión más emotiva.

Lucas observó la pulsera sobre la mesa.

—Déjalas ir.

—La pulsera abre el archivo. Marisol conoce la ruta interna. Julia controla las cuentas donde debe copiarse.

—¿Y yo?

—Tú introducirás la secuencia.

Camila escuchaba mediante el transmisor de Julia.

Irene y sus agentes esperaban junto a las entradas inferiores, pero Victor había colocado sensores de presión. Si demasiadas personas cruzaban, activaría la sobrecarga.

—Necesitamos distraerlo —susurró Camila.

Adrian estaba junto a ella.

—Charles dijo que la secuencia segura comienza con azul, blanco y rojo.

Lucas recibió el mensaje en el auricular.

Victor colocó la pulsera frente a él.

—Introduce los colores de izquierda a derecha.

Lucas vio la primera cuenta.

Roja.

La segunda blanca.

La tercera azul.

Era la secuencia de destrucción.

—Esta no abre el archivo.

Victor levantó un arma.

—Tu madre creó el patrón.

—Mi madre lo dibujó empezando desde el otro extremo.

El abogado miró la pulsera.

Lucas tenía razón.

Podía introducirse en dos direcciones.

—Entonces hazlo correctamente.

—Primero libera a Marisol.

Victor apoyó el arma contra la cabeza de la mujer.

—Hazlo.

Julia miró a su madre biológica.

—¿Sabías quién era yo?

—Sí.

—¿Durante cuánto tiempo?

—Desde siempre.

—¿Por qué nunca intentaste verme?

—Lo intenté. Victor amenazó con ingresarte en Black Harbor si me acercaba.

—¿Y le creíste?

Marisol cerró los ojos.

—Sí.

—¿Nunca pensaste que podía estar mintiendo?

—Pensaba en ti cada día.

—No es lo que he preguntado.

—Tenía miedo.

Julia apretó los labios.

—Todos tenían miedo y yo crecí dentro de una historia falsa.

Victor sonrió.

—¿Ves? No existe una reunión capaz de reparar el abandono.

Marisol lo miró.

—Tú me obligaste a entregarla.

—Firmaste los documentos.

—Después de que amenazaras con matarla.

—Siempre hay una amenaza. La decisión continúa siendo tuya.

Julia observó a Victor.

El hombre utilizaba la responsabilidad de forma inversa. Obligar a alguien y después recordar que técnicamente había elegido.

—Entonces también elegiste asesinar a Elena —dijo.

Victor dejó de sonreír.

—Elena provocó el accidente al negarse a detenerse.

—Elegiste sabotear el automóvil.

—No puedes demostrarlo.

Lucas levantó el teléfono oculto bajo la manga.

—Acabas de responder como si supieras exactamente qué ocurrió.

Victor disparó.

La bala golpeó el teléfono.

Lucas cayó hacia atrás.

Julia gritó.

El adolescente tenía una herida superficial en el brazo, pero continuaba consciente.

Irene ordenó a los agentes prepararse.

Victor tomó la pulsera.

—Yo mismo introduciré la secuencia.

Marisol comenzó a luchar contra las correas.

—¡No!

—Siempre fuiste demasiado sentimental.

Colocó la primera cuenta frente al lector.

Roja.

El sistema la aceptó.

Después blanca.

Una alarma comenzó a sonar.

—Está activando la sobrecarga —dijo Adrian.

Camila buscó una forma de bloquearla desde fuera.

El servidor no estaba conectado a internet, pero los monitores de las turbinas sí.

—Puedo cerrar el flujo de agua —dijo.

—Eso puede inundar la sala —respondió un ingeniero.

—¿Cuánto tiempo tenemos?

—Cuatro minutos antes de que las turbinas se rompan.

Victor introdujo la tercera cuenta.

Azul.

La pantalla mostró:

PROTOCOLO DE PURGA INICIADO.

Las compuertas comenzaron a cerrarse.

El agua se acumuló detrás de la presa.

Marisol consiguió liberar una mano. Tomó la pulsera y la lanzó hacia Julia.

Victor la golpeó.

Julia atrapó la cinta.

—¡Al revés! —gritó Lucas.

Julia colocó la cuenta azul.

El sistema rechazó el nuevo patrón porque la purga ya estaba activa.

Necesitaba una autorización de administrador.

Victor era el único registrado.

Marisol miró a su hija.

—Su huella.

Julia comprendió.

Victor la había registrado como beneficiaria de sus cuentas. Podía existir una autorización secundaria.

Colocó la mano.

DESCENDIENTE DEL ADMINISTRADOR CONFIRMADA.

Victor quedó inmóvil.

—No.

La terminal solicitó una declaración.

—Di que aceptas la herencia —ordenó Marisol.

Julia miró las cuentas, el archivo y al hombre que acababa de revelarse como su padre.

—No quiero nada suyo.

—No tienes que conservarlo —dijo Camila mediante el auricular—. Acéptalo para detener el sistema y después entrégalo a las víctimas.

Julia apoyó la mano.

—Acepto temporalmente la autoridad financiera de Victor Crane con el único propósito de impedir la destrucción de los archivos y devolver los fondos obtenidos ilegalmente.

La pantalla procesó la frase.

Victor corrió hacia ella.

Lucas se interpuso y recibió un golpe.

Marisol tomó el arma caída.

Apuntó hacia Victor.

Sus manos temblaban.

—No te acerques.

—No dispararás.

—Me mantuviste encerrada veintisiete años.

—Y no disparaste ninguna de las veces que tuviste oportunidad.

—Porque creía que Julia moriría.

Victor sonrió.

—Todavía puede morir.

Marisol bajó ligeramente el arma.

Julia la miró.

—No necesitas matarlo para demostrar que me quieres.

La frase rompió algo dentro de la mujer.

Marisol dejó el arma sobre el suelo.

Victor se lanzó hacia ella.

Los agentes entraron.

Irene derribó al abogado antes de que alcanzara a Julia.

Camila completó el cierre de emergencia.

La presión descendió.

Las turbinas comenzaron a detenerse.

La purga fue cancelada cuando faltaban once segundos.

El archivo se abrió.

Miles de nombres aparecieron en las pantallas.

Jueces.

Médicos.

Policías.

Abogados.

Empresarios.

Directores de hospitales.

También miembros de la familia Whitmore.

Cada nombre incluía pagos, órdenes y pacientes afectados.

Victor permanecía esposado sobre el suelo.

—Si publicáis eso, destruiréis vidas inocentes —dijo.

Lucas presionó una gasa contra su brazo.

—También contiene los nombres de las vidas que ya destruisteis.

Irene copió el archivo a servidores federales.

Julia observó la sección relacionada con las cuentas de Victor.

Era legalmente beneficiaria de más de doscientos millones.

—¿Qué ocurrirá con esto? —preguntó.

Camila respondió:

—Tú decidirás después de recibir asesoramiento independiente.

—Quiero entregarlo.

—Puedes hacerlo. Pero no tienes que decidirlo dentro de la habitación donde acabas de descubrir quién es tu padre.

Julia miró a Marisol.

—Tampoco sé quién es mi madre.

Marisol aceptó el golpe.

—Podemos conocernos si algún día quieres.

—No hoy.

—Lo entiendo.

William entró cuando los sensores fueron desactivados.

Encontró a Emily junto a los médicos en el exterior. Ella todavía no podía llamarlo padre ni aceptar un abrazo.

Pero permitió que se sentara cerca.

Lucas entregó la pulsera a Irene.

—Ya no quiero guardarla.

—Es evidencia.

—Bien.

El adolescente miró las turbinas detenidas.

Su madre convirtió un juguete infantil en una llave capaz de devolver dinero y revelar nombres.

Victor quiso convertirla en un arma.

Ahora sería guardada dentro de un tribunal, no alrededor de la muñeca de otro niño.

Al salir de la central, Julia se detuvo frente a Victor.

—¿Alguna vez me buscaste porque me querías?

Él levantó la cabeza.

—Construí cuentas para ti.

—No he preguntado por dinero.

Victor no respondió.

Julia comprendió.

Para él, preparar una herencia era la forma más cercana de amor que conocía.

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Se marchó sin llamarlo padre.

Detrás de ella, los agentes llevaron al hombre hacia una prisión de la que sus documentos ya no podrían liberarlo.

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