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Chapter 4 - La mujer del apartamento diecinueve

El nombre apareció en un recibo antiguo.

Lena Calder.

Mara lo reconoció inmediatamente.

Lena había sido abogada interna de Kelleher Holdings cuatro años antes. Oficialmente, renunció por “motivos familiares”. Después desapareció de los registros profesionales.

En los archivos de Vesper había cinco pagos relacionados con ella.

Uno decía:

**LC — acuerdo completado.**

Adrian encontró una dirección en menos de una hora.

Mara insistió en ir.

—No.

—Ella no hablará con tus hombres.

—Tampoco sabes si hablará contigo.

—Pero yo sé cómo se siente cuando Nolan decide que eres un problema.

Adrian la miró durante unos segundos.

—Dominic va contigo.

—No necesito niñera.

—No. Necesitas que alguien pueda conducir si tu conmoción decide recordarte que existe.

Mara aceptó.

Lena vivía en un edificio modesto al norte de la ciudad. Apartamento diecinueve.

Abrió la puerta con una cadena puesta.

Cuando vio a Mara, su rostro perdió el color.

—Tú estás desaparecida.

—Lo sé.

—Nolan dijo…

—Nolan dice muchas cosas.

Lena miró a Dominic.

—¿Quién es él?

—Alguien que no trabaja para Kelleher.

Eso no tranquilizó a Lena.

Mara dio un paso atrás.

—No tienes que dejarnos entrar. Solo necesito saber si “acuerdo completado” significa lo que creo.

Lena cerró los ojos.

Después abrió la puerta.

El apartamento estaba casi vacío. Muebles baratos. Cortinas siempre cerradas. Ninguna fotografía visible.

Lena sirvió café que nadie pidió.

—Hace cuatro años encontré contratos de compra de edificios anteriores a los informes municipales que los declaraban peligrosos —dijo—. Kelleher sabía qué propiedades iban a ser evacuadas antes de que los inspectores firmaran nada.

—Porque pagaba a los inspectores —dijo Mara.

—Sí.

Lena intentó denunciarlo al consejo de la empresa.

Dos días después, alguien envió a su marido fotografías falsas que parecían mostrar una relación extramatrimonial.

Después llegaron drogas al casillero escolar de su hijo de dieciséis años.

Luego un detective llamó diciendo que había una investigación abierta.

—Nolan vino a mi casa —continuó Lena—. No me amenazó. Me explicó lo que ocurriría si insistía.

Mara sintió náuseas.

—¿Firmaste?

Lena asintió.

Un acuerdo de confidencialidad.

Renuncia.

Devolución de archivos.

A cambio, las pruebas contra su hijo desaparecieron.

—¿Te quedaste con algo?

Lena miró hacia la ventana.

—Durante cuatro años he dicho que no.

Mara esperó.

Lena caminó hacia una estantería y sacó una novela vieja.

Dentro había una memoria USB.

—Nunca pude destruirla.

Los archivos contenían correos electrónicos entre Nolan y el juez Eddowes.

También había mensajes con un hombre llamado Jerome Mercer.

Adrian llegó al apartamento cuando Dominic le envió el nombre.

—Mercer está vivo —dijo.

Lena lo miró, sorprendida.

—¿Quién eres?

—Adrian Vale.

La taza cayó de sus manos.

—No.

—Sí.

—El hermano de Gabriel.

Adrian asintió.

Lena comenzó a llorar.

—Lo siento.

Adrian se quedó quieto.

—¿Por qué?

—Porque yo vi un documento.

La habitación quedó en silencio.

Lena explicó que, durante una auditoría interna, había encontrado un pago a Jerome Mercer seis semanas después del juicio de Gabriel. El concepto era “consultoría de seguridad”. El importe era doscientos cincuenta mil dólares.

—Mercer testificó que vio a Gabriel con Voss la noche del asesinato —dijo Adrian.

—Lo sé.

—¿Por qué nunca hablaste?

Lena empezó a temblar.

Mara intervino.

—No tienes que responder.

Adrian la miró.

Mara sostuvo su mirada.

No estaba defendiendo el silencio.

Estaba protegiendo a una mujer que llevaba años viviendo con miedo.

Lena habló igualmente.

—Porque cuando encontré el pago, mi hijo ya estaba amenazado. Yo elegí a mi familia.

Adrian cerró los ojos.

Cuando volvió a abrirlos, la rabia seguía allí, pero contenida.

—¿Sabes dónde está Mercer?

—Canadá, creo. Nolan le pagó durante años.

Dominic hizo una llamada.

Mara revisó los archivos.

Entre los correos había otro nombre repetido: Silas Vane.

Mara frunció el ceño.

—¿Quién es?

Adrian miró la pantalla.

Y se quedó inmóvil.

Silas era director de logística de The Monarch.

Trabajaba para Adrian desde hacía nueve años.

Dominic negó con la cabeza.

—No puede ser.

Mara abrió un pago.

Vesper Investigations había transferido dinero a una empresa propiedad de la esposa de Silas.

Cada mes.

Durante tres años.

Adrian no habló durante varios segundos.

Mara comprendió.

Nolan no solo conocía el imperio de Adrian.

Tenía a alguien dentro.

Entonces el teléfono de Dominic sonó.

Escuchó.

Su cara cambió.

—La casa segura.

Adrian se volvió.

—¿Qué pasa?

—Alguien acaba de intentar entrar.

Mara sintió que el estómago se le cerraba.

Dominic añadió:

—Con un código válido.

Adrian miró el nombre de Silas en la pantalla.

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La guerra ya no estaba fuera de sus puertas.

Había estado dentro durante años.

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