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Capítulo 7 - La segunda gala

Tres días después, la mansión volvió a llenarse de invitados.

Pero aquella noche Emma no llevaba uniforme.

Vestía un traje azul oscuro, el cabello recogido y unos pendientes que habían pertenecido a su abuela.

Muchas personas la reconocieron.

Algunas bajaron la mirada.

Otras se acercaron para disculparse por haber aceptado la acusación sin escucharla.

Emma no necesitaba sus disculpas.

Necesitaba que recordaran lo rápido que habían decidido quién era culpable.

Sebastian subió al escenario.

—Hace tres noches, una mujer inocente fue acusada de robo en esta sala. Esta noche entregaremos a los investigadores pruebas de un fraude cometido contra la Fundación Hawthorne.

La noticia produjo murmullos.

Desde el fondo del salón, Vivienne apareció con un vestido rojo.

Su abogado caminaba junto a ella.

—Sigo siendo directora de la fundación hasta que el consejo vote lo contrario —anunció—. Tengo derecho a estar aquí.

Sebastian no pidió que la expulsaran.

—Puedes quedarte.

Vivienne miró a Emma.

—Te gusta la atención.

—Prefería mi vida antes de que pusieras un collar en mi bolso.

—No podrás demostrar que robé nada.

—Entonces no debería preocuparte lo que contienen los archivos.

Vivienne sonrió.

—No me preocupa.

Sin embargo, durante el discurso de Sebastian, salió del salón.

Nathan la siguió mediante las cámaras.

Vivienne se dirigió al despacho del segundo piso.

Allí encontró una caja fuerte abierta.

Dentro había una carpeta marcada como AUDITORÍA ORIGINAL.

Cuando tomó la carpeta, las luces se encendieron.

Emma estaba en la puerta.

—Sabía que vendrías.

Vivienne sostuvo los documentos.

—Esto no demuestra nada. Como directora, puedo revisar los archivos.

—Esos papeles están en blanco.

La sonrisa desapareció de su rostro.

Emma levantó un teléfono.

—Pero la cámara que te grabó entrando funciona perfectamente.

Vivienne avanzó hacia ella.

—¿Crees que has ganado porque Sebastian siente culpa por una criada?

—No necesito que sienta culpa.

—Personas como tú siempre necesitáis a alguien poderoso que os abra una puerta.

Emma no retrocedió.

—Y personas como tú creen que ser ricas significa que todas las puertas les pertenecen.

Un ruido surgió detrás de Emma.

Charles Voss apareció desde el pasillo de servicio.

Antes de que pudiera reaccionar, la sujetó por el brazo y le quitó el teléfono.

Vivienne cerró la puerta.

—Te advertí que devolvieras los archivos.

Charles empujó a Emma contra el escritorio.

—¿Dónde está la memoria?

Emma miró hacia la cámara situada sobre la estantería.

Vivienne siguió su mirada.

Entonces tomó una pesada estatua de bronce.

—Destrúyela.

Charles golpeó la cámara.

La luz roja se apagó.

Vivienne sonrió.

—Ahora nadie verá lo que ocurra aquí.

Emma respiró profundamente.

—Eso mismo dijiste la primera vez.

Después presionó el botón oculto de su reloj.

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Todas las pantallas del salón principal se encendieron.

La transmisión del despacho apareció ante los invitados.

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