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Chapter 6 - El esposo que regresó de la tumba

Cecilia despertó en un hospital federal con dos costillas fracturadas y Adrian sentado junto a la ventana. Durante varios minutos creyó que era una alucinación producida por los analgésicos.

Él se volvió.

La cicatriz recorría su mejilla hasta el cuello, pero su sonrisa era la misma.

—Hola, Cece.

Solo Adrian la había llamado así.

Cecilia le lanzó el vaso de agua.

—Diez años.

Él no se movió cuando el vaso se rompió contra la pared.

—Lo sé.

—Te enterré.

—Yo también creí que estaba muerto durante mucho tiempo.

—Tu hija creció sin nosotros. Elena vivió escondida. Yo me casé con el hombre que intentó matarte.

Adrian bajó la mirada.

—Cuando recuperé la memoria, Damian ya controlaba la empresa, la policía y tu seguridad. Thomas me mostró fotografías de Lucía. Si aparecía, la matarían.

—Podías haber confiado en mí.

—Estabas casada con él.

La frase la hirió más que el accidente.

—Me casé con Damian porque estuvo a mi lado cuando perdí a mi esposo y a mi hija. No sabía que él había provocado ambas pérdidas.

Adrian se acercó.

—Cometí un error. Creí que protegerte significaba desaparecer.

—Todos en esta familia llaman protección a decidir por otros.

La puerta se abrió. Lucía entró entre Elena y Noah.

La niña miró a Adrian.

—¿Eres mi papá?

Él se arrodilló con dificultad.

—Sí.

—¿Por qué no viniste antes?

Adrian no inventó una respuesta heroica.

—Porque tuve miedo.

Lucía asintió lentamente.

—Yo también tuve miedo. Pero fui a buscar a Cecilia.

Elena ocultó una sonrisa triste.

Adrian recibió la lección en silencio.

Noah informó que Mercer seguía fugitivo y Damian había utilizado contactos para difundirse una versión distinta: Cecilia había secuestrado a una niña vulnerable, atacado una clínica y fabricado acusaciones para conservar el control de Hart Meridian.

Los medios mostraban imágenes de Cecilia huyendo con Lucía.

—El consejo se reunirá mañana —dijo Noah—. Damian intentará declararte incapaz y asumir el mando.

—El Libro Rojo basta para detenerlo.

—La mayoría de las entradas están codificadas. Necesitamos a Margaret para interpretarlas y a Adrian para demostrar el motivo del fideicomiso.

Adrian puso sobre la mesa una carpeta.

—También tengo esto.

Eran copias del testamento original y comunicaciones donde Damian negociaba con Mercer antes del accidente.

—¿Por qué no entregaste las pruebas antes?

—No sabía qué agentes estaban comprados. Noah fue el primero que logró contactar conmigo sin alertar a Damian.

Cecilia miró a Noah.

—¿Lo conocías?

—Desde hace ocho meses.

—Y aun así fingiste sorprenderte.

—Necesitábamos que Damian creyera que Adrian seguía siendo un rumor.

Cecilia cerró los ojos.

—Estoy cansada de ser la última persona en conocer mi propia vida.

Elena se sentó junto a ella.

—Entonces deja de reaccionar a los planes de otros. Haz el tuyo.

El consejo de Hart Meridian se reuniría en la torre principal. Cecilia decidió asistir, no para defenderse, sino para transmitir en directo todas las pruebas.

Lucía debía permanecer protegida, pero insistió en grabar un mensaje.

—No quiero que hablen de mí como si no pudiera hablar.

Frente a la cámara dijo:

“Me llamo Lucía Aurora Hart Reyes. Elena Reyes es mi madre porque me crio y me salvó. Cecilia Hart es mi madre porque me dio la vida y nunca supo que se la habían robado. Nadie tiene derecho a usarme para ganar dinero o una empresa.”

El video terminó con Lucía mirando directamente al objetivo.

“Y no estoy secuestrada. Estoy rodeada de personas que por fin dejaron de esconderse.”

A la mañana siguiente, Cecilia entró en la sala del consejo con Adrian, Elena, Margaret, Lucía y agentes federales. Damian estaba sentado en la cabecera.

Su expresión cambió al ver a su hermano.

—Tú estás muerto.

Adrian ocupó la silla frente a él.

—Eso te habría resultado muy conveniente.

Los directores comenzaron a murmurar.

Damian intentó mantener la calma.

—Este hombre podría ser un impostor.

Noah distribuyó resultados biométricos, expedientes médicos y registros del accidente.

Margaret pidió la palabra.

—Yo encubrí a Damian por miedo. Firmé documentos que permitieron el traslado de mi bisnieta. Estoy preparada para responder ante la justicia.

Damian se levantó.

—Madre, estás medicada.

—Lo estaba. Por orden tuya.

Cecilia activó las pantallas. Aparecieron las transferencias del Libro Rojo, nombres de niños y pagos a jueces.

—La Fundación Hart fue utilizada como fachada —dijo—. Renuncio temporalmente a la dirección mientras se realiza una auditoría independiente. También entregaré todos mis archivos, aunque eso implique cargos contra mí.

Damian sonrió.

—Acabas de destruirte.

—Tal vez. Pero también destruí tu escudo.

Agentes avanzaron hacia él.

En ese momento, las luces se apagaron.

Una explosión sacudió el piso inferior.

Los rociadores comenzaron a funcionar.

Noah gritó:

—¡Todos al suelo!

Cuando regresó la iluminación de emergencia, Damian había desaparecido.

En la pantalla principal apareció el rostro del doctor Mercer.

—Tienen algo que me pertenece —dijo.

La cámara cambió.

Thomas Vale estaba atado a una silla.

Mercer sostenía una pistola contra su cabeza.

—Entreguen a Adrian y a la niña antes de medianoche, o el señor Vale será el primero en morir.

Lucía apretó la mano de Cecilia.

Adrian miró a la pantalla.

—No quiere matarme. Quiere algo que cree que recuerdo.

—¿Qué? —preguntó Cecilia.

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Adrian se tocó la cicatriz.

—La ubicación de las cuentas donde ocultó el dinero de los niños.

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