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Chapter 5 - La paciente sin nombre

Westmoor Behavioral Center estaba rodeado por una cerca eléctrica y pinos tan altos que ocultaban el edificio desde la carretera. El FBI preparaba una orden, pero Cecilia sabía que el proceso tardaría demasiado.

—A las seis trasladarán a Elena —dijo—. Si Damian llega primero, no volveremos a verla.

Noah examinó el plano.

—Existe una entrada para suministros médicos. Thomas tiene una credencial antigua.

—Thomas está en una ambulancia.

Margaret levantó una tarjeta.

—La guardó en mi manta.

Cecilia la miró.

—Tú te quedas aquí con Lucía.

—No —dijo la niña—. Elena puede no confiar en ustedes. A mí sí me reconocerá.

—Puede haber hombres armados.

—Es mi mamá.

La discusión terminó cuando Noah dijo:

—Entrará conmigo. Cecilia irá detrás. Si algo sale mal, sacas a Lucía primero.

La tarjeta abrió la puerta lateral. Dentro, el centro parecía un hospital común, pero no había ventanas en las habitaciones. Un empleado los condujo hacia el sótano al ver la credencial de Thomas.

—La paciente 407 está sedada para el traslado —dijo.

—¿Quién autorizó la dosis? —preguntó Noah.

—El doctor Mercer.

Samuel Grant había mencionado a ningún Mercer. Cecilia sintió otra conexión oculta.

En la habitación 407 encontraron a Elena atada a una cama. Estaba pálida, con una venda en la frente.

—Mamá —gritó Lucía.

Elena abrió los ojos lentamente.

—Luz…

Lucía se abrazó a ella.

—Te encontré.

Elena vio a Cecilia y su expresión se llenó de miedo.

—No debiste traerla aquí.

—Vine a sacarte.

—Damian quería que vinieras.

La puerta se cerró detrás de ellos.

Un hombre de bata blanca apareció acompañado por guardias.

—Cecilia Hart —dijo—. Finalmente.

Noah alzó el arma.

—Doctor Mercer, aléjese.

El médico sonrió.

—Detective Bennett. Su infiltración fue admirable, pero incompleta.

Cecilia reconoció el apellido.

—Mercer era el nombre del conductor del camión que mató a Adrian.

—Mi hermano —respondió el doctor—. Damian prometió protegerlo. Después lo eliminó para borrar el vínculo.

—¿Por qué sigues trabajando para él?

—Porque no trabajo para Damian.

Los guardias apuntaron a Noah.

—Yo construí la red antes de que Damian supiera usarla. Él fue un socio útil, nada más.

Elena intentó incorporarse.

—Mercer falsificaba adopciones desde el hospital. Adrian lo descubrió. Damian aceptó matarlo a cambio de quedarse con la empresa.

—¿Y mi hija?

—Era una oportunidad —dijo Mercer—. Una heredera sin identidad legal vale más que cien niños comunes.

Lucía se pegó a Cecilia.

—No soy una cosa.

—No, pequeña. Eres una llave.

Mercer explicó que planeaba utilizar la identidad de Lucía para controlar el fideicomiso mediante documentos falsos. Damian quería eliminarla. Mercer quería conservarla viva y dócil.

—Por eso Elena debía desaparecer —dijo Cecilia.

—Elena sabía demasiadas cosas y aún guardaba un secreto que necesito.

Mercer se acercó a la cama.

—Dime dónde está Adrian.

Cecilia sintió un golpe en el pecho.

—Está muerto.

Elena la miró.

—No.

—Thomas recibió una llamada, pero nunca supimos…

—Yo lo vi hace ocho meses —dijo Elena—. Está vivo.

Mercer perdió la sonrisa.

Elena contó que Adrian sobrevivió al accidente, aunque sufrió heridas graves y pérdida parcial de memoria. Un paramédico comprado por Mercer lo declaró muerto y lo trasladó a otra clínica. Cuando Adrian comenzó a recordar, escapó con ayuda de Thomas.

—¿Dónde está? —preguntó Cecilia.

—No lo sé. Se negó a acercarse mientras Damian controlara todo. Temía que usaran a Lucía contra él.

Mercer agarró el tubo intravenoso de Elena.

—Vas a decírmelo.

Un disparo resonó.

Uno de los guardias cayó. Margaret apareció en la puerta con un agente federal detrás. Había enviado su ubicación y adelantado la operación.

Los agentes entraron. Mercer huyó por un corredor privado. Noah lo siguió.

Cecilia liberó a Elena.

—¿Puedes caminar?

—Con ayuda.

Lucía pasó un brazo alrededor de su madre.

En la salida, una alarma comenzó a sonar. Humo negro llenó el pasillo.

—Mercer incendió el archivo —dijo Noah por radio—. Está destruyendo pruebas.

Cecilia recordó el incendio del hospital.

—Siempre queman lo que no pueden controlar.

Elena tosió.

—Hay niños en el ala este.

Los agentes dudaron. La prioridad era evacuar a los pacientes registrados, pero algunas puertas no aparecían en el plano.

Lucía señaló una pared.

—Escucho golpes.

Cecilia encontró un panel oculto. Detrás había seis habitaciones con menores sedados.

Durante los siguientes minutos, abandonó cualquier idea de perseguir a Mercer. Junto a Noah y los agentes, sacó a cada niño.

Cuando salieron al patio, el edificio ardía.

Elena se desplomó sobre la hierba.

—Lucía.

—Estoy aquí.

—¿Encontraste a Cecilia?

La niña miró a ambas mujeres.

—Sí.

Elena tomó la mano de Cecilia.

—Ella es tu madre. Yo solo intenté mantenerte viva.

—No digas “solo” —respondió Cecilia—. Tú hiciste lo que yo no pude.

Las sirenas rodeaban el lugar cuando un vehículo atravesó la barrera exterior.

Damian conducía.

Aceleró directamente hacia Lucía.

Cecilia empujó a la niña y recibió el impacto lateral. Rodó sobre el pavimento.

Damian perdió el control y chocó contra una ambulancia.

Noah corrió hacia el vehículo, pero el asiento del conductor estaba vacío cuando abrió la puerta. Damian había escapado por la puerta opuesta hacia el bosque.

Cecilia apenas podía respirar.

Lucía se arrodilló junto a ella.

—Mamá, mírame.

Esta vez Cecilia no dudó sobre a cuál de las dos llamaba.

—Estoy aquí —susurró.

Antes de perder el conocimiento, vio a un hombre salir entre los árboles.

Tenía el cabello gris, una cicatriz en el rostro y los mismos ojos que Lucía.

El hombre se quedó paralizado al verla en el suelo.

—Cecilia —dijo.

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Ella reconoció la voz.

—Adrian.

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