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Capítulo 2 - La escena que Celeste había preparado

Maren miró a Celeste con incredulidad.

—Tú abriste esa ventana.

Celeste juntó las manos frente a su vestido.

—No sabes lo que estás diciendo.

—Me encerraste.

—Te encontramos gritando y actuando de forma agresiva. Audra intentó ayudarte.

Audra apareció detrás de su madre.

—Maren quería quedarse sola con el bebé. Después comenzó a decir que todos intentábamos robárselo.

Everett sostuvo a Elias contra su pecho.

El pequeño seguía respirando, pero su piel estaba demasiado fría.

—Llamad a una ambulancia —ordenó.

Celeste avanzó.

—No es necesario crear un escándalo. El doctor Merrick está abajo.

—He dicho que llaméis a una ambulancia.

Uno de los empleados obedeció.

Celeste perdió la sonrisa.

—Everett, deberíamos manejar esto discretamente. Hay personas importantes en la casa.

—Mi hijo estaba junto a una ventana abierta en pleno invierno.

—Porque Maren lo dejó allí.

—¡Eso es mentira! —gritó ella.

Celeste la observó con falsa compasión.

—Mira cómo estás actuando.

La frase produjo exactamente el efecto que Celeste deseaba.

Varios invitados se miraron entre sí.

Maren estaba llorando, descalza y desorientada. Celeste, en cambio, parecía tranquila, elegante y razonable.

Everett comprendió que la fiesta no era casual.

Su madre había llenado la casa de testigos.

Un hombre de cabello canoso salió del grupo. Era el doctor Grant Merrick, un psiquiatra conocido entre las familias adineradas de Boston.

—Señor Langford —dijo—, su esposa podría estar experimentando una crisis posparto. He observado señales preocupantes durante las últimas semanas.

Maren lo miró.

—Usted nunca me ha examinado.

—Hemos hablado en varias ocasiones.

—Solo me hizo preguntas durante una cena.

Merrick adoptó una expresión profesional.

—A veces una persona en crisis no reconoce su propio estado.

Everett sintió que la rabia aumentaba dentro de él.

—Nadie se acerca a mi esposa ni a mi hijo hasta que lleguen los médicos.

Celeste dio un paso hacia él.

—Estás cansado y no conoces toda la situación.

Everett se volvió hacia ella.

—Entonces explícame por qué la puerta del dormitorio estaba cerrada desde fuera.

—Maren pudo haberla cerrado de alguna manera.

—La llave estaba en la cerradura exterior.

Audra dejó su copa sobre una mesa.

—Quizá lo hizo para llamar la atención.

Maren abrió la mano.

Dentro tenía un pequeño botón dorado.

—Se lo arranqué del abrigo cuando me empujó.

Todos miraron a Audra.

En la manga de su abrigo faltaba un botón.

La joven palideció.

Celeste reaccionó rápidamente.

—Eso no demuestra nada.

Las sirenas se escucharon en el exterior.

Cuando los paramédicos examinaron a Elias, confirmaron que presentaba síntomas iniciales de hipotermia.

Maren también fue evaluada.

Uno de los médicos encontró marcas en sus brazos y signos de sedación.

—No he tomado ningún medicamento —dijo ella.

Celeste intervino.

—Maren recibió una receta después del parto.

—Nunca la tomé —contestó Maren—. Everett conoce mi decisión.

El médico guardó una muestra de sangre para analizarla.

Dos agentes policiales comenzaron a hacer preguntas.

Celeste seguía comportándose como si todo pudiera resolverse mediante una conversación privada.

—Ha sido un malentendido familiar —aseguró.

Everett observó a los invitados, al psiquiatra y a su hermana.

Finalmente comprendió que no había regresado en medio de una emergencia inesperada.

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Había regresado en medio de una representación.

La única parte que Celeste no había previsto era su presencia.

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