Capítulo 1: La Intrusa en el Palacio de Cristal

La mansión de los Montenegro se alzaba en las colinas de la ciudad como un monumento a la arrogancia. Era una estructura imponente, de mármol blanco y enormes ventanales, donde la luz del sol parecía pedir permiso para entrar. Valeria caminaba por los largos pasillos de la propiedad sintiendo el peso de las miradas de los sirvientes, quienes habían sido instruidos para tratarla con una cortesía tan fría que rozaba el desprecio. Ella era la nueva esposa de Alejandro Montenegro, el heredero del imperio familiar, y para la matriarca de la familia, Doña Elena, Valeria no era más que una "cazafortunas de quinta categoría".
El contraste entre ambas mujeres era evidente desde el primer día. Elena, siempre envuelta en tonos dorados, con su cabello plateado inmaculadamente peinado y un collar de perlas que parecía asfixiar su propio cuello, representaba el viejo dinero. Valeria, por el contrario, venía de un mundo donde el éxito se ganaba con sudor y noches sin dormir. Vestía con una elegancia moderna, a menudo con colores intensos que desafiaban la paleta aburrida de la mansión.
—Ese vestido es demasiado... llamativo para una cena íntima, ¿no crees, querida? —había dicho Elena la noche anterior, mirando el atuendo rojo de Valeria por encima de su copa de vino.
May you like
—Es solo un vestido, Doña Elena. El color no define los modales —había respondido Valeria, manteniendo una sonrisa perfectamente calculada.
Pero Valeria sabía que estaba caminando sobre un campo minado. Desde que llegó a la casa, pequeños objetos habían comenzado a desaparecer. Un reloj antiguo, unos pendientes de diamantes, y siempre, de alguna manera sutil, los rumores apuntaban hacia la "nueva integrante" de la familia. Sofía, la hermana menor de Alejandro, una mujer de carácter débil que vivía a la sombra de su madre, se encargaba de esparcir el veneno por los pasillos. Valeria estaba sola, pero no era tonta. Sabía que para sobrevivir en el nido de víboras de los Montenegro, no podía simplemente defenderse; tenía que atacar. Y su oportunidad estaba a punto de llegar con la gran gala de beneficencia anual.