capítulo 7 - La amante perdió el control

Vanessa desapareció antes de que la policía pudiera detenerla.
Su apartamento estaba vacío. Había retirado dinero, comprado un pasaporte falso y reservado un vuelo desde un aeropuerto privado.
Damian Cross también dejó de responder a las llamadas.
Los investigadores descubrieron que ambos planeaban salir del país con copias de varias patentes médicas.
La información estaba almacenada en una memoria cifrada.
Elena sabía dónde se encontraba.
Durante la gala vio a Vanessa tocar repetidamente el collar de esmeraldas. No era un gesto de nerviosismo.
La piedra central ocultaba un pequeño compartimento.
—La memoria está dentro del collar —explicó.
El dispositivo de rastreo colocado por la joyería seguía activo porque Adrian había asegurado la pieza.
La señal se dirigía hacia un puerto privado al norte de Boston.
Elena acompañó a los agentes hasta un punto seguro cercano.
—No debe acercarse —dijo la investigadora.
—No pienso hacerlo.
No necesitaba enfrentarse físicamente a Vanessa.
Había aprendido que la mejor venganza no era perder el control.
Era obligar a la otra persona a enfrentarse a sus propios actos.
En el embarcadero, Vanessa subía a un yate junto a Damian.
Adrian apareció inesperadamente.
Había seguido a uno de los investigadores.
—¡Vanessa!
Ella se volvió.
—¿Qué haces aquí?
—Dame el collar.
Damian sacó un arma.
—Márchate.
Adrian miró a Vanessa.
—Intentaste matarme.
—Tú eras útil mientras controlabas la empresa.
—Dijiste que me amabas.
Vanessa rio.
—También dijiste que eras dueño de Blackwell Technologies.
Adrian avanzó hacia ella.
Damian levantó el arma.
Antes de que pudiera disparar, los agentes encendieron los focos y ordenaron que la soltara.
Damian intentó huir hacia el barco. Fue reducido junto a la pasarela.
Vanessa corrió en dirección contraria.
Elena apareció al final del muelle, protegida por dos agentes.
Vanessa se detuvo.
—Todo esto era tuyo desde el principio —dijo—. Podías haberlo detenido.
—Te di muchas oportunidades para dejar de robar.
—No hablo de la empresa. Hablo de Adrian.
Elena negó.
—No robaste a mi esposo. Solo revelaste quién era cuando creyó que nadie podía detenerlo.
Vanessa tomó el collar.
—¿Buscas esto?
Intentó arrojarlo al agua.
Elena no se movió.
—Ya copiamos los archivos desde la nube de Damian.
Vanessa miró la joya en su mano.
Aquello que consideraba su última protección no tenía ningún valor.
Los agentes la esposaron.
Al pasar junto a Elena, susurró:
—Él te golpeó por mí.
Elena sostuvo su mirada.
—Y tú intentaste matarlo por dinero.
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Después se apartó.
—Ninguna de las dos cosas te convierte en ganadora.