capítulo 4 - El archivo detrás del espejo

En la sede de Moreau Capital, Elena entregó a los investigadores copias de transferencias, contratos y grabaciones.
Había comenzado a reunir pruebas seis meses antes.
La primera señal apareció en una auditoría interna.
Blackwell Technologies pagaba cantidades enormes a VLC Strategic Consulting, una empresa registrada en Delaware.
El domicilio correspondía a un apartamento utilizado por Vanessa.
Después Elena descubrió pagos a hoteles, joyerías y propiedades de lujo. Adrian había retirado fondos de proyectos tecnológicos y los había trasladado hacia empresas controladas por su amante.
Pero aquello era solo una parte.
También desviaba dinero de un programa federal destinado a desarrollar sistemas médicos para hospitales públicos.
Utilizar fondos privados para regalar un collar era fraude corporativo.
Utilizar fondos federales convertía el asunto en un delito mucho más grave.
—¿Por qué esperaste? —preguntó Julian.
—Necesitaba saber quién más estaba involucrado.
Elena sospechaba del director financiero, Marcus Bell, y del abogado corporativo, Thomas Grant.
Ambos habían aprobado operaciones falsas.
También encontró mensajes que demostraban que Vanessa planeaba vender información tecnológica a un competidor extranjero.
La amante no quería únicamente casarse con Adrian.
Quería vaciar la empresa antes de abandonarlo.
Elena había instalado una pequeña cámara dentro del antiguo despacho que utilizaba en la mansión.
No apuntaba a dormitorios ni espacios privados. Solo registraba la caja fuerte y la mesa donde se guardaban documentos corporativos.
La noche anterior a la gala, Vanessa entró.
Sacó una carpeta, fotografió varios contratos y llamó a alguien.
—Mañana Elena quedará fuera —dijo—. Adrian cree que recibirá el control completo, pero las patentes ya tendrán comprador.
La voz del otro lado pertenecía a Damian Cross, director de una compañía rival.
—¿Y las acciones de Moreau?
—Adrian insiste en que no existen.
—¿Lo verificaste?
Vanessa guardó silencio.
—No importa. Cuando los reguladores descubran el fraude, Blackwell colapsará. Nosotros tendremos las patentes y Adrian cargará con la culpa.
Elena observó aquella grabación junto a su padre.
—Vanessa estaba utilizando a Adrian.
—Eso no lo convierte en una víctima —dijo Julian.
—No.
Elena tocó suavemente la marca de su mejilla.
—Solo demuestra que la arrogancia puede volver estúpido incluso a un hombre inteligente.
A la mañana siguiente se celebraría la reunión del consejo.
Adrian creía que podría acusar a Elena de sabotaje.
Ella no planeaba discutir.
Presentaría las pruebas.
Después permitiría que todos eligieran públicamente a quién querían proteger.
Antes de salir de la oficina, uno de los investigadores le entregó un sobre.
—Encontramos esto dentro de la cuenta de Vanessa.
Era una póliza de seguro de vida sobre Adrian.
La beneficiaria no era Elena.
Era una sociedad controlada por Vanessa.
El seguro había sido contratado tres meses antes.
Dos semanas después, Adrian tenía programado un viaje en su avión privado.
Elena recordó un mensaje extraño encontrado en el teléfono de Vanessa:
El problema terminará sobre el Atlántico.
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El plan de la amante no acababa con el divorcio.
Adrian había golpeado a la única persona que, sin saberlo, todavía podía salvarle la vida.