Capítulo 1 - El regreso inesperado

Cuando Richard Caldwell abrió las puertas de su mansión en Connecticut, lo primero que vio fue a su hijo bebiendo tranquilamente junto al vestíbulo.
Ethan Caldwell, de veintinueve años, llevaba una camisa negra y sostenía un vaso de whisky. Al ver a su padre, su expresión cambió de inmediato.
—Pensé que regresarías mañana —dijo.
Richard dejó la maleta junto a la entrada.
A sus sesenta y dos años, seguía siendo un hombre imponente: alto, de cabello plateado, barba perfectamente recortada y una mirada capaz de silenciar una sala de juntas.
Había pasado dos semanas en Londres negociando la expansión internacional de Caldwell Medical Technologies. Regresó antes porque la firma del contrato se había adelantado.
—También me alegra verte —respondió con frialdad—. ¿Dónde está Claire?
Ethan tomó un sorbo.
—Descansando.
Claire Morgan era la esposa de Ethan. Tenía treinta y un años, cabello castaño oscuro y estaba embarazada de ocho meses.
Durante las últimas semanas, Richard había intentado llamarla varias veces, pero Ethan siempre contestaba que se encontraba demasiado cansada para hablar.
Entonces escuchó un sollozo.
Provenía del salón.
Richard atravesó el vestíbulo y encontró a Claire sentada en el suelo junto a un sofá. Llevaba un vestido beige arrugado. Una marca roja cruzaba su mejilla y tenía sangre seca en la comisura de los labios.
Protegía su vientre con ambas manos.
—Claire…
Ella levantó el rostro.
—Richard, por favor… no deje que vuelva a tocarme.
Ethan apareció detrás de su padre.
—Está exagerando. Tropezó durante una discusión.
Richard se arrodilló frente a ella y examinó la herida.
—¿Te golpeó?
Claire miró a Ethan y comenzó a temblar.
Esa reacción fue suficiente.
Richard se levantó lentamente.
—Pregunté si la golpeaste.
Ethan dejó el vaso sobre una mesa.
—Es mi esposa. Esto no es asunto tuyo.
Richard lo sujetó por la camisa.
—Estás dentro de mi casa, trabajando en mi compañía y hablando del hijo que ella lleva como si también fuera de tu propiedad.
Ethan intentó apartarlo.
—Suéltame.
Richard lo empujó.
Ethan cayó hacia atrás y atravesó la mesa de cristal del salón.
El estruendo resonó por toda la mansión.
Entre los cristales rotos, Ethan levantó la mirada con odio.
—Acabas de cometer el peor error de tu vida.
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Richard sacó el transmisor de seguridad que llevaba en el cinturón.
—No —respondió—. Mi error fue no regresar antes.