Chapter 2 - La mujer sin nombre

Cuando Elena despertó, lo primero que sintió fue olor a café.
Después dolor.
Le dolía el hombro derecho, las costillas, la cabeza y prácticamente cada músculo de su cuerpo.
Intentó incorporarse.
—Despacio.
La voz era masculina.
Elena abrió los ojos.
Una mancha clara se movía delante de ella.
—¿Dónde estoy?
—En mi casa.
Elena tensó todo el cuerpo.
Mateo mantuvo distancia.
—Te saqué del río ayer por la tarde. La tormenta bloqueó la carretera y no había cobertura. El médico del pueblo vino esta mañana.
Elena intentó recordar.
Río.
Agua.
Una sensación de caída.
Nada más.
—¿Me caí?
Mateo dudó.
—No lo sé.
—¿Estaba sola?
—Cuando te encontré, sí.
Elena se tocó los ojos.
—No veo bien.
—El médico dijo que probablemente no es consecuencia de la caída. Encontró cicatrices antiguas alrededor de tus ojos.
Aquello provocó algo.
Una habitación blanca.
Una voz diciendo: «La cirugía puede funcionar».
El recuerdo desapareció antes de que pudiera atraparlo.
Elena respiró con rapidez.
—Creo que ya era ciega.
Mateo se sentó frente a ella.
—¿Recuerdas tu nombre?
Negó.
—¿Tu familia?
—No.
—¿Dónde vives?
—No.
La vergüenza apareció en su rostro.
Mateo habló con calma.
—No tienes que recordar hoy.
—¿Y si nunca recuerdo?
—Entonces empezaremos por mañana.
Aquella frase se quedó con ella.
Mateo vivía solo en una antigua casa de piedra que había pertenecido a sus padres. Trabajaba reparando maquinaria agrícola y colaboraba como voluntario con protección civil.
Había sido paramédico durante años, hasta que una tragedia cambió su vida.
Elena no lo sabía todavía.
Durante los siguientes días, él se ocupó de ella sin hacer preguntas innecesarias.
Le describía la habitación.
Le indicaba dónde estaba cada objeto.
Nunca la tocaba sin avisar.
—Tu vaso está a veinte centímetros de tu mano izquierda.
—Gracias.
—La sopa está caliente.
—Eso ya lo he descubierto.
Mateo rio.
Elena sonrió por primera vez.
El médico local consiguió contactar con un hospital de Burgos.
La doctora Lucía Ferrer, especialista en neurología, examinó a Elena.
—Tienes una conmoción importante —explicó—. La pérdida de memoria parece retrógrada y probablemente temporal.
—¿Probablemente?
—No puedo prometerte nada.
Lucía examinó sus ojos.
Su expresión cambió.
—¿Qué ocurre?
—Tu problema visual es antiguo.
—Eso ya lo sabemos.
—Pero quizá sea reversible.
Elena dejó de respirar.
—¿Reversible?
—Parece que te sometiste a una cirugía ocular anteriormente. Hay implantes y cicatrices recientes. Necesitamos tus historiales médicos para saber exactamente qué ocurrió.
—No sé quién soy.
Lucía la observó.
—Entonces tendremos que descubrirlo.
La policía tomó fotografías y huellas.
No encontraron coincidencias inmediatas.
Elena no llevaba documentación.
Ni teléfono.
Ni joyas.
Solo quedaba una marca pálida alrededor de su dedo anular.
Mateo la vio.
No dijo nada.
Aquella noche Elena tuvo su primera pesadilla.
Estaba sobre madera que se movía.
Escuchaba agua.
Alguien le decía:
«Confía en mí».
Después caía.
Despertó gritando.
Mateo llegó corriendo.
—¿Qué has visto?
Elena lloraba.
—Nada.
—¿Entonces qué has recordado?
Ella giró hacia su voz.
—Una persona.
—¿Quién?
—No lo sé.
May you like
Hizo una pausa.
—Pero creo que alguien estaba conmigo cuando caí.