Chapter 4 - Una boda sin flores

La propuesta no fue romántica.
No hubo restaurante.
Ni anillo de diamantes.
Ni música.
Arthur estaba sentado en su biblioteca con una manta sobre las piernas.
Su abogado, Jonathan Hale, acababa de explicar las consecuencias de la audiencia.
—Si el tribunal acepta que usted no tiene capacidad suficiente, sus hijos podrían controlar decisiones médicas y patrimoniales.
Arthur miró a Chloe.
—Y podrían sacarme de aquí.
Jonathan asintió.
—Sí.
Arthur se quedó en silencio.
Después dijo:
—Entonces necesito a alguien con legitimidad legal.
Jonathan no respondió.
Chloe entendió.
—No.
Arthur sonrió débilmente.
—Todavía no he preguntado.
—Sé lo que está pensando.
—Es una solución.
—Es una locura.
—Probablemente.
Arthur la miró.
—Pero estoy quedándome sin tiempo.
Chloe caminó hasta la ventana.
—Sus hijos dirán que quiero su dinero.
—Ya lo dicen.
—Dirán que lo manipulo.
—También.
—Van a destruirme.
Arthur bajó la mirada.
—Por eso no tienes que hacerlo.
Chloe pensó en el recibo.
En Elena.
En las noches en que su madre sobrevivió gracias a un desconocido.
Después pensó en Arthur mirando una puerta que nadie abría.
—Si lo hago, habrá condiciones.
Arthur arqueó una ceja.
—Negociadora.
—Evaluación médica independiente.
—De acuerdo.
—Su abogado estará presente.
—Sí.
—Acuerdo prenupcial.
Arthur sonrió.
—Eso decepcionará mucho a mis hijos.
—Y yo no quiero heredar nada.
Arthur dejó de sonreír.
—Chloe…
—Nada.
—Puede que quiera dejarte algo.
—Entonces dónelo.
Arthur la observó durante mucho tiempo.
—¿Por qué haces esto?
Chloe respondió:
—Porque alguien tiene que recordar que usted todavía está vivo.
La boda tuvo lugar once días después.
Sin flores.
Sin fotógrafos.
Cuatro personas.
Un médico certificó la capacidad de Arthur.
Jonathan estuvo presente.
Dos testigos firmaron.
Arthur pronunció los votos sentado.
Chloe lo hizo de pie frente a él.
Cuando terminó, Arthur besó su mano.
—Gracias.
Chloe negó.
—No me dé las gracias todavía.
Arthur rio.
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—Tienes razón. Mis hijos van a declararnos la guerra.
Tenía razón.