Capítulo 9 - El segundo accidente

El mensaje cambió los protocolos de seguridad.
Evelyn quería que Isabella se mudara a un lugar desconocido.
Ortiz quería vigilancia las veinticuatro horas.
Claire quería que abandonara temporalmente cualquier aparición pública.
Isabella aceptó dos de las tres cosas.
—No voy a esconderme —dijo.
—Alguien acaba de demostrar que puede entrar en tu coche —respondió Claire.
—Y si desaparezco, Victoria gana la narrativa. Dirá que estoy inestable, enferma, incapaz.
Evelyn suspiró.
—A veces odio cuando tienes razón.
La auditoría forense avanzó rápidamente.
Encontraron más de ciento veinte millones de dólares desviados durante ocho años mediante contratos falsos.
Thomas Hart había autorizado muchos pagos.
Victoria había recibido comisiones indirectas a través de sociedades en Delaware y las Islas Caimán.
Cross aparecía como consultor médico en varias operaciones.
Pero había una cuenta diferente.
Una transferencia de dos millones realizada seis meses antes del accidente a una empresa llamada North Lake Transport.
El propietario registrado era Daniel Álvarez.
Sofía confirmó que su padre jamás vio ese dinero.
La empresa había sido creada con su identidad sin que él lo supiera.
Alguien la utilizó para disfrazar pagos mayores.
—Entonces Daniel también fue utilizado —dijo Isabella.
—Fue culpable de provocar el choque —respondió Ortiz—. Pero alguien necesitaba que pareciera el principal beneficiario si todo salía mal.
—Un chivo expiatorio.
—Exactamente.
La investigación bancaria llevó a otro nombre: Marcus Vale, antiguo jefe de seguridad de Cole Strategic Partners.
Vale había desaparecido la misma semana que Thomas.
Los agentes creían que trabajaban juntos.
Tres días después, Isabella salió del centro de rehabilitación acompañada por dos agentes.
Su progreso había mejorado. Podía caminar unos veinte metros con un bastón antes de necesitar descanso.
Mientras se acercaban al vehículo, un SUV gris apareció desde una calle lateral.
Aceleró.
Ortiz gritó.
Uno de los agentes empujó la silla vacía hacia el lado y tiró de Isabella contra una columna.
El SUV subió a la acera y chocó contra una jardinera de piedra.
El conductor salió corriendo.
La policía lo detuvo dos calles después.
No era Marcus Vale.
Era un joven de veinticuatro años llamado Kevin Dorsey.
Tenía antecedentes menores y una deuda de cuarenta mil dólares.
La historia se repetía.
Alguien había pagado a una persona vulnerable para provocar otro “accidente”.
En su teléfono encontraron mensajes de un número prepago.
“Solo asústala.”
Isabella sintió una rabia helada al leerlo.
Las mismas palabras utilizadas con Daniel.
Los mismos métodos.
Ortiz rastreó la compra de la tarjeta a una gasolinera. Las cámaras mostraron a Marcus Vale.
Ahora tenían una conexión directa entre el intento reciente y el antiguo jefe de seguridad de Victoria.
La fiscalía emitió órdenes federales.
Los medios cambiaron de tono.
Ya no hablaban de una novia emocional abandonada en el altar.
Hablaban de un posible esquema de fraude, intento de asesinato y manipulación médica.
Victoria apareció en televisión con su abogado.
—Mi familia está siendo perseguida por una campaña de venganza —dijo—. Isabella está explotando una tragedia personal para destruir a personas que la amaron.
Isabella vio la entrevista desde su casa.
Claire apagó el televisor.
—No entiendo cómo puede decirlo con esa calma.
—Porque lleva años practicando.
Esa noche, Ethan llamó desde un número nuevo.
—Mi madre va a huir.
Isabella se incorporó.
—¿Cómo lo sabes?
—Escuché a su abogado hablar de un avión privado.
—¿Dónde?
—Providence. Mañana por la noche.
—¿Por qué me lo dices?
—Porque quiero un acuerdo.
Isabella cerró los ojos.
Incluso ahora.
Todo era transacción.
—Habla con la fiscalía.
—No confío en ellos.
—Ese es tu problema.
—Isa, escucha. Mi madre tiene algo de tu padre.
Isabella se quedó quieta.
—¿Qué?
—Una grabación de seguridad de la noche que murió.
—¿Cómo lo sabes?
—La vi hace años. Thomas entrando al despacho.
—¿Y la guardó?
—Como seguro contra él.
Isabella sintió que el corazón se aceleraba.
—¿Dónde está?
—En una caja privada en el hotel Beaumont.
—Número.
—No hasta que tenga garantías.
Isabella apretó la mandíbula.
—Mi padre está muerto porque ustedes negociaban con la vida de la gente como si fueran contratos.
—Yo no lo maté.
—No. Solo construiste una vida encima de su cadáver.
Colgó.
Después llamó a Ortiz.
La policía consiguió una orden para registrar las cajas privadas del hotel.
La grabación existía.
Mostraba a Thomas Hart entrando al despacho de Richard a las 19:42.
A las 20:15 salía.
A las 21:03, Richard aparecía en el pasillo, se llevaba una mano al pecho y regresaba tambaleándose al despacho.
Pero había algo más.
A las 18:58, antes de Thomas, otra persona había entrado.
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Victoria Cole.
Y llevaba en la mano una pequeña bolsa de farmacia.