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Chapter 3 - El agente Cole empieza a hablar

Ryan Cole aguantó cuatro días.

Entró al edificio federal por un garaje privado con gorra de béisbol y gafas de sol.

—Quiero inmunidad —dijo.

La fiscal federal Evelyn Hart negó con la cabeza.

—No estás en posición de exigirla.

—Sé cosas.

—Entonces habla.

Finalmente, Cole habló.

Bell lo había introducido en el esquema nueve meses antes.

Al principio, según Cole, era simplemente robo en carretera.

Conductores con dinero en efectivo.

Conductores poco propensos a denunciar.

Inventar causa probable. Registrar. Llevarse una pequeña cantidad.

—¿Pequeña? —preguntó Victoria.

Cole evitó su mirada.

—Cincuenta. Cien. A veces más.

La libreta, explicó, registraba patrones: trabajadores agrícolas cobrando los viernes, estudiantes cerca de la fecha del alquiler, pequeños comerciantes saliendo de mercados de fin de semana.

—Perfilabais a la gente para robarle —dijo Victoria.

—Sí.

Pero el papel de Crane era mayor.

Algunas paradas se utilizaban para identificar a conductores que llevaban carga valiosa, medicamentos, armas de fuego o grandes cantidades de dinero.

Luego la información se enviaba a alguien fuera del departamento.

—¿El SUV negro? —preguntó Victoria.

Cole levantó la vista bruscamente.

—Sí.

—¿Quién?

—Lo llamábamos Dawson.

—¿Qué hacía Dawson?

Cole tragó saliva.

—A veces el conductor volvía a ser detenido más tarde.

—¿Por la policía?

—No.

La sala quedó inmóvil.

Victoria lo entendió lentamente.

—Seleccionabais objetivos para robos.

Cole asintió.

Bell los llamaba entregas.

Crane controlaba la relación. Bell hacía la selección en carretera. Cole actuaba como apoyo.

Entonces Hart colocó varias fotografías sobre la mesa.

Teresa. Jeremy. Samuel Ortiz.

Cole reaccionó al ver a Samuel.

Victoria lo notó.

—¿Qué?

—Nada.

—Sabes algo.

Las manos de Cole comenzaron a temblar.

—Samuel vio demasiado.

Victoria sintió frío.

—¿Qué significa eso?

—Bell quería asustarlo.

—¿Cuándo?

Cole susurró:

—Esta noche.

Victoria ya estaba de pie.

Llamó a Samuel.

Sin respuesta.

Otra vez.

Nada.

Las patrullas llegaron a la gasolinera diecisiete minutos después.

Luces apagadas.

Puerta principal abierta.

Una estantería tirada.

Detrás del mostrador había un teléfono roto.

Cerca del almacén había sangre.

Samuel había desaparecido.

Cinco kilómetros al norte, la policía encontró su camioneta abandonada con la puerta del conductor abierta.

Victoria miró la carretera oscura.

El caso de corrupción acababa de convertirse en una investigación por secuestro.

Entonces Cole añadió un último detalle.

—Crane sabe que sigues trabajando en el caso.

Victoria se volvió.

—¿Cómo?

—No lo sé.

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Solo un puñado de personas sabía que su retirada era una tapadera.

Alguien dentro de la unidad especial estaba filtrando información.

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