Chapter 12 - La hija de Victor Crane

El primer disparo alcanzó a Charles en el abdomen.
El patriarca cayó detrás de una fila de sillas, apretando ambas manos contra la herida. Victor intentó disparar nuevamente, pero Lucas empujó la mesa del ordenador contra él.
El arma se deslizó por el suelo.
Camila corrió hacia Julia.
La bomba de infusión continuaba administrando un sedante. Arrancó el tubo y presionó una gasa contra el brazo de su prima.
—¿Puedes caminar?
—Creo que sí.
Lucas tomó la mochila con la pulsera y el acceso al fondo.
Las puertas del auditorio comenzaron a cerrarse.
Irene y sus agentes entraron antes de que descendieran completamente. Dos quedaron fuera.
—¡Victor está activando una demolición! —gritó Camila.
El abogado se levantó y corrió hacia una puerta de servicio.
Adrian intentó perseguirlo.
Irene lo detuvo.
—Primero los rehenes.
—Si escapa, volverá a hacerlo.
—Si el edificio cae, no habrá nadie para detenerlo después.
Adrian miró a Charles.
Su padre estaba en el suelo.
Durante toda su vida había visto a aquel hombre dominar habitaciones enteras con una sola mirada. Ahora parecía pequeño, envejecido y sorprendido de que una bala pudiera atravesarlo como a cualquier otra persona.
—Ayúdame —dijo Charles.
Adrian permaneció inmóvil.
Rachel apareció desde el corredor subterráneo acompañada por Sofía, William y Emily.
Cuando William vio a su hija, se detuvo.
Emily caminaba apoyada sobre Sofía. Tenía dificultad para mantener los ojos abiertos debido a años de medicación.
—Emily.
Ella levantó la cabeza.
No pareció reconocerlo.
William se acercó lentamente.
—Soy tu padre.
La mujer retrocedió.
—Mi padre dejó de buscarme.
La frase destruyó cualquier posibilidad de una reunión fácil.
—Nunca dejé de buscarte.
—Entonces tardaste veinticinco años.
William comenzó a llorar.
—Sí.
No intentó tocarla.
Las alarmas aumentaron.
Sofía había encontrado los planos del sistema de eliminación. El protocolo no utilizaba explosivos principales. Liberaba gases inflamables en las zonas de archivo y activaba incendios simultáneos.
—Tenemos ocho minutos —dijo.
Rachel sostenía una pequeña caja metálica.
—Los registros originales están aquí.
Charles levantó la cabeza.
—Dámelos.
Rachel lo miró.
—Incluso sangrando, continúas creyendo que puedes dar órdenes.
—Esos archivos contienen información médica privada.
—Contienen pruebas de secuestros.
—También destruirán reputaciones de personas que ya pagaron.
—¿Quién decidió que pagaron suficiente? ¿Tú?
Adrian se arrodilló junto a su padre.
—La herida es grave.
—Sácame.
—Confiesa.
Charles lo miró con incredulidad.
—¿Ahora?
—Ahora que no puedes comprar tiempo.
—Soy tu padre.
—Y Rachel era mi esposa. Noah es mi hijo. Miles de pacientes eran personas. Siempre utilizabas la relación que te convenía en el momento exacto.
Charles comenzó a respirar con dificultad.
—No ordené todo.
—Entonces dime qué ordenaste.
Irene activó una grabadora.
El patriarca miró alrededor.
No tenía abogados.
Victor había huido.
Las llamas comenzarían pronto.
—Firmé las primeras tutelas —admitió—. Victor diseñó el sistema financiero. Yo autoricé los traslados de Rachel, Sofía, Henry Lawson y otros pacientes.
—¿Ordenaste matar a Elena Ward? —preguntó Lucas.
Charles observó al adolescente.
—El accidente debía detener el automóvil.
—¿Quién decidió que muriera?
—Victor.
—¿Intentaste impedirlo?
Charles no respondió.
Lucas apretó los puños.
—Entonces elegiste que no importara.
La estructura del edificio tembló.
Irene ordenó moverlo.
Dos agentes levantaron a Charles sobre una camilla improvisada.
Mientras salían, Julia se detuvo.
—Victor conoce una ruta que no aparece en estos planos.
Sofía la miró.
—¿Cómo lo sabes?
—Durante el traslado me dijo que él había rediseñado la clínica cuando era joven. Hay un túnel hacia el antiguo depósito de agua.
—Puede escapar por el bosque —dijo Irene.
Camila miró a Julia.
Su prima estaba pálida, pero completamente consciente.
—¿Te contó algo más?
—Dijo que, cuando recuperara el fondo, podríamos desaparecer juntos.
—¿Tú qué respondiste?
Julia soltó una risa amarga.
—Le pregunté por qué creía que compartir ADN me convertiría en cómplice.
Una explosión secundaria sacudió el corredor.
El grupo avanzó hacia la salida norte.
Emily comenzó a desorientarse.
—Tenemos que volver —dijo—. Las enfermeras se enfadarán.
Sofía tomó su mano.
—Ya no trabajas para ellas.
—Me dijeron que estaba enferma.
—Estabas medicada para que pareciera cierto.
—¿Cómo sabes la diferencia?
Sofía mostró las cicatrices de sus muñecas.
—Porque me hicieron lo mismo.
Emily permitió que la guiara.
Al llegar al vestíbulo, encontraron la puerta bloqueada por una persiana de acero.
El panel exigía una autorización del director médico.
Victor había eliminado todos los accesos.
Charles, desde la camilla, comenzó a reír débilmente.
—Jonathan instaló una salida manual.
—¿Dónde? —preguntó Adrian.
—Debajo del símbolo de la familia.
En el suelo del vestíbulo había un mosaico con una letra W.
Lucas y Camila retiraron la pieza central.
Debajo había una palanca.
Adrian la accionó.
La persiana subió apenas un metro.
Los agentes ayudaron a las personas a salir.
Primero Emily y William.
Después Julia, Sofía, Rachel y Lucas.
Camila se quedó junto a Adrian para ayudar a Charles.
El patriarca los miró.
—Podríais dejarme.
Adrian sostuvo la camilla.
—No.
—Después de todo lo que hice.
—Salvarte no significa perdonarte.
Camila levantó el otro lado.
—Significa que no tendrás un incendio para evitar el juicio.
Salieron segundos antes de que el vestíbulo se llenara de fuego.
En el exterior, médicos atendieron a Charles y Emily.
Irene recibió información de los equipos desplegados en el bosque.
Habían encontrado el túnel.
Victor no estaba.
Julia observó la línea de árboles.
—Irá hacia las cuentas secundarias.
Camila negó.
—Están congeladas.
—No necesita dinero para escapar. Necesita una identidad.
—¿Cuál?
Julia recordó una carpeta que Victor le mostró.
—Preparó documentos para vivir como Victor Reyes.
El mismo apellido falso utilizado para retirarla del hospital.
—Puede presentarse como tu padre —dijo Camila.
—Legalmente ha creado suficientes registros para demostrarlo.
Irene ordenó alertar fronteras y aeropuertos.
Lucas revisó la mochila.
La pulsera no estaba.
—Victor la tomó durante el apagón.
Camila miró hacia la clínica en llamas.
Sin la pulsera, no podía abrir el fondo, porque el acceso ya había sido utilizado y congelado.
Entonces comprendió.
Victor no quería únicamente la contraseña.
La pulsera contenía una segunda secuencia que Elena nunca explicó.
En las grabaciones, aparecía tocando las cuentas de colores mientras decía:
—Esta parte no abre el dinero. Abre los nombres.
La lista completa de jueces, médicos y socios de Whitmore no estaba en Black Harbor ni en la clínica.
Elena la había escondido en otro servidor.
Victor acababa de llevarse la única clave.
Julia se sentó dentro de una ambulancia.
—Sé adónde irá.
—¿Dónde? —preguntó Irene.
—A la casa de mi madre biológica.
Marisol Reyes no había muerto durante el parto.
Victor la mantuvo durante años dentro de una residencia en Massachusetts. Después afirmó que murió durante un incendio.
—¿Crees que sigue viva? —preguntó Camila.
Julia cerró los ojos.
—Victor dijo que me ocultó porque Marisol intentó robarle algo.
—La lista de nombres.
—Sí.
Julia miró el fuego.
—Si la pulsera abre el archivo, mi madre ayudó a Elena a esconderlo.
Victor no estaba huyendo.
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Se dirigía hacia la última mujer capaz de demostrar que él había construido la red junto a Charles.
Y Julia acababa de descubrir que quizá tenía una madre viva a la que nunca le permitieron conocer.