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Chapter 7 - El precio de una vida

Mercer eligió un astillero abandonado en Red Hook para el intercambio. Noah insistió en que era una trampa.

—Por supuesto que lo es —dijo Adrian—. Pero Thomas arriesgó su vida por Lucía. No lo dejaremos.

El plan consistía en enviar a Adrian con un dispositivo de rastreo mientras agentes rodeaban la zona. Lucía permanecería en un refugio seguro con Elena y Margaret.

Sin embargo, la niña escuchó una conversación entre Noah y Cecilia.

—Mercer no cree que Adrian recuerde las cuentas —dijo Noah—. Lucía lleva la clave sin saberlo.

Cecilia se tensó.

—¿Qué quieres decir?

—El colgante de media luna tiene un micrograbado. Son coordenadas bancarias.

Lucía miró la joya entre sus dedos.

Elena había dicho que nunca se la quitara.

Aquella noche, cuando Cecilia fue a buscarla, la habitación estaba vacía. Sobre la cama había una nota:

“Si me buscan a mí, Thomas vivirá. No dejen que nadie más muera por mi culpa.”

Lucía había escapado por una ventana.

Cecilia sintió que el pánico la arrastraba de regreso a la habitación azul.

—Localicen el colgante.

Noah negó.

—No tiene transmisor.

Elena cerró los ojos.

—Pero tiene un número de teléfono escondido en la cadena. Se lo enseñé para emergencias.

Marcaron. Un teléfono antiguo respondió con una ubicación automática.

Lucía estaba camino al astillero.

Cuando llegaron, la niña ya se encontraba frente a Mercer. Thomas estaba atado detrás. Damian permanecía junto a un vehículo, con el rostro golpeado.

—¿Trabajan juntos otra vez? —preguntó Cecilia desde la oscuridad.

—Nunca dejamos de trabajar juntos —respondió Mercer—. Damian solo olvidó quién era el jefe.

Lucía sostenía el colgante.

—Libere a Thomas.

Mercer sonrió.

—Eres valiente como tu padre y obstinada como tus dos madres.

—No conoce a ninguna de ellas.

Mercer tomó la cadena.

En ese momento, Adrian salió con las manos levantadas.

—La clave está en mi memoria, no en el colgante.

—Mientes.

—El grabado solo contiene la primera mitad.

Mercer miró la pieza bajo una linterna. Adrian tenía razón.

—¿Dónde está la segunda?

—En la canción que escribí para Aurora antes de nacer.

Lucía recordó la placa de la cuna.

“Papá siempre encontrará el camino de regreso.”

Adrian comenzó a recitar notas musicales convertidas en números. Mercer las anotó.

Damian observaba con creciente desesperación.

—No le des las cuentas. Son nuestra única protección.

Mercer le disparó en la pierna.

—Tú ya no tienes protección.

Thomas aprovechó el caos y volcó la silla. Lucía corrió hacia él. Cecilia salió de su escondite, seguida por Noah y los agentes.

Se inició un tiroteo. Mercer arrastró a Lucía hacia un contenedor. Adrian lo persiguió.

Damian, herido, se arrastró hasta Cecilia.

—Ayúdame.

Ella lo miró.

—¿Ayudaste a Adrian cuando tu camión lo sacó de la carretera?

—Mercer me obligó.

—Mataste a personas por una empresa.

—Todo lo hice por nuestra familia.

—No existe un “nuestra” desde que robaste a mi hija.

Aun así, Cecilia pidió a un agente que detuviera la hemorragia. No quería convertirse en él.

Dentro del contenedor, Mercer conectó el colgante a un lector.

—Dime la secuencia completa —ordenó a Adrian.

—Primero libera a Lucía.

—Siempre fuiste sentimental.

Lucía vio una lata de pintura junto a su pie. La pateó contra el rostro de Mercer. Adrian se abalanzó sobre él. El arma cayó.

Mercer golpeó a Adrian con una barra. Lucía tomó la pistola, pero sus manos temblaban.

—No quiero dispararle.

—Entonces no lo hagas —dijo Cecilia desde la entrada—. Solo aléjate.

Mercer agarró a Cecilia. Lucía apuntó.

—Suéltela.

—No tienes valor.

—Tengo dos madres, un padre que regresó de la muerte y una abuela que sobrevivió a tus drogas. No necesito parecerme a ti para ganar.

Noah entró por detrás y esposó a Mercer.

Thomas fue liberado. Damian y Mercer quedaron bajo custodia federal.

Parecía el final.

Hasta que Noah revisó los números obtenidos del colgante.

Las cuentas estaban vacías.

—Alguien transfirió el dinero esta mañana —dijo.

—¿Quién tenía la segunda mitad de la clave? —preguntó Cecilia.

Adrian miró a Margaret.

La anciana palideció.

—Yo.

Todos se volvieron hacia ella.

Margaret comenzó a llorar.

—No lo robé. Lo moví.

—¿A dónde? —preguntó Cecilia.

—A un fondo que Damian no pudiera tocar.

—¿Por qué no nos dijiste?

—Porque no sabía quién sobreviviría.

Noah comprobó el destino. Cientos de millones habían sido transferidos a una organización desconocida llamada Aurora House.

Lucía miró a Margaret.

—¿Qué es?

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Margaret sostuvo su mano.

—La reparación que debí comenzar hace diez años.

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