Capítulo 6 - El segundo heredero del plan

Según Audra, Celeste nunca pensó detenerse después de obtener la tutela de Elias.
Su objetivo final era controlar permanentemente las acciones familiares.
Maren sería internada en una clínica privada por una supuesta psicosis posparto.
Elias quedaría bajo la tutela de Celeste.
Everett, destruido emocionalmente, recibiría presión para delegar sus funciones empresariales.
Si se negaba, sufriría un accidente durante uno de sus viajes.
—¿Qué tipo de accidente? —preguntó Everett.
Audra se cubrió el rostro.
—El avión privado.
Celeste había pagado a un técnico para manipular uno de los sistemas de navegación antes del próximo viaje de Everett a Londres.
El plan no garantizaba una caída, pero podía provocar una emergencia grave sobre el Atlántico.
Si Everett moría y Maren era declarada incapaz, Celeste controlaría legalmente la tutela de Elias y sus acciones.
—¿Por qué participaste? —preguntó Everett.
Audra comenzó a llorar con más fuerza.
—Debía millones.
Había invertido en propiedades y proyectos que fracasaron. Celeste prometió cubrir sus deudas y entregarle una posición en el fideicomiso.
—Nunca quise que murieras.
—Pero sabías que podía ocurrir.
Audra no respondió.
La policía arrestó al técnico del avión. En su apartamento encontraron pagos realizados por una empresa de consultoría vinculada a Celeste.
También descubrieron que el doctor Merrick había recibido casi medio millón de dólares de la misma empresa.
El psiquiatra había preparado un informe sobre Maren semanas antes del nacimiento de Elias.
El documento describía síntomas que todavía no habían ocurrido.
La conspiración había comenzado antes del parto.
Pero Celeste seguía libre.
Su abogado argumentó que las grabaciones podían estar manipuladas y que Audra intentaba reducir su propia condena.
Además, Celeste tenía aliados importantes.
Dos miembros del consejo del fideicomiso solicitaron celebrar la reunión prevista para el lunes. Afirmaban que el escándalo demostraba la necesidad de nombrar un protector temporal.
Everett quería cancelar la reunión.
Maren se opuso.
—No. Deja que vayan.
—Mi madre intentará tomar el control.
—Precisamente.
Maren colocó sobre la mesa varias fotografías.
Durante los meses anteriores, había revisado discretamente documentos de la fundación de Celeste. Descubrió cuentas, contratos falsos y firmas de personas fallecidas.
—Sabía que estaba robando —dijo—. No sabía que utilizaría a Elias para ocultarlo.
—¿Por qué no me lo contaste?
Maren lo miró con tristeza.
—Porque cada vez que intentaba hablar de tu madre, me decías que estaba exagerando.
Everett recibió aquellas palabras sin defenderse.
Era verdad.
Había ignorado señales porque enfrentarse a Celeste siempre resultaba incómodo.
—Lo siento.
—No necesito una disculpa ahora.
Maren le entregó una memoria digital.
—Necesito que confíes en mí cuando entremos en esa sala.
El lunes, Everett anunció públicamente que asistiría a la reunión del fideicomiso.
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Celeste creyó que su hijo estaba dispuesto a negociar.
No sabía que Maren había preparado una trampa.