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Chapter 6 - El juicio de Eleanor y Richard

El juicio comenzó diez meses después.

Los medios lo llamaron El caso del compromiso envenenado, aunque para mí aquel nombre convertía la tragedia de Ava en entretenimiento.

La sala estaba llena todos los días.

Richard y Eleanor fueron juzgados juntos por fraude, conspiración, homicidio relacionado con la muerte de Grace, falsificación y lavado de dinero.

Eleanor enfrentaba además intento de asesinato y secuestro de una menor.

Victor Lane aceptó declarar a cambio de una reducción de condena.

Madison también testificó.

Ava no entró en la sala. Su entrevista fue grabada por una especialista infantil y mostrada únicamente al jurado.

En el video, mi hija llevaba un vestido azul y sostenía un conejo de peluche.

—¿Qué ocurrió durante la fiesta? —preguntó la especialista.

—Encontré papeles en el bolso de Madison.

—¿Sabías qué significaban?

—No. Solo vi mi nombre y el de mamá Grace.

—¿Qué hiciste?

—Pregunté a Madison.

—¿Qué respondió?

—Dijo que eran cosas de adultos.

Ava explicó que Eleanor le entregó una limonada.

—Sabía amarga.

—¿Querías beberla?

—No.

—¿Por qué lo hiciste?

—La señora Eleanor dijo que papá se enfadaría si arruinaba la fiesta.

Después describió cómo empezó a sentir sueño.

Eleanor la llevó detrás de la casa.

—¿Entraste voluntariamente en el contenedor?

—No.

—¿Qué ocurrió?

—Me levantó y me puso dentro.

—¿Dijiste algo?

—Le pedí que llamara a papá.

—¿Qué respondió?

Ava miró hacia el suelo.

—Que papá tendría una familia mejor cuando yo me fuera.

La grabación provocó llanto entre varios jurados.

La defensa de Eleanor afirmó que sufría una crisis mental provocada por el colapso financiero de su esposo.

Su abogado intentó presentar el contenedor como un escondite temporal y la dosis como un error.

La fiscal mostró la cuerda.

Después reprodujo la grabación de la pulsera.

—Bébelo todo.

—Sabe raro.

—Tu padre está ocupado preparando una nueva vida.

No existía accidente.

Eleanor sabía que Ava estaba sedada.

La encerró.

Bloqueó la tapa.

Y regresó al jardín para posar junto al cartel que celebraba una nueva familia.

Cuando subió al estrado, Eleanor intentó mantener la dignidad.

—Nunca quise que muriera.

La fiscal se acercó.

—¿Por qué utilizó una cuerda?

—Temía que despertara y saliera desorientada.

—¿Por qué no la dejó en una habitación?

—Los invitados podían encontrarla.

—¿Por qué era importante que no la encontraran?

—Debíamos completar la firma.

—Entonces su acceso a ciento veinte millones era más importante que la seguridad de una niña.

—No lo describiría así.

—¿Cómo lo describiría?

Eleanor guardó silencio.

La fiscal mostró una fotografía de Ava inconsciente.

—Descríbalo.

Eleanor apartó la mirada.

—Fue una decisión terrible.

—Fue una cadena de decisiones. Preparó la droga, engañó a la niña, la levantó, la colocó dentro, cerró la tapa, ató la cuerda y regresó a la fiesta.

Cada verbo destruyó la idea de un impulso.

Richard intentó responsabilizar a Eleanor y Victor.

Afirmó que él nunca autorizó una dosis peligrosa ni el sabotaje de los frenos.

Victor mostró grabaciones donde Richard decía:

—Grace debe perder la reunión de cualquier manera.

—¿Incluso si el automóvil queda inutilizado? —preguntaba Victor.

—Haz lo necesario.

La defensa insistió en que Richard no ordenó una muerte.

La fiscal respondió:

—No necesita desear un cadáver para ser responsable de crear deliberadamente un peligro mortal.

Madison testificó durante dos días.

Su madre no apartó los ojos de ella.

—¿Quién diseñó el plan para obtener el fideicomiso? —preguntó la fiscal.

—Eleanor.

—¿Quién pidió falsificar la firma de Ethan?

—Richard.

—¿Quién eligió Westbridge Academy?

—Yo investigué las instituciones. Eleanor la eligió.

—¿Quién sabía que Ava sería sedada?

—Los tres.

Un murmullo recorrió la sala.

Eleanor gritó:

—¡Mentirosa!

El juez ordenó silencio.

Madison continuó:

—No sabía la cantidad ni que la encerraría con una cuerda. Pero sabía que mi madre planeaba impedir que Ava estuviera presente.

—¿Por qué aceptó?

—Porque quería casarme con Ethan, conservar mi estilo de vida y creer que podría reparar todo después.

—¿Lo amaba?

—Sí.

—¿Ese amor detuvo el plan?

—No.

—Entonces no protegió a las personas que afirmaba amar.

—No.

La sinceridad no eliminó su responsabilidad.

Pero hizo imposible que sus padres la utilizaran como única culpable.

Yo declaré sobre Grace, el fideicomiso y el momento en que encontré a Ava.

La defensa me preguntó si odiaba a los acusados.

—Sí —respondí.

—Entonces su testimonio está influido por venganza.

—Mi emoción no creó los audios, las transferencias ni la cuerda.

—¿Quiere verlos sufrir?

Pensé antes de responder.

—Quiero que nunca vuelvan a tener poder sobre una persona vulnerable.

—No fue la pregunta.

—A veces deseo que sufran. Por eso no soy quien decide la condena.

La respuesta pareció sorprender al abogado.

No intenté fingir pureza.

La rabia existía.

Pero no dirigiría el proceso.

Después de tres semanas, el jurado declaró culpables a ambos.

Richard fue condenado a cuarenta y seis años por fraude, conspiración y homicidio.

Eleanor recibió una condena de cincuenta y dos años.

Debido a su edad, ambos probablemente morirían en prisión.

Antes de ser retirada, Eleanor pidió hablar.

—Ava —dijo mirando hacia las cámaras—, nunca comprendí el daño hasta que vi el video.

Yo estaba en la sala.

—Lo comprendió cuando la escuchó gritar —respondí.

El juez pidió silencio.

Eleanor continuó:

—No espero perdón.

Por primera vez, no añadió ninguna petición.

Richard permaneció inmóvil.

Madison recibió su sentencia semanas después: nueve años de prisión y restitución completa de todos los bienes obtenidos mediante la conspiración.

Durante su declaración final, habló hacia mí.

—No pediré otra oportunidad como pareja.

—Bien.

—Solo quiero agradecerte por permitir que mis cartas lleguen a Ava cuando su terapeuta lo considere adecuado.

—Ella decidirá.

—Lo sé.

Ava leyó la primera carta un mes después.

Madison escribió:

No estabas dentro del contenedor porque hicieras algo malo. Estabas allí porque los adultos que debían protegerte eligieron dinero y miedo.

Yo escuché tu voz y no actué. Esa decisión fue mía.

Ava dejó el papel.

—No dice que la perdone.

—No.

—¿Está intentando ser buena?

—Está intentando asumir la verdad.

—¿Eso la hace buena?

—Una decisión correcta no borra las anteriores. Pero puede ser el comienzo de algo diferente.

Ava guardó la carta.

—No quiero responder todavía.

—No tienes que hacerlo.

El juicio terminó.

Los culpables fueron condenados.

Sin embargo, las pesadillas no desaparecieron al escuchar una sentencia.

Ava todavía temía los espacios cerrados.

Yo todavía comprobaba su habitación varias veces por noche.

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La justicia había cerrado un caso.

La recuperación tendría que abrirse paso lentamente.

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