Capítulo 3 - El heredero que todavía no había nacido

El fideicomiso Caldwell había sido creado por la esposa fallecida de Richard, Elizabeth, veinte años antes.
Su objetivo era impedir que la fortuna familiar quedara en manos de una sola persona.
Cuando naciera el primer nieto biológico de Richard, una participación del veinticinco por ciento de Caldwell Medical Technologies pasaría automáticamente a un fondo protegido para el niño.
Los padres actuarían como administradores conjuntos hasta que el heredero cumpliera veinticinco años.
Sin embargo, si uno de ellos moría o era declarado incapaz, el otro obtendría el control temporal.
Claire había encontrado una carpeta dentro del despacho de Ethan.
Contenía una solicitud para declararla mentalmente inestable después del parto.
También había informes firmados por el doctor Julian Reeves, un psiquiatra privado al que Claire nunca había visitado.
—Dice que sufro delirios, tendencias violentas y riesgo de dañar al bebé —explicó.
—¿Cuándo se escribió? —preguntó Richard.
—Hace tres meses.
—¿Antes de que Ethan comenzara a encerrarte?
Claire asintió.
El plan estaba claro.
Ethan pretendía provocar una crisis, presentarla como una madre peligrosa y obtener el control exclusivo del fideicomiso de su hijo.
Pero Richard todavía no comprendía por qué su hijo necesitaba las acciones con tanta urgencia.
La respuesta apareció cuando su directora financiera, Helen Ward, llegó a la mansión.
Richard le pidió revisar discretamente las cuentas privadas de Ethan.
Dos horas después, Helen colocó una carpeta sobre la mesa.
—Su hijo ha perdido más de cuarenta millones de dólares.
Ethan había invertido en una empresa de criptomonedas, propiedades de lujo y apuestas privadas. Para ocultarlo, retiraba dinero de varias subsidiarias de Caldwell Medical Technologies.
Los auditores descubrirían las pérdidas al final del trimestre.
—Necesitaba las acciones del fideicomiso como garantía —dijo Helen—. Sin ellas, sus acreedores podrían denunciarlo.
Richard miró hacia la habitación donde los agentes interrogaban a Ethan.
Su hijo no solo había malgastado una fortuna.
Había utilizado a su esposa embarazada como parte de un plan financiero.
Claire sacó un pequeño dispositivo de su bolsillo.
—También encontré esto debajo del escritorio.
Era una grabadora.
En uno de los archivos se escuchaba a Ethan hablando con un hombre.
—Cuando el bebé nazca, Claire sufrirá una crisis —decía—. El informe médico ya está preparado.
La otra voz preguntó:
—¿Y si Richard interviene?
Ethan rio.
—Mi padre está envejeciendo. Pronto también tendremos que ocuparnos de él.
Richard reconoció la segunda voz.
Pertenecía a Marcus Hale, vicepresidente de su compañía y su amigo de confianza desde hacía más de treinta años.
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La traición no terminaba con su hijo.
Solo comenzaba allí.