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Capítulo 6 - La mujer que se negó a huir

Sebastian ofreció trasladar a Emma y a su madre a una propiedad segura.

—Vivienne ya intentó destruir tu vida una vez —dijo—. No podemos subestimarla.

—No quiero pasar el resto de mi vida escondiéndome.

—Esto no se trata de orgullo.

—No. Se trata de que ella cree que puede comprar silencio.

Emma entregó la amenaza a la policía, pero el sobre no contenía huellas.

Después revisó nuevamente los documentos de la fundación.

Descubrió que Silver Crown no solo había recibido pagos por eventos inexistentes. También había comprado una pequeña propiedad cerca del puerto de Gloucester.

Nathan investigó el lugar.

Era un almacén alquilado por una empresa vinculada al antiguo director financiero de la fundación, Charles Voss.

Charles había renunciado dos días después de la gala.

Cuando la policía llegó a su apartamento, estaba vacío.

Emma, Sebastian y Nathan viajaron al almacén acompañados por agentes.

Dentro encontraron cajas con facturas, teléfonos desechables y obras de arte robadas.

Pero no había ningún collar.

En una oficina trasera, Emma vio varias fotografías de la mansión Hawthorne.

Una mostraba el despacho de Sebastian.

Otra mostraba a Margaret entrando en un banco.

Una tercera mostraba a Emma junto a su madre.

No se trataba únicamente de fraude.

Vivienne y Charles habían vigilado a cualquier persona que pudiera descubrirlos.

Nathan encontró un calendario.

Una fecha estaba marcada con tinta roja: la próxima gala de la Fundación Hawthorne.

Al lado aparecían dos palabras:

Transferencia final.

La gala se celebraría en tres días.

Sebastian quería cancelarla.

Emma se opuso.

—Vivienne espera que lo hagas.

—Está en libertad y puede aparecer.

—Precisamente por eso debemos mantener el evento.

Emma propuso anunciar públicamente que los archivos originales del fraude serían entregados a los auditores durante la gala.

En realidad, las copias estarían guardadas en otro lugar.

—Vivienne intentará recuperarlos —dijo—. O enviará a Charles.

—Es demasiado peligroso.

—La primera vez eligió el lugar, la historia y la persona a la que todos debían creer.

Emma miró el salón donde había sido humillada.

—Esta vez nosotros elegiremos el escenario.

Sebastian aceptó con una condición: Emma no estaría sola en ningún momento.

La noche anterior al evento, Margaret le entregó un uniforme nuevo.

—No tienes que trabajar durante la gala —dijo.

Emma observó el vestido sencillo que había comprado con sus ahorros.

—No asistiré como empleada.

—¿Entonces como qué?

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Emma guardó la memoria con las pruebas en su bolso.

—Como la mujer a la que intentaron silenciar.

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