Chapter 5 - La votación de las nueve

A las ocho y cuarenta y dos, Marcus entró en la sede de Bennett Urban Development.
Todavía llevaba la camisa cubierta de polvo y humo.
Eli permanecía en el hospital con Lorraine, Naomi y dos agentes federales. Los médicos habían confirmado que no sufría daños graves, pero querían observarlo durante varias horas.
Marcus no quería dejarlo.
Eli fue quien insistió.
—Tienes que impedir que el señor Derek robe tu trabajo —dijo el niño.
Marcus no sabía cuánto comprendía. Probablemente había escuchado conversaciones entre los adultos.
—Mi trabajo no es más importante que tú.
—Pero ya me encontraste.
Aquella frase le dio la fuerza necesaria para levantarse.
El consejo se había reunido en el piso veintitrés. Derek aparecía mediante videoconferencia desde un lugar desconocido.
Cuando Marcus entró, varios directores se pusieron de pie.
Otros evitaron mirarlo.
Caleb Warren, presidente del consejo, golpeó la mesa.
—Esta reunión está restringida.
—Poseo el treinta y nueve por ciento de las acciones.
—Actualmente está suspendido.
—Mi suspensión se basó en documentos preparados por el hombre que secuestró a mi hijo.
La pantalla mostró el rostro de Derek.
Parecía tranquilo. Llevaba otra camisa y se encontraba frente a una pared blanca.
—Marcus está utilizando una disputa familiar para interferir en una operación legítima.
Marcus colocó varios discos sobre la mesa.
—Aquí están las grabaciones donde planificas provocar mi reacción, robar fondos y vender el terreno por debajo de su valor.
Derek no cambió de expresión.
—Obtenidas ilegalmente por un empleado despedido.
—Los registros financieros no proceden del sistema doméstico. Son copias de servidores corporativos.
Caleb miró a los abogados.
Richard Cole, asesor jurídico que había acompañado a Vanessa a la comisaría, se levantó.
—Hasta que se verifique la autenticidad, no pueden utilizarse para interrumpir una votación.
Marcus lo observó.
—Tú preparaste la acusación contra mí.
—Representé a una mujer que afirmó temer por su seguridad.
—También redactaste los contratos de Blue Harbor.
Richard cerró su carpeta.
—No conozco ninguna actividad ilegal.
Marcus mostró el registro empresarial.
—La dirección de Blue Harbor coincide con una oficina propiedad de tu esposa.
Por primera vez, Richard pareció incómodo.
Derek intervino:
—La votación debe continuar. Cada minuto de retraso pone en riesgo el acuerdo.
—¿Por qué tanta prisa? —preguntó Marcus—. El comprador ofreció ciento ochenta millones por un terreno valorado en casi cuatrocientos.
Un director llamado Helen Brooks abrió la propuesta.
—El informe de valoración muestra doscientos diez millones.
—Preparado por una empresa financiada por Derek.
—Eso es una acusación.
—Es una transferencia bancaria.
Marcus entregó copias.
Samuel había recuperado pagos desde North Ridge Consulting hacia la firma de tasación. North Ridge estaba controlada por Derek.
Caleb revisó los documentos.
—Suspenderemos la votación durante una investigación.
Richard se acercó.
—No puede hacerlo. Ya existen poderes suficientes para aprobarla.
—¿Qué poderes? —preguntó Helen.
Richard mostró autorizaciones electrónicas de cinco accionistas.
Marcus examinó una.
—Esta firma es falsa.
—Fue verificada por el sistema.
—El mismo sistema controlado por Derek.
La pantalla cambió.
Derek dejó de fingir cortesía.
—Voten ahora.
—¿O qué? —preguntó Marcus.
—La empresa conocerá la verdad sobre su fundador.
Marcus sintió que varios miembros del consejo se tensaban.
—¿Qué verdad?
Derek mostró una carpeta.
—Su padre utilizó fondos de la compañía para comprar terrenos mediante funcionarios sobornados. Bennett Urban Development se construyó sobre corrupción.
Marcus conocía algunas acusaciones antiguas, pero nunca había visto aquellas pruebas.
—¿Estás amenazando al consejo?
—Estoy explicando el coste de rechazar una venta conveniente.
Caleb apagó su micrófono.
—Esto es extorsión.
Derek sonrió.
—Es administración de riesgos.
Marcus comprendió que algunos directores ya sabían.
No habían apoyado a Derek solo por miedo a la reputación de Marcus.
También temían que revelara delitos antiguos que podían implicarlos.
—Publica todo —dijo Marcus.
Derek dejó de sonreír.
—¿Qué?
—Entrega cada documento a la prensa y a las autoridades.
—Destruirás la compañía de tu padre.
—Si fue construida mediante delitos, debe responder por ellos.
—Miles de personas perderán sus empleos.
—No utilizarás a los empleados como escudo para proteger a quienes robaron.
Marcus miró a los directores.
—Suspendemos la venta. Nombramos una auditoría verdaderamente independiente y entregamos los archivos históricos a la fiscalía.
Caleb parecía preocupado.
—La empresa puede colapsar.
—Entonces tendremos que reconstruirla sin mentiras.
Helen levantó la mano.
—Apoyo la suspensión.
Otros dos directores la siguieron.
Richard se levantó.
—Las autorizaciones existentes son suficientes para continuar.
La puerta se abrió.
Naomi Carter entró acompañada por agentes federales y Samuel Ortiz.
—No lo son —dijo—. Tres accionistas han confirmado por escrito que nunca entregaron esos poderes.
Richard intentó guardar su computadora.
Un agente se la quitó.
Samuel conectó su dispositivo a la pantalla principal.
Apareció una grabación de Derek y Richard.
—Cuando Marcus sea suspendido, adelantas la votación —decía Derek.
Richard respondió:
—Vanessa debe mantener la denuncia hasta que terminemos.
—Lo hará mientras crea que obtendrá la custodia y nueve millones.
—¿Y después?
—Después tendrá un accidente financiero. El dinero desaparecerá y Marcus creerá que ella lo robó.
Richard miró hacia la cámara.
—¿De dónde salió esa grabación?
Samuel respondió:
—Del despacho que utilizabas para espiar a otras personas.
La videollamada de Derek terminó abruptamente.
Marcus se acercó a la pantalla apagada.
Había huido otra vez.
Pero ya no controlaba el consejo.
La votación fue cancelada por unanimidad.
Las cuentas vinculadas con la venta quedaron congeladas.
Richard Cole fue detenido por fraude, falsificación y conspiración. Dos directores fueron suspendidos.
Marcus no recuperó inmediatamente la presidencia.
Pidió que permaneciera bajo una administración provisional mientras se realizaba la auditoría.
—¿Por qué? —preguntó Caleb—. Las acusaciones de violencia parecen haber sido fabricadas.
—Todavía existe una investigación sobre mi reacción dentro de la casa. Además, no quiero que el futuro de la empresa dependa únicamente de mi apellido.
Aquella tarde regresó al hospital.
Eli estaba despierto, comiendo helado.
—¿Ganaste? —preguntó.
Marcus se sentó junto a él.
—Detuvimos la venta.
—Entonces ganaste.
—No siempre se gana solo porque otra persona no consigue lo que quería.
Eli pensó mientras comía.
—¿El señor Derek irá a la cárcel?
—La policía tiene que encontrarlo primero.
—¿Por qué hizo todo eso?
Marcus no tenía una respuesta sencilla.
—Porque quería dinero y poder, y comenzó a pensar que las personas eran herramientas.
—¿Mamá también era una herramienta?
Marcus miró hacia la puerta.
Vanessa permanecía ingresada en otro piso bajo vigilancia.
—Al principio tomó decisiones con él. Después él también comenzó a utilizarla.
—¿Eso significa que mamá es buena?
—Significa que hizo cosas malas y que también sufrió daño.
—¿Puede ser las dos cosas?
—Sí.
El niño bajó la cuchara.
—¿Tú todavía la quieres?
Marcus sintió un dolor tranquilo.
—Una parte de mí siempre recordará la vida que tuvimos.
—Eso no es lo mismo.
Marcus sonrió débilmente.
—No. No lo es.
Naomi entró con nuevos documentos.
—Vanessa quiere declarar.
—¿Contra Derek?
—Contra Derek, Richard y ella misma.
—¿Qué pide?
—Ver a Eli.
Marcus miró a su hijo.
No podía utilizarlo como recompensa por la cooperación de Vanessa.
Tampoco podía ignorar que ella había participado en el plan.
—Solo con autorización médica y supervisión —dijo.
Eli escuchó.
—¿Puedo verla?
—¿Quieres?
—Quiero preguntarle por qué no abrió la puerta.
Marcus sintió que ninguna sentencia sería más dolorosa que aquella pregunta.
Vanessa entró minutos después en una silla de ruedas.
Tenía moretones en el rostro y una venda alrededor de una muñeca.
Eli no corrió hacia ella.
—Hola, cariño —dijo Vanessa.
—¿Por qué no abriste?
Ella comenzó a llorar.
—Porque estaba haciendo algo egoísta y tuve miedo de enfrentarme a lo que había hecho.
—Yo tenía hambre.
—Lo sé.
—Te llamé.
—Lo sé.
—El señor Derek dijo que papá era peligroso.
Vanessa miró a Marcus.
—Mentí.
—¿Papá no es peligroso?
—No para ti.
Marcus sintió que la respuesta era insuficiente.
—No para ti tampoco —dijo—. Nunca te golpeé.
Vanessa bajó la mirada.
—No. Nunca me golpeaste.
Naomi grabó la declaración.
Aquella frase podía destruir la acusación de violencia.
Pero Marcus no sintió victoria.
Solo vio a una familia intentando explicar a un niño por qué los adultos habían utilizado su miedo.
Vanessa extendió una mano.
Eli dudó.
Finalmente permitió que ella tocara sus dedos.
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No era perdón.
Era únicamente la primera conversación honesta desde antes de la puerta cerrada.