Chapter 5 - La habitación de cristal

Sophie Reeves tenía diecisiete años. Daniel había recibido mensajes suyos durante meses sin saber que eran enviados por Victor.
—¿Cuánto tiempo la tiene? —preguntó.
Richard guardó el arma.
—Seis meses.
Daniel lo golpeó.
—Me dejaste planear una boda mientras mi hermana estaba encerrada.
—Victor vigilaba cada movimiento.
—Siempre tienes una razón para la cobardía.
June examinó la transmisión. La luz, el sonido de ventilación y una etiqueta reflejada indicaban que Sophie estaba en el antiguo laboratorio Crosswell, cerrado tras un derrame químico.
Noah organizó una entrada, pero Richard insistió en acompañarlos.
—Conozco los códigos.
—También conocías los códigos de la clínica donde torturaron a Eleanor —dijo Amelia.
—Puedes odiarme después. Primero saquemos a la niña.
El laboratorio estaba conectado al servidor central. Victor planeaba obligar a Amelia a firmar digitalmente mientras mantenía rehenes.
Entraron por un túnel de mantenimiento. Jonathan permaneció con Eleanor en un vehículo seguro, pero ella se negó a quedarse lejos.
—Perdí a mis hijas una vez. No volveré a esperar en una habitación mientras otros deciden.
Dentro encontraron filas de cuartos de cristal. No solo estaba Sophie. Había seis jóvenes con pulseras médicas.
June apretó los dientes.
—Son identidades del Libro Gris.
Victor apareció en una pantalla.
—Bienvenidos a la verdadera Fundación Cross.
Amelia miró a Richard.
—¿Cuánto sabías?
—No esto.
—Siempre dices lo mismo.
Victor explicó que durante décadas había creado identidades perfectas para herederos, testigos y niños que podían ser vendidos a familias ricas. Crosswell proporcionaba tecnología; Richard, protección financiera.
—Jonathan Mercer intentó destruirme —dijo Victor—. Ahora su hija me dará el sistema que necesito.
Una mesa se iluminó. Amelia debía firmar la adquisición y transferir el control del servidor.
—Libera a los niños.
—Después.
—No.
Victor redujo el oxígeno en la habitación de Sophie. Daniel golpeó el cristal.
—¡Hazlo!
Amelia se acercó al lector.
June susurró:
—Firma con la clave falsa.
Jonathan había preparado una ruta que enviaría todos los archivos al FBI en el instante de la firma. Amelia apoyó la mano.
La pantalla mostró “Transferencia completa”.
Las puertas de cristal se abrieron.
Daniel abrazó a Sophie.
Victor apareció físicamente detrás de ellos con un arma.
—Creí que eras más inteligente.
—Lo soy —respondió Amelia.
Sirenas sonaron en el exterior. Todos los archivos se habían publicado.
Victor disparó hacia June. Richard se interpuso y recibió la bala en el abdomen.
Noah redujo a Victor, pero el médico activó una alarma.
—El edificio se cerrará y liberará gas —dijo Richard desde el suelo—. El código está en mi reloj.
Amelia tomó el reloj y abrió las salidas. Eleanor y Jonathan ayudaron a los jóvenes.
Richard respiraba con dificultad.
—Déjame.
—No voy a convertirme en ti.
Amelia y June lo levantaron entre ambas.
Salieron segundos antes de que el sistema sellara el laboratorio.
Victor fue arrestado. Los jóvenes fueron trasladados a hospitales. Sophie sobrevivió sin daño permanente.
Richard entró en cirugía.
Amelia permaneció junto a Eleanor.
—No sé qué sentir.
—No tienes que elegir entre odiarlo y agradecer que te salvara.
—Me crio.
—Y te utilizó.
—Recibió una bala por June.
—Una buena acción no borra una vida de decisiones. Pero demuestra que todavía podía elegir algo diferente.
El FBI confirmó la autenticidad de los archivos. Había pruebas contra jueces, médicos y empresarios.
Daniel se acercó a Amelia.
—Sophie pregunta por ti.
—¿Está bien?
—Sí.
—Entonces ve con ella.
—Amelia, sobre nosotros…
—No hoy.
Él asintió.
June estaba sentada junto a la ventana. Eleanor se acercó, pero mantuvo distancia.
—Puedo irme si necesitas espacio.
June miró sus manos.
—Cuando era niña imaginaba que mi madre me encontraría y todo dejaría de doler.
—Lo siento.
—Ahora sé que no funciona así.
—No.
June levantó los ojos.
—Pero puedes sentarte.
Eleanor ocupó la silla a su lado.
Minutos después, Richard despertó. Pidió ver a Amelia.
—Victor no es el último —susurró.
—Ya escuché esa frase demasiadas veces.
—Hay una persona por encima de él. Alguien que diseñó la red y te ha estado ayudando desde el principio.
—¿Quién?
Richard miró hacia la puerta.
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Noah estaba allí.
—Tu jefe de seguridad —dijo.