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Chapter 5 - Los hijos de Arthur

Charles Whitmore llegó a la casa acompañado por dos abogados.

Victoria llegó diez minutos después.

Edmund fue el último.

Ninguno felicitó a su padre.

Charles arrojó una carpeta sobre la mesa.

—Anula el matrimonio.

Arthur estaba sentado frente a la chimenea.

—Buenos días para ti también.

Victoria miró a Chloe.

—¿Cuánto quieres?

Chloe no respondió.

—Dime una cifra.

Arthur levantó la voz.

—Basta.

Victoria ignoró a su padre.

—Diez millones.

Chloe la miró.

—¿Perdón?

—Te damos diez millones y desapareces.

Charles intervino.

—Firma la nulidad. Renuncia al poder. No vuelvas a acercarte a él.

Chloe sintió que el estómago se cerraba.

Arthur parecía agotado.

—Escuchadme.

Charles se giró.

—No. Escúchame tú. Esta chica te ha manipulado.

—Tengo cincuenta y seis años.

—Estás muriendo.

Arthur sostuvo su mirada.

—No es lo mismo que estar muerto.

Silencio.

Victoria cruzó los brazos.

—Ella quiere tu patrimonio.

Arthur se rio.

—Curioso.

—¿Qué?

—Lleváis cuarenta minutos hablando de mi patrimonio.

Miró a Chloe.

—Ella todavía no ha mencionado dinero una sola vez.

Edmund habló por primera vez.

—Papá, queremos protegerte.

—¿Dónde estabais hace dos meses?

Nadie respondió.

—¿Dónde estabais cuando pasé tres noches sin dormir porque no podía respirar?

Silencio.

—¿Dónde estabais cuando el médico dijo que probablemente no vería otro cumpleaños?

Charles apretó la mandíbula.

—Tenemos vidas.

—Exacto.

Arthur asintió.

—Y yo tengo la mía.

Victoria señaló a Chloe.

—Ella no es familia.

Arthur respondió:

—Ahora sí.

Aquella frase inició la guerra.

Dos días después, los hijos presentaron una petición judicial.

Afirmaban que Chloe había explotado a un hombre vulnerable.

Que lo había aislado.

Que había utilizado su trabajo hospitalario para acercarse a él.

Que el matrimonio era parte de un fraude.

Los periódicos encontraron la historia.

“ESTUDIANTE DE 22 AÑOS SE CASA CON MILLONARIO MORIBUNDO”.

“AMOR O HERENCIA”.

“LA ENFERMERA Y EL MAGNATE”.

Chloe leyó uno de los titulares y apagó el teléfono.

Arthur la observó.

—Puedes marcharte.

—No.

—No te culparía.

—Yo sí.

Arthur sonrió.

—Eres tan testaruda como tu madre.

Chloe lo miró sorprendida.

—No la conoce.

—Conocí su expediente.

—Eso no cuenta.

—Sobrevivió.

Arthur miró hacia la ventana.

—A veces eso cuenta más que conocer a alguien.

Chloe sintió lágrimas.

Arthur extendió la mano.

—No dejes que esto te convierta en alguien que no eres.

Ella tomó su mano.

—Entonces tampoco deje que ellos decidan quién es usted.

Fuera, periodistas comenzaban a reunirse.

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Dentro, Arthur y Chloe preparaban algo más importante que una defensa.

Preparaban la verdad.

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