Chapter 5 - El traidor de The Monarch

Adrian no arrestó a Silas.
No lo golpeó.
No lo amenazó.
Hizo algo que a Mara le pareció mucho más peligroso.
Fingió no saber nada.
Silas llegó a The Monarch a las nueve de la mañana siguiente como todos los días. Revisó entregas. Saludó a seguridad. Tomó café en la cocina. Firmó facturas.
Adrian lo observó desde una cámara privada.
—¿Cuánto tiempo puedes hacer esto? —preguntó Mara.
—El suficiente.
—¿Para qué?
—Para descubrir qué sabe Nolan.
Dominic quería detenerlo de inmediato.
Adrian no.
Si Silas era el canal, podían alimentarlo.
Mara comprendió la estrategia, pero no le gustó.
—Estás usando a todos los que trabajan aquí como cebo.
Adrian giró hacia ella.
—No.
—Si Silas cree que yo estoy en la casa segura y Nolan manda hombres…
—La casa ya está vacía.
—¿Y si cambia de objetivo?
Adrian calló.
Mara dio un paso más cerca.
—Eso es lo que hacen hombres como Nolan. Cuando no pueden alcanzar a la persona, alcanzan a quien la rodea.
Adrian pensó en Leah.
La hermana de Mara había sido trasladada discretamente a casa de una amiga bajo vigilancia.
Después pensó en Dominic.
En Evelyn.
En todo el personal del club.
—Tienes razón —dijo finalmente.
Mara pareció sorprendida.
Adrian llamó a Dominic.
—Reduce personal. Solo equipo esencial. Quiero que cada empleado sepa que puede marcharse con sueldo completo hasta que esto termine.
Dominic asintió.
—¿Silas?
—Se queda.
A mediodía, Adrian organizó una conversación falsa dentro de una sala donde sabía que Silas tenía acceso indirecto a los micrófonos de seguridad.
Habló con Dominic sobre un supuesto traslado de Mara a una finca en Green Hollow.
La información era mentira.
Cuatro horas después, dos vehículos vinculados a Kelleher Security aparecieron cerca de Green Hollow.
Prueba suficiente para confirmar la filtración.
Pero Adrian todavía no actuó.
Esa noche llamó a Silas a su despacho.
—Necesito un favor.
Silas parecía tranquilo.
—Lo que sea.
—Quiero que lleves un sobre a Nolan Kelleher.
Por primera vez, la expresión de Silas cambió.
—¿A Kelleher?
—Sí.
Adrian colocó un sobre sellado sobre la mesa.
—Dile que contiene una oferta.
Silas tragó saliva.
—¿Qué clase de oferta?
—Una que solo debe conocer él.
Silas aceptó.
El sobre no contenía una oferta.
Contenía una tarjeta en blanco con una frase:
**¿Cuánto vale un hombre después de venderse dos veces?**
Dominic siguió a Silas hasta un aparcamiento privado.
No fue a la oficina de Nolan.
Fue a Vesper Investigations.
Allí se reunió con Preston Hale, director de operaciones de Vesper.
Los agentes federales que Maya había contactado discretamente fotografiaron el encuentro.
Cuando Silas volvió a The Monarch, Adrian lo esperaba en el mismo despacho.
El hombre supo de inmediato que todo había terminado.
—Adrian…
—Siéntate.
Silas obedeció.
Mara observaba desde una habitación contigua a través del cristal unidireccional.
Adrian no levantó la voz.
—Nueve años.
Silas bajó la mirada.
—Lo siento.
—No. Todavía no.
Adrian dejó fotografías sobre la mesa.
—Quiero saber qué compró Nolan.
Silas intentó negar.
Adrian añadió:
—Tenemos las transferencias a la empresa de tu esposa.
Silas se derrumbó.
Tres años antes, su esposa necesitó una operación cardíaca no cubierta completamente por el seguro. Nolan pagó.
Después pidió un favor.
Una lista de invitados del club.
Luego horarios.
Después cámaras.
Cuando Silas quiso terminar, Nolan le mostró documentos que podían hacer parecer que él había robado dinero de The Monarch.
—Podías haber venido a mí —dijo Adrian.
Silas levantó los ojos, llenos de vergüenza.
—Ese era el problema.
—¿Qué?
—Todo el mundo te tiene miedo.
La frase golpeó a Adrian de una forma que no esperaba.
Silas continuó:
—Pensé que si admitía que te había traicionado una vez, no sobreviviría para explicar por qué.
Mara observó a Adrian.
Aquello era el precio de construir un imperio sobre miedo.
Incluso las personas leales podían creer que la verdad era más peligrosa que la traición.
Adrian se quedó en silencio.
Luego dijo:
—Vas a cooperar con los investigadores.
Silas asintió desesperadamente.
—Sí.
—Vas a decir todo.
—Sí.
—Y no voy a tocarte.
Silas lo miró, incrédulo.
Adrian añadió:
—Pero nunca volverás a trabajar para mí.
Fue la única condena que pronunció.
Silas proporcionó acceso a un servidor de Vesper que Nolan creía seguro.
Dentro había vigilancia de jueces, políticos, periodistas, empleados y víctimas.
También estaba Mara.
Cientos de fotografías.
Su apartamento.
Leah.
Sus padres fallecidos.
El gimnasio al que iba.
Incluso imágenes tomadas dentro de su casa.
Mara sintió náuseas.
Adrian cerró la pantalla.
—No tienes que seguir mirando.
—Sí.
—Mara.
—Necesito saber hasta dónde llegó.
Siguió revisando.
Entonces encontró un vídeo etiquetado con una fecha de trece años atrás.
**VOSS — PARKING B2.**
Adrian se acercó.
El vídeo mostraba a Peter Voss entrando en un aparcamiento.
Un hombre lo esperaba.
No era Gabriel Vale.
Era Nolan Kelleher.
Mara miró a Adrian.
Aquella no era todavía la prueba del asesinato.
Pero destruía la versión según la cual Nolan apenas conocía a Voss.
Y en la esquina inferior del vídeo aparecía otra figura.
Jerome Mercer.
El testigo estrella contra Gabriel.
Adrian se quedó sin palabras.
Mara cerró el archivo.
—Ahora tenemos algo que Mercer no sabe que tenemos.
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—¿Qué propones?
—Encontrarlo antes que Nolan.