Chapter 7 - La última jugadaLas cámaras del hospital mostraron a un enfermero llevando a Emily en una silla de ruedas.

La niña parecía inconsciente.
El hombre utilizó una salida de servicio y la introdujo en una furgoneta negra.
Daniel rastreó el vehículo mediante las cámaras de tráfico.
—Se dirige hacia el antiguo aeropuerto privado de Robert Kane.
Alexander sintió que el miedo se transformaba en rabia.
—Voy con vosotros.
—La policía se ocupará —respondió Daniel.
—Es mi hija.
—Precisamente por eso debe mantener la cabeza fría.
Cuando llegaron al aeropuerto, la furgoneta estaba junto a un pequeño avión.
Robert sujetaba a Emily mientras dos hombres cargaban varias maletas.
—¡Suéltala! —gritó Alexander.
Robert colocó un arma junto al cuerpo de la niña.
—Siempre fuiste demasiado sentimental para dirigir un imperio.
Emily abrió lentamente los ojos.
No estaba completamente inconsciente. Había fingido seguir dormida después de despertar durante el trayecto.
Alexander levantó las manos.
—Déjala ir. Puedes llevarte el dinero.
—No se trata solo del dinero.
Robert sonrió.
—Sarah iba a destruir todo lo que construimos. Victoria comprendió algo que tu esposa nunca entendió: el poder pertenece a quien está dispuesto a hacer lo necesario para conservarlo.
—Victoria te traicionará.
—Victoria ya no importa.
Mientras Robert hablaba, Emily recordó lo que su padre le había enseñado: cuando no pudiera correr, debía observar.
Vio una palanca roja junto a la puerta del avión.
Sin que Robert lo notara, estiró el pie y la empujó.
Una alarma estridente comenzó a sonar.
Robert giró la cabeza.
Emily le mordió la mano y se dejó caer al suelo.
Alexander corrió hacia ella.
Daniel y los agentes avanzaron desde ambos lados.
Robert disparó al aire antes de ser derribado por la policía.
Alexander cubrió a Emily con su cuerpo.
—¿Estás herida?
La niña negó mientras lloraba.
—Sabía que vendrías.
—Te lo prometí.
Robert fue esposado.
Dentro de sus maletas encontraron dinero, pasaportes falsos y los archivos originales relacionados con el accidente de Sarah.
Uno de sus hombres aceptó confesar.
Habían manipulado los frenos del automóvil.
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Victoria lo sabía.
Y durante años había utilizado aquel secreto para acercarse a Alexander.