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LA NOVIA QUE DETUVO LA BODA / Chapter 14 / 15

Chapter 14 - El hotel de Rebecca

Tres años después de la boda interrumpida, Halcyon inauguró un nuevo hotel en Boston.

Elena había aprobado el proyecto antes del escándalo.

Ahora estaba terminado.

El consejo propuso llamarlo Ward Grand.

Elena rechazó.

—Demasiado ego.

Julian protestó.

—Mi ego es excelente para marketing.

Elena rio.

Finalmente eligieron otro nombre.

Rebecca House.

No era un monumento triste.

Era un hotel.

Luz.

Restaurante.

Música.

Personas llegando con maletas.

Vida.

En la inauguración, Julian se quedó frente al letrero mucho tiempo.

—Le habría encantado.

—¿Los hoteles?

—Criticarlos.

Elena sonrió.

—Perfecto.

El edificio incluía una planta dedicada a alojamiento temporal para familias con niños hospitalizados, financiada por Halcyon y organizaciones asociadas.

También tenía una oficina del Proyecto Origen.

No anunciada con grandes pancartas.

Discreta.

Para personas que necesitaban ayuda reconstruyendo historiales.

Miriam asistió.

Estaba nerviosa.

Elena la recibió.

—No sabía si debía venir.

—Yo tampoco.

Miriam bajó la mirada.

—Lo siento.

Elena respiró.

Había escuchado esa frase muchas veces.

—Lo sé.

—¿Me perdonas?

Elena pensó.

—Por algunas cosas.

Miriam comenzó a llorar.

—¿Y las otras?

—Todavía no.

Miriam asintió.

Elena continuó.

—Pero no necesito odiarte para saber que estuvieron mal.

Eso fue suficiente.

Más tarde, Julian llevó a Elena al tejado.

La ciudad brillaba.

—¿Te arrepientes de haber aceptado Halcyon?

—A veces.

—Excelente.

—¿Por qué?

—Significa que sabes cuánto pesa.

Elena miró el hotel.

—Pensaba que heredar significaba recibir algo.

—¿Y ahora?

—Creo que significa decidir qué haces con algo que empezó antes que tú.

Julian sonrió.

—Eso sí lo heredaste de Rebecca.

Elena apoyó los brazos en la barandilla.

—No la conocí.

—No.

—A veces siento que todos me hablan de una mujer que debería significar algo enorme y yo solo tengo fotografías.

Julian asintió.

—No necesitas sentir lo que otros esperan.

Elena lo miró.

—Eso también se aplica a ti.

Julian rio.

—Touché.

Esa noche, después del evento, Elena caminó sola por el lobby.

Un empleado nuevo dejó caer una bandeja.

Se disculpó desesperadamente.

Elena se agachó para ayudar.

—No pasa nada.

El joven la reconoció.

—Señora Ward.

—Elena.

—Lo siento mucho.

Elena miró el cristal roto.

Durante un segundo recordó el pendiente golpeando el mármol de la catedral.

Otro sonido.

Otra vida.

—De verdad —dijo—. Solo es vidrio.

Ayudó a recoger.

Después siguió caminando.

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La memoria seguía allí.

Ya no mandaba.

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