peak

Capítulo 6: La trampa en la junta directiva

A las once de la mañana, la reunión extraordinaria del consejo de administración comenzó sin la presencia de mi familia. Celia, Grant y Vanessa habían sido escoltados fuera del edificio por personal de seguridad privada mientras esperaban la llegada de los agentes federales.

Los doce miembros del consejo sentados alrededor de la mesa principal guardaban un silencio solemne. Habían leído el informe de auditoría de treinta páginas que demostraba cómo Vanessa había desviado fondos para financiar fiestas privadas de la alta sociedad y cómo Grant había cobrado comisiones ilegulares de proveedores fantasma en los hoteles de Las Vegas y Nueva York.

—Los datos son irrefutables —dijo el patriarca del consejo, el veterano inversor Harold Sterling—. Las acciones de la compañía experimentarán una ligera volatilidad cuando se haga pública la reestructuración, pero el mercado premiará la transparencia y la limpieza inmediata de la corrupción interna. Adrian, cuentas con el voto unánime para asumir el control absoluto y revocar cualquier participación de tus familiares.

—Gracias, Harold —respondí, de pie al frente de la sala—. Mi prioridad en este momento no es solo proteger el valor de Mercer House, sino garantizar que la empresa vuelva a sus valores originales: integridad, esfuerzo y respeto por quienes construyen esto desde abajo, no desde la comodidad de una torre de marfil.

Mientras la votación se desarrollaba por unanimidad, mi teléfono vibró en el bolsillo interior del abrigo. Era una llamada del hospital.

Mi corazón dio un vuelco. Contesté de inmediato, alejándome unos pasos hacia la ventana panorámica.

—¿Diga?

—Señor Mercer, es la doctora Rueda —la voz de la médica sonaba tranquila, aunque con una nota de urgencia contenida—. Su esposa ha despertado. Los niveles de estrés han bajado drásticamente tras la administración de los sedantes, y las contracciones se han detenido por completo. El bebé está fuera de peligro inmediato.

Un alivio tan profundo recorrió mi cuerpo que por un segundo me costó respirar.

May you like

—Voy para allá ahora mismo, doctora. Gracias.

—Hay algo más, señor Mercer. La señora Leah insiste en hablar con usted antes de que se mueva de la oficina. Dice que hay un último detalle sobre los archivos que encontró en el portátil de su hermana que aún no le ha contado.

Related Stories

Other posts