peak

Chapter 6 - La hermana que eligió el lado equivocado

Ximena volvió a casa esa noche creyendo que nadie sabía del mensaje.

Yo decidí no confrontarla de inmediato.

La policía necesitaba saber hasta dónde llegaba su relación con Ricardo.

Durante dos días fingimos normalidad.

Carmen, por primera vez, colaboró.

Dijo a Ximena que yo había encontrado “papeles viejos sin importancia” y que probablemente los llevaría al notario el viernes.

Ximena mordió el anzuelo.

La escuchamos llamar desde su habitación.

—Sí, ella tiene la bolsa… no, no sabe lo que vale… puedo conseguirla.

La policía grabó todo con autorización.

Pero algo salió mal.

Ximena encontró uno de los micrófonos.

A las tres de la mañana escapó por la puerta trasera.

Cuando despertamos, faltaba una copia de la llave del escondite bajo la escalera.

La bolsa original estaba en poder de la fiscalía, pero Ximena no lo sabía.

En su lugar habíamos dejado documentos falsos.

Mateo quería seguirla.

La policía ordenó que no.

Horas después Ximena llamó llorando.

—Valeria, ayúdame.

Su voz era distinta.

No arrogante.

Aterrada.

—¿Dónde estás?

—No puedo decirte.

—¿Estás con Ricardo?

Silencio.

—Me dijo que iba a arreglar todo. Que si le llevaba la bolsa borraría la deuda.

—¿Y?

—Se dio cuenta de que los papeles eran falsos.

Escuché una puerta cerrarse al otro lado.

—Ximena, llama a la policía.

—Dice que si hablo, va a mostrar pruebas de que yo falsifiqué tu firma.

—¿La falsificaste tú?

Lloró.

—Sí.

Aquella confesión dolió menos de lo que esperaba.

Tal vez porque ya no quedaba mucho que romper.

—Entonces tendrás que responder por eso.

—¡Soy tu hermana!

—Y yo era tu hermana cuando me empujaste al lodo.

Silencio.

—Valeria… él sabe cosas sobre papá.

—¿Qué cosas?

—Dice que no fue un infarto.

Mi sangre se heló.

—¿Qué te dijo exactamente?

—Que Ernesto debió aprender a no tocar negocios de hombres más grandes.

La llamada se cortó.

La policía trianguló la señal.

Un hotel industrial al norte de la ciudad.

Cuando llegaron, Ximena ya no estaba.

Pero encontraron su bolso y una cámara del estacionamiento mostrando a Ricardo subiéndola a un vehículo.

Aquello convirtió el caso en algo mucho más urgente.

Carmen se derrumbó.

—Es mi culpa.

—No tenemos tiempo para eso —dije—. Ahora ayúdanos.

Mi madre recordó una casa de campo a la que Ricardo llevaba socios años atrás.

La policía localizó la propiedad.

Ximena fue encontrada allí, encerrada en una habitación.

No estaba gravemente herida, pero tenía una realidad nueva en los ojos.

El hombre al que había creído aliado estaba dispuesto a sacrificarla.

Ricardo escapó minutos antes de la llegada de la policía.

Ximena aceptó colaborar.

Confesó que había falsificado mi firma siguiendo instrucciones de un gestor enviado por Ricardo.

También admitió el plan de la boda.

—Quería que Mateo pareciera infiel —dijo durante la declaración—. Si Valeria dudaba de él, volvería con nosotras. Mamá creía que así podríamos convencerla de vender su parte de la casa.

—¿Y el empujón? —preguntó la fiscal.

Ximena lloró.

—Eso fue mío.

Me miró.

—Estaba furiosa porque él me rechazó.

No sentí satisfacción.

Solo cansancio.

—¿Por qué siempre necesitabas quitarme lo que yo tenía?

Ximena tardó en responder.

—Porque mamá siempre decía que yo era la fuerte, la bonita, la que iba a llegar lejos. Cuando tú conseguiste carrera, pareja, estabilidad… sentí que si tú eras feliz, significaba que yo había fracasado.

Carmen cerró los ojos.

Aquella frase también era una acusación contra ella.

La preferencia no había salvado a Ximena.

La había deformado.

Pero comprenderlo no significaba absolverla.

Ximena enfrentaría cargos por falsificación, denuncia falsa y participación en el fraude.

A cambio de cooperación, la fiscalía consideraría su colaboración.

Antes de que la trasladaran, me preguntó:

—¿Algún día vas a perdonarme?

La miré.

—No lo sé.

Era la respuesta más honesta.

Perdonar no podía ser otra obligación familiar.

Al día siguiente, Ricardo Salazar fue localizado intentando cruzar hacia Guatemala con documentación falsa.

Lo arrestaron.

En su computadora encontraron archivos que conectaban Horizonte Dorado con decenas de víctimas.

Y entre ellos había una carpeta con el nombre de mi padre.

ERNESTO SALGADO — CIERRE.

Dentro había una nota fechada siete años atrás:

“Vehículo resuelto. Viuda controlada.”

May you like

Mateo me tomó la mano.

La muerte de mi padre acababa de convertirse oficialmente en una investigación criminal.

Related Stories

Other posts