Chapter 4 - Las tres puertas

Las tres fotografías mostraban edificios completamente diferentes.
El primero era un antiguo almacén junto al río Chattahoochee. Tenía paredes de ladrillo rojo, ventanas rotas y una gran puerta metálica cubierta de óxido.
El segundo era una escuela primaria abandonada en las afueras de Atlanta. Las letras del nombre habían sido retiradas, pero todavía podían distinguirse sus marcas sobre la fachada amarillenta.
El tercero era un centro de ventas construido por Bennett Urban Development durante la crisis inmobiliaria. Nunca llegó a abrir. Era un edificio moderno, sin ventanas exteriores y con un estacionamiento subterráneo.
Debajo de las imágenes, Derek había escrito:
Solo uno contiene a tu hijo. La votación comienza a las nueve.
Marcus miró la hora.
Eran las dos y diecisiete de la madrugada.
Disponía de menos de siete horas.
—Quiere que nos dividamos —dijo Naomi—. Si enviamos policías a los tres lugares, alguien dentro del departamento le informará.
Owen Price amplió las fotografías en la pantalla.
—También puede haber colocado cámaras para ver cuál eliges.
Marcus no apartaba la mirada del teléfono.
Eli aparecía en la última videollamada dentro de un automóvil. Detrás del niño solo se distinguían asientos oscuros y una luz que entraba por una ventana lateral.
—Reproduce la llamada otra vez —pidió.
Naomi conectó el teléfono a la computadora.
La voz de Eli llenó la habitación.
—Papá, ¿estás enfadado?
Después habló Derek.
Al fondo se escuchaba el motor, el sonido intermitente de los neumáticos y un golpe metálico repetido cada pocos segundos.
Samuel Ortiz acercó unos auriculares.
—Hay algo detrás de la voz.
Aisló el sonido.
Primero apareció un silbido.
Después una campana lejana.
Finalmente, una voz femenina anunciando algo que no podían entender.
—Un tren —dijo Owen.
—Los tres edificios están cerca de vías —respondió Naomi.
Samuel continuó limpiando el audio.
La voz femenina se volvió más clara.
—Próxima parada…
El resto desaparecía bajo el motor.
Owen abrió un mapa.
El almacén estaba cerca de una vía de carga sin transporte de pasajeros. La escuela se encontraba a dos kilómetros de una línea de metro. El centro de ventas estaba junto a una estación elevada.
—La voz puede proceder del metro —dijo.
—Entonces la escuela o el centro de ventas —respondió Marcus.
Samuel examinó la fotografía de Eli.
—El reflejo en el cristal.
Amplió la ventana situada detrás del niño.
Aparecía una línea de luces blancas que pasaban de izquierda a derecha. Debajo, durante menos de un segundo, podía verse un muro cubierto con dibujos de animales.
Marcus reconoció el lugar.
—El túnel de Peachtree.
El acceso al centro de ventas obligaba a atravesar aquel túnel. Sus paredes estaban decoradas con murales de animales pintados por estudiantes locales.
—El tercer edificio —dijo.
Owen no parecía convencido.
—Puede haber utilizado el túnel para hacernos creer eso y después cambiar de dirección.
Marcus recordó las palabras de Derek:
Será mejor que elijas la puerta correcta.
No quería únicamente esconder a Eli.
Quería obligar a Marcus a tomar una decisión bajo presión.
—Las fotografías contienen algo más —dijo Marcus—. Derek nunca deja una negociación sin preparar una salida.
Revisaron los archivos originales.
La imagen del almacén había sido tomada dos meses antes.
La de la escuela, nueve días antes.
La fotografía del centro de ventas había sido tomada aquella misma noche.
Una nube reflejada sobre la puerta coincidía con la tormenta que había pasado sobre Atlanta pocas horas antes.
—Está allí —dijo Marcus.
Naomi llamó a una unidad federal en lugar de utilizar a la policía local. Owen contactó con dos antiguos compañeros de confianza.
Marcus tomó las llaves del automóvil.
—Tú no entras primero —advirtió Naomi.
—Es mi hijo.
—Precisamente por eso no puedes ser quien revise una posible trampa.
—Derek no hablará con otra persona.
—No necesita hablar. Necesitamos sacar a Eli.
Marcus miró el avión de juguete que había quedado sobre la cama vacía.
No.
El avión no estaba allí.
Recordó que Eli lo llevaba durante la videollamada.
Un pequeño juguete azul que había comprado en el aeropuerto.
Dentro de la caja existía una función que Marcus había olvidado: el avión podía conectarse a una aplicación para reproducir sonidos y localizarse mediante Bluetooth.
Abrió la aplicación.
Durante varios segundos no encontró ningún dispositivo.
Después apareció una señal débil.
Bennett Jet — Última conexión: 02:08.
La ubicación coincidía con el centro de ventas.
—Lo tenemos.
Salieron en tres vehículos diferentes.
Naomi permaneció con Lorraine mientras Samuel se conectaba remotamente al sistema de seguridad del edificio. Derek había cambiado las contraseñas, pero Samuel había participado en su instalación.
—Las cámaras interiores están activas —informó—. No puedo verlas porque la señal está cifrada, pero alguien está transmitiendo datos desde el segundo nivel subterráneo.
—¿Cuántas entradas? —preguntó Owen.
—Dos puertas principales, una salida de carga y un túnel técnico conectado al metro.
Marcus recordó los planos.
El centro había sido diseñado para mostrar apartamentos de lujo que nunca se construyeron. En el piso subterráneo había habitaciones decoradas como viviendas completas.
Derek podía mantener allí a Eli sin que nadie escuchara.
Los vehículos se detuvieron a varias calles.
La unidad federal cortó la electricidad exterior, pero el edificio continuó iluminado.
—Generador independiente —dijo Samuel.
Marcus recibió otro mensaje.
Era una transmisión en directo.
Eli estaba sentado en una pequeña habitación. Tenía las manos libres, pero la puerta detrás de él estaba cerrada. Lloraba en silencio mientras sostenía el avión.
Derek apareció frente a la cámara.
—Parece que elegiste correctamente.
—Déjalo salir.
—Primero debes enviar tu voto.
—La reunión no ha comenzado.
—Puedes firmar una autorización electrónica.
Un documento llegó al correo de Marcus.
Cedía su poder de voto a Derek durante la reunión extraordinaria y ratificaba la venta del terreno.
También incluía una declaración donde Marcus afirmaba que los audios de Samuel habían sido manipulados.
—Quiero hablar con Eli sin que estés presente.
Derek giró la cámara.
—Di algo a tu padre.
Eli levantó la cabeza.
—Quiero ir con la abuela.
—Voy a llevarte con ella.
—¿Mamá está aquí?
Derek retiró el teléfono antes de que Marcus respondiera.
—Firma.
Marcus observó la pantalla.
Necesitaba mantenerlo hablando mientras el equipo encontraba el acceso.
—¿Dónde está Vanessa?
—Ya no es parte del acuerdo.
—Ella te ayudó.
—Y después perdió la valentía.
—¿La mataste?
Derek sonrió.
—Todavía piensas como un esposo traicionado. Vanessa dejó de importarme en cuanto abrió la puerta de la comisaría.
—¿Dónde está?
—Firma.
Marcus recibió una señal de Owen.
El equipo federal había entrado por el túnel técnico.
Necesitaban tres minutos.
—Si te entrego el voto, ¿cómo sé que liberarás a Eli?
—No lo sabes.
—Entonces no tenemos un acuerdo.
—Tienes una alternativa peor.
La cámara mostró un pequeño recipiente situado junto a la puerta de la habitación. Varios cables salían desde su interior.
—¿Qué es eso?
—Una batería conectada al sistema de cierre y a varias resistencias eléctricas. Si pierdo el control de la red, el fuego comenzará dentro de la pared.
Marcus sintió que el miedo intentaba apoderarse de su respiración.
—Eli también podría morir.
—Eso depende de ti.
—No. Depende de ti. Tú colocaste el dispositivo.
Derek perdió la sonrisa.
—Firma.
Marcus escuchó a su hijo llorar.
Cada parte de su cuerpo quería obedecer.
El terreno, la empresa y los treinta y dos millones no importaban frente a la vida de Eli.
Pero entregar el control no garantizaba nada.
Derek ya había demostrado que destruía a cualquier persona que pudiera denunciarlo.
—Envíame el documento original —dijo Marcus—. El archivo recibido no muestra el certificado de la votación.
—No intentes ganar tiempo.
—El consejo puede rechazarlo si no tiene el formato correcto. Si quieres mi voto, hazlo de manera válida.
Derek miró hacia otra pantalla.
Estaba revisando los datos.
Marcus recibió un segundo mensaje.
Al mismo tiempo, Samuel habló por el auricular:
—He encontrado el circuito del dispositivo. No es una bomba. Es un sistema de humo conectado a una puerta cortafuegos.
—¿Puede dañar a Eli?
—Puede llenar la habitación de humo y bloquear la salida.
—¿Puedes desactivarlo?
—No desde fuera. Alguien debe retirar manualmente el cable azul del panel central.
—¿Dónde está?
—En la habitación contigua.
Owen y los agentes ya se encontraban en el pasillo subterráneo.
Derek escuchó un ruido.
Se volvió.
—Has traído a la policía.
—No iba a venir solo.
Derek tomó un control remoto.
—Te advertí.
Presionó el botón.
En la transmisión, las luces de la habitación se apagaron. Una nube de humo comenzó a salir desde una rejilla.
Eli gritó.
—¡Papá!
Marcus corrió hacia el edificio antes de que Owen pudiera detenerlo.
Los agentes derribaron la puerta de carga.
El humo se extendía por el nivel inferior.
Samuel guiaba sus movimientos mediante los planos.
—Primera escalera. Después a la izquierda.
Marcus descendió.
Escuchó los gritos de Eli detrás de una puerta metálica.
—¡Estoy aquí!
—¡Papá!
Intentó abrir.
Bloqueada.
A su derecha había una segunda puerta.
La habitación del panel.
Marcus la golpeó con el hombro.
No cedió.
Durante una fracción de segundo regresó a su dormitorio. La madera rota. Vanessa bajo la sábana. La mirada asustada de Eli.
Pero aquella puerta no escondía una traición.
Detrás estaba el mecanismo que podía salvar a su hijo.
Un agente utilizó una herramienta hidráulica.
La puerta se abrió.
Marcus encontró el panel y arrancó el cable azul.
El humo dejó de salir.
La puerta de Eli se desbloqueó.
Entró.
El niño estaba en el suelo, tosiendo y abrazando el avión.
Marcus lo levantó.
—Te tengo.
Eli rodeó su cuello con ambos brazos.
—Pensé que no sabías cuál puerta era.
—Siempre iba a encontrarte.
—¿La rompiste?
Marcus miró la puerta abierta.
—Esta vez tuve ayuda.
Los paramédicos examinaron al niño.
Había inhalado humo, pero su oxígeno era estable.
Derek escapó por el túnel del metro antes de que los agentes llegaran a la sala de control.
Dentro encontraron ordenadores, documentos de la venta y fotografías utilizadas para vigilar a Marcus.
También encontraron a Vanessa.
Estaba atada dentro de otra habitación, inconsciente.
Cuando recuperó el conocimiento, lo primero que preguntó fue:
—¿Dónde está Eli?
Marcus permaneció a varios metros.
—Está vivo.
Vanessa comenzó a llorar.
—Derek dijo que solo quería asustarte.
—Dejaste que utilizara a nuestro hijo una vez. Después descubriste que no podías controlar hasta dónde llegaría.
—Intenté detenerlo.
—Demasiado tarde.
—Lo sé.
Los paramédicos la trasladaron.
Marcus subió a la ambulancia de Eli.
El niño seguía sujetando el avión.
—¿Mamá viene con nosotros?
Marcus miró la segunda ambulancia.
—Va a otro hospital.
—¿Está lastimada?
—Sí.
—¿Fue el señor Derek?
—Sí.
Eli apoyó la cabeza contra su pecho.
—No quiero que rompa más puertas.
Marcus besó su cabello.
—No lo hará.
Pero mientras la ambulancia avanzaba, Naomi llamó.
La votación del consejo seguía programada.
Derek no necesitaba estar presente físicamente.
Antes de huir, había transferido el poder de voto de varios accionistas mediante documentos falsos.
Si Marcus no llegaba antes de las nueve, la venta podía aprobarse.
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Había encontrado a su hijo.
Ahora debía salvar la empresa antes de que Derek utilizara el secuestro como la última distracción.