Chapter 7 - La gala de los hombres intocables

Nolan Kelleher celebraba cada otoño una gala benéfica en el Hotel Argent.
Oficialmente, recaudaba fondos para viviendas de emergencia.
Mara casi se rio cuando leyó el lema de aquel año:
**NADIE DEBE QUEDARSE SIN HOGAR.**
—Tiene sentido del humor —dijo.
Adrian no encontró gracia.
La orden del juez Eddowes seguía activa. Si Mara aparecía públicamente, la policía podía intentar llevarla a “evaluación protectora”. Claire Donovan trabajaba para impugnarla, pero necesitaban tiempo.
Mara decidió utilizarlo.
No asistiría como Mara.
Nina Calder, una maquilladora de The Monarch, cambió su cabello, cubrió los hematomas y le dio gafas oscuras de montura gruesa. Mara se presentó como asesora financiera de un fondo invitado.
Adrian acudió por separado.
Cuando entró, la conversación disminuyó durante un segundo.
El hombre tenía ese efecto.
Nolan, en cambio, sonrió como si recibiera a un viejo amigo.
—Adrian.
—Nolan.
Se estrecharon la mano.
Mara observó desde veinte metros.
Ver a Nolan libre, elegante, rodeado de políticos y periodistas, le revolvió el estómago.
Durante diecinueve días ella había aprendido el sonido de sus pasos acercándose por un pasillo cerrado.
Ahora cientos de personas buscaban una fotografía con él.
La ira casi la hizo cometer un error.
Adrian pasó cerca y murmuró sin mirarla:
—Respira.
Mara lo hizo.
La operación tenía un objetivo concreto: conseguir que Nolan hablara con Eddowes y Preston Hale en un espacio donde los tres creyeran estar seguros.
Silas había proporcionado información sobre una sala privada detrás del salón principal.
Dominic colocó un dispositivo de grabación legalmente autorizado con apoyo federal.
La espera duró dos horas.
Finalmente Nolan entró en la sala con Eddowes y Hale.
Mara escuchó desde un receptor oculto.
Eddowes estaba furioso.
—La orden no servirá si ella aparece con abogados.
Nolan respondió:
—No aparecerá.
Hale preguntó:
—¿Estás seguro de que sigue viva?
Silencio.
Después Nolan:
—Si está viva, Vale la tiene.
Mara sintió frío.
Eddowes bajó la voz.
—Esto ya es demasiado grande. Los federales están preguntando por Vesper.
—Entonces asegúrate de que no lleguen a los expedientes antiguos —dijo Nolan.
—¿Gabriel Vale?
Mara miró a Adrian.
Él estaba escuchando desde otra habitación.
Nolan respondió:
—Gabriel lleva años muerto. Lo importante es que el testigo siga lejos.
Hale dijo:
—Mercer ha desaparecido de Quebec.
Hubo una pausa.
Nolan soltó una maldición.
Entonces pronunció la frase que todos necesitaban.
—Os pagué precisamente para que personas como Mercer y Ellison no llegaran nunca a una sala de juicio.
Claire Donovan levantó la cabeza.
La grabación ya era suficiente para órdenes de registro mucho más amplias.
Pero Mara no se marchó.
Vio a Nolan salir de la sala y dirigirse al escenario.
Comenzó su discurso sobre dignidad y hogares seguros.
Mara sintió que algo se rompía dentro de ella.
No miedo.
Silencio.
Se quitó las gafas.
Adrian la vio desde el otro lado del salón.
Negó una vez.
No porque quisiera controlarla.
Porque el plan no incluía aquello.
Mara caminó hacia el escenario.
Un fotógrafo la reconoció primero.
—¿Mara Ellison?
Las cabezas se giraron.
Nolan dejó de hablar.
Mara avanzó hasta quedar frente a él.
El salón entero se quedó en silencio.
Nolan recuperó rápidamente su expresión de preocupación.
—Mara. Gracias a Dios.
Intentó acercarse.
Ella levantó una mano.
—No me toques.
Las cámaras comenzaron a disparar.
Nolan sonrió con tristeza estudiada.
—Todos estábamos preocupados por ti.
—¿También cuando ordenaste que me llevaran al río?
El murmullo atravesó el salón.
Nolan se quedó inmóvil durante una fracción de segundo.
Luego sonrió.
—Está confundida. Necesita atención médica.
Mara esperaba esa frase.
Sacó del bolso el informe de Evelyn y otro de un hospital independiente, ambos documentando lesiones y confirmando que estaba plenamente orientada y competente.
—Dos médicos discrepan contigo.
Entonces aparecieron agentes federales.
No para arrestar a Nolan todavía.
Para ejecutar órdenes de registro en Kelleher Holdings, Vesper Investigations y la oficina del juez Eddowes.
El rostro de Nolan cambió por primera vez.
No mucho.
Pero Mara lo vio.
Miedo.
Adrian se acercó y se detuvo a su lado.
Nolan lo miró.
—Has cometido un error.
Adrian respondió:
—No. Tú lo cometiste cuando dejaste a una testigo sangrando frente a mi puerta.
Mara corrigió:
—No.
Ambos hombres la miraron.
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Ella sostuvo los ojos de Nolan.
—Su error fue creer que yo necesitaba morir para dejar de ser peligrosa.