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LA CASA DEL PLATO VACÍO / Chapter 4 / 10

Chapter 4 - El paciente número cuarenta y siete

Mateo obtuvo una orden limitada para revisar los registros de Lake Haven. Elena y Sofia esperaron en el automóvil mientras los agentes entraban.

Dos horas después, el detective salió con expresión sombría.

—No hay ningún Daniel Reed registrado.

—Entonces mintieron —dijo Elena.

—No exactamente. Hay un paciente ingresado esa noche bajo el nombre David Ross. Sin documentos, sin fotografía y con pagos realizados por una empresa vinculada a Marcus.

El director del centro afirmó que David Ross había sido trasladado esa misma mañana a otro lugar por orden médica.

—¿A dónde?

—La orden fue destruida por un error administrativo.

Elena quiso entrar, pero Mateo la detuvo.

—Si ellos esperan que actúes impulsivamente, no les des la escena que necesitan.

Una enfermera joven salió por la puerta de empleados y dejó caer deliberadamente un sobre cerca del automóvil de Elena.

Dentro había una fotografía de Daniel acostado en una cama, inconsciente, con una pulsera que decía “Paciente 47”. En el reverso aparecía una dirección y una frase:

“No confíen en el doctor Bell.”

La dirección correspondía a una antigua clínica de rehabilitación junto al lago Michigan.

Mateo organizó una operación, pero cuando llegaron, el edificio estaba vacío. En una habitación encontraron correas, ampollas de sedantes y una cámara de video.

La memoria de la cámara contenía grabaciones de Daniel.

En la primera, estaba desorientado mientras un médico le hacía preguntas.

—¿Su esposa es violenta?

—No.

—¿Amenazó con quitarle a su hijo?

—No.

—¿Ha pensado en abandonar voluntariamente a su familia?

—No.

En grabaciones posteriores, Daniel apenas podía hablar. El médico repetía las preguntas hasta que él asentía por agotamiento.

Estaban fabricando una confesión.

En el último video, Daniel miró directamente a la cámara.

—Elena, si ves esto, North Star no es un proyecto médico. Es una lista de niños.

La grabación se cortó.

Sofia investigó el nombre del doctor Bell. Era el psiquiatra que había tratado a Elena después del aborto.

—Él escribió que yo presentaba pensamientos obsesivos y dificultad para diferenciar miedo de realidad —dijo ella.

—También firmó evaluaciones de seis menores cuyas familias tenían acciones en empresas vinculadas a los Reed —respondió Sofia.

Todos los niños habían sido declarados emocionalmente incapaces de participar en decisiones patrimoniales. Sus tutores vendieron las acciones a compañías controladas por Victoria.

North Star era un sistema para robar herencias utilizando diagnósticos falsos.

Noah era el siguiente.

La enfermera que entregó el sobre se llamaba Camila Torres. Aceptó reunirse con ellos bajo protección.

—Daniel descubrió los expedientes hace un mes —explicó—. Quería denunciarlos, pero Marcus lo convenció de recopilar más pruebas. En realidad, estaba ganando tiempo para Victoria.

—¿Dónde está Daniel ahora?

Camila negó con la cabeza.

—El doctor Bell dijo que lo llevarían al lugar donde empezó North Star.

—¿Qué lugar?

—Una residencia infantil cerrada hace quince años. La Casa Graymoor.

Elena conocía ese nombre.

Daniel y Marcus habían pasado parte de su infancia allí después de que Victoria afirmara estar demasiado enferma para cuidarlos.

Al preguntarle por aquella época, Daniel siempre respondía que apenas recordaba nada.

Mateo descubrió que Graymoor aún pertenecía a una sociedad anónima financiada por la Fundación Reed.

Antes de organizar la búsqueda, Sofia recibió una llamada del tribunal.

Victoria había presentado una nueva prueba: un video donde Daniel afirmaba que Elena era peligrosa y pedía que su madre protegiera a Noah.

Era una de las grabaciones obtenidas bajo sedación, editada para eliminar las preguntas del médico.

El juez ordenó que Noah permaneciera temporalmente con un cuidador neutral mientras evaluaban a Elena.

—No pueden llevárselo —dijo ella.

Sofia sostuvo sus hombros.

—Si te resistes, ganará Victoria.

Noah abrazó a su madre antes de subir al automóvil del trabajador social.

—No tengas miedo —susurró—. Papá dijo que tú siempre encuentras las puertas escondidas.

Elena vio alejarse el vehículo.

Aquella noche tomó una decisión.

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No esperaría otra orden.

Iba a entrar en Graymoor.

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